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La provincia de Málaga vuelve a afrontar el verano con un ojo puesto en el cielo y el otro en los embalses para procurar tener ... un otoño sin temor a restricciones. La franja litoral, que es la que bebe de los pantanos y que concentra al 80% de la población y a la práctica totalidad de los turistas, encara la temporada estival con el suministro garantizado, pero a sabiendas de que el panorama puede complicarse si las nubes no cumplen su papel en otoño. No en vano, las reservas están al 56% con 345 hectómetros cúbicos frente a los 425 de hace justo un año, lo que sitúa a la provincia en nivel de prealerta. Para hacerse una idea de lo que supone esa diferencia, cada verano se consumen de los pantanos unos 70 Hm3. En el interior, la peores previsiones apuntan a la zona norte de la provincia. Allí no llega el caudal embalsado y los acuíferos están bajo mínimos como consecuencia del endémico déficit hídrico que arrastran las comarcas de Antequera y Nororma, donde esperan como agua de mayo un trasvase desde el pantano cordobés de Iznájar que sigue atascado en los despachos.
De momento, 2021 no está siendo un mal año en cuanto a precipitaciones en la provincia, pero pese a ello es la que presenta uno de los índices más bajos de todas las cuencas españolas desde septiembre del año pasado. Hasta la fecha, Málaga acumula una media de 415,6 litros por metro cuadrado, lo que se traduce en un déficit de 158,4 l/m2 respecto a los 574 que deberían haberse recogido, según las previsiones que realiza la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en base a los registros históricos. Teniendo en cuenta que los próximos meses no son precisamente los más húmedos, el balance del año hidrológico será negativo.
«El año natural no lo llevamos mal, pero el hidrológico venía muy lastrado desde el otoño pasado, así que confiemos en poder remontar en septiembre», comenta el director del Centro Meteorológico de Málaga, José María Sánchez-Laulhé, quien a la preocupante falta de lluvias añade otras dos cuestiones: la evaporación que provoca el progresivo aumento de las temperaturas, que «es como si lloviera en negativo», y el hecho de que cada vez más población se concentre en las zonas costeras.
Mientras tanto, el agua embalsada sigue menguando y se sitúa en su nivel más bajo desde 2017. En estos momentos, las siete presas de la provincia acumulan 345,7 hectómetros cúbicos, muy lejos de los 425 que sumaban en el arranque de junio de 2020 y más aún de los 460 de promedio de los últimos diez años. Echando la vista atrás, en 2019 eran 435 y en 2018, 419. Con todo, el peor dato en el último lustro es el de 2017, con 310.
Con estas cifras, los pantanos se encuentran al 56% de su capacidad total (616,85 Hm3). Los del sistema del Guadalhorce (Guadalteba, Guadalhorce y Conde de Guadalhorce), que son la principal fuente hídrica de Málaga capital, suman actualmente 213 Hm3. La peor parte se la lleva el de La Viñuela, que precisamente es el más grande y que abastece a la Axarquía. En estos momentos está al 31,7%, con 52,5 Hm3 que le sitúan en el umbral de alerta.
En el otro extremo de la provincia, el de La Concepción, que es el principal suministro de la Costa occidental, está casi lleno (89%, 55,1 Hm3), aunque su escasa capacidad obliga incluso a desaguar en época de lluvias. Un contraste, y un desperdicio, que se repite periódicamente a la espera de la tan anunciada mejora de la interconexión entre ambas cuencas. Tras años de espera, los primeros trabajos para resolver esta carencia los inició la Junta el pasado marzo y consisten en la mejora del 'bypass' de Churriana para posibilitar la transferencia entre La Concepción y La Viñuela.
Esta obra, valorada en 1,4 millones y con un plazo de ejecución de ocho meses, es sólo una pequeña parte de un proyecto más ambicioso de unos 140 millones de euros que fue consensuado por Acosol, Emasa y Axaragua (las empresas públicas de agua de la Costa, Málaga capital y la Axarquía) para construir una gran tubería que aumente la capacidad de las actuales conducciones de abastecimiento.
Hasta que sea una realidad, la única alternativa es el citado 'bypass'. «Esta obra va a mejorar la capacidad hídrica de la capital, pero tiene un sistema de retorno de ida y vuelta que permitirá enviar agua a La Viñuela», afirma el delegado de Agricultura, Fernando Fernández Tapia-Ruano, quien también pone el acento en la conexión de tres pozos del río Chíllar (Nerja) con el embalse de La Viñuela, cuya obra ya fue ejecutada entre 2017 y 2018, pero que todavía está pendiente de la instalación de la línea eléctrica. Este recurso podría aportar al sistema entre 7 y 9 Hm3 anuales. «En el supuesto de que entráramos en situación de emergencia y no estuviera listo el tendido eléctrico se podrían utilizar grupos electrógenos», tranquiliza el dirigente autonómico.
En cuanto al trasvase de Iznájar, recuerda el compromiso de la Junta de poner los 50 millones de euros que costaría la red de tuberías desde el pantano cordobés hasta las comarcas de Antequera y Nororma, aunque queda condicionado a que el Gobierno central autorice esta transferencia de 4,89 Hm3 anuales (al no superar los 5 lo puede aprobar directamente el Consejo de Ministros sin tener que tramitarse por ley) que beneficiaría a una docena de municipios: Alameda, Antequera, Archidona, Cuevas Bajas, Cuevas de San Marcos, Fuente de Piedra, Humilladero, Mollina, Villanueva de Algaidas, Villanueva del Rosario, Villanueva del Trabuco y Villanueva de Tapia. En su conjunto, suman 80.000 habitantes, muchos de los cuales ya se han acostumbrado a salvar el verano con camiones cisterna.
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