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Francisco Oliva Blázquez
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Francisco Oliva Blázquez
Francisco Oliva Blázquez es, desde noviembre de 2020, rector de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. La carrera política de su padre, histórico dirigente ... socialista malagueño fallecido en octubre de 2019, le llevó a Sevilla, donde completó sus estudios universitarios. En la UPO es catedrático de Derecho Civil y es un reconocido experto en Bioética que ha participado en la redacción de diferentes leyes del sector sanitario. Está casado y tiene dos hijas, con las que, siempre que puede, se escapa a su querida Cala del Moral.
-Tras un curso intenso, ¿cómo se plantea estas vacaciones?
-La primera semana de agosto hemos estado en Tarifa con toda la familia, en un sentido amplio de la palabra. Estaré en Málaga, y también haremos una escapada con mi mujer, Arantxa, y mis dos hijas, Lola y Lucía, donde nos iremos concretamente a los Alpes. Alquilaremos un coche y lo que haremos es ir por la zona del sur de Alemania, norte de Austria, Suiza, una escapada de naturaleza y, sobre todo, huyendo de las altísimas temperaturas que hacen en el Sur.
-¿Cómo se reparte Francisco Oliva entre Sevilla y Málaga?
-Vivo en Sevilla, concretamente en un pueblo del Aljarafe sevillano, en Benacazón, y cuando vengo a Málaga voy a casa de mi madre en un sitio maravilloso dentro de La Cala del Moral.
-¿Playa o montaña?
-Si tuviera que ir a mis raíces, desde luego la playa porque he crecido básicamente pasando todos mis veranos en La Cala del Moral y, por lo tanto, soy mucho más aficionado a la playa. Pero también tengo que decir que me encanta la montaña, la naturaleza y, de hecho, vamos a ir este mes a los Alpes.
-¿Cuál es el recuerdo más feliz de su infancia?
-Sin ningún tipo de duda, los veranos que he pasado siempre en La Cala del Moral. Vivíamos con todos mis primos, con mis amigos, todo el día en bañador, en chanclas, en camiseta, disfrutando, jugando, nadando, buceando ... Sin ningún tipo de duda, mis veranos en La Cala del Moral han sido el recuerdo más feliz de toda mi infancia.
-¿Qué significa el mar para Francisco Oliva?
-Significa mucho, porque prácticamente en cuanto nací un 30 de junio me llevaron a La Cala del Moral y eso ha sido mi vida todos los veranos desde junio hasta septiembre. Por lo tanto, el mar para mí siempre ha sido un elemento fundamental de mi vida. Pasaba los días enteros en la playa. Teníamos también una pequeña zódiac con la que nos íbamos a bucear, a recorrer los rincones de El Cantal con todas sus cuevas, a pescar, … y, por lo tanto, los amaneceres en el mar, los atardeceres en el mar, y sobre todo ese mar tan calmo y tan tranquilo de Málaga, para mí siempre lo ha supuesto todo.
-Y en su etapa de juventud y universidad, ¿era de los que cogían la mochila para recorrer mundo?
-Sí. Una de las escapadas más bonitas que tuve fue concretamente a toda la Ruta Maya, que la hicimos realmente de mochileros, es decir, cogimos un avión muy, muy barato, y a partir de ahí no teníamos ni hoteles ni desplazamiento interno y, simplemente fuimos en autobús de línea hasta Honduras ida y vuelta. Y recorrimos los grandes sitios de la Ruta Maya con mi mujer, con unos primos y con un gran amigo. Y en aquella época evidentemente nos pasó de todo, pero lo que destacaría es que tuvimos una escapada a una zona totalmente recóndita de la selva, con los indios lacandones, que fue algo absolutamente fuera de cualquier ruta turística. Lo hicimos con un indio lacandón que nos invitó a visitar una pirámide maya oculta completamente en mitad de la selva. Fue una experiencia absolutamente única.
-¿Es de los que les gusta planificar los viajes, o prefiere alguna dosis de improvisación?
-Antes me gustaba sobre todo improvisar en los viajes. Simplemente cogía el vuelo y a partir de ahí era el día a día, y lo que fuera saliendo. Ahora tengo que reconocer que, cuando voy con mis hijas y mi mujer, lo planifico. No es lo mismo ir solo que ir con tus hijas, que finalmente implica una responsabilidad.
-¿Qué cree que aporta viajar?
-Me encanta viajar porque creo que es un complemento fundamental para la formación de cualquier persona. Te abre la mentalidad, te abre a conocer nuevas culturas, una forma nueva de ver la vida y, por lo tanto, no es que me guste, es que considero que es imprescindible y así se lo trasmito también a mis hijas.
-¿Cuál es el destino más lejano o exótico que ha visitado?
-El destino más exótico que he visitado fue Burkina Faso, donde también fui de mochilero de joven. Desgraciadamente es uno de los países más pobres del mundo, que tiene una gente fantástica, con muchas ganas de vivir. Aunque fue una experiencia parcialmente dura por ver mucha pobreza, es también un país con muchas bellezas tremendamente desconocidas. Desgraciadamente, ese es otro mundo que ni siquiera Occidente conoce.
-Tres lugares imprescindibles de Andalucía ...
-Mi querida Cala del Moral, y, sobre todo, lo que siempre destaco, la zona de El Cantal, que es de una enorme belleza geológica y de la naturaleza en el mar. Sanlúcar de Barrameda es también un sitio imprescindible en cuanto que ves allí el río Guadalquivir, el océano y a su vez Doñana, que lo hacen un lugar único. Y en Sevilla hay que visitar los Reales Alcázares, una de esas joyas que realmente disfrutamos en Sevilla.
-La feria, ¿en abril o en agosto?
-Yo diría que las dos. En abril la feria de Sevilla, que tengo que decir que es una feria extraordinaria, y en agosto la feria de Málaga, donde también he disfrutado, especialmente en mi juventud, de una enorme diversión con los amigos. Son dos ferias completamente distintas pero dos ferias que evidentemente me gustan ambas.
-¿Es de ir de chiringuitos?
-Chiringuitos y espetos sin ningún tipo de duda. Creo que es lo mejor del verano malagueño, es la gran envidia. Tengo que decir que en Sevilla y en cualquier sitio donde voy me preguntan siempre por nuestros chiringuitos, por nuestros espetos. Por lo tanto, apuesto clarísimamente por ello.
¿Qué lecturas tiene preparada para las vacaciones?
En primer lugar, voy a terminar de leer una gran novela que estoy terminando que se llama 'El hombre que amaba a los perros', de Leonardo Padura, y quiero abordar la lectura de 'La desbandá' de Luis Melero, una obra basada en esa tragedia del bombardeo que ocurrió en Málaga y que hace tiempo que tengo pendiente. Y finalmente también me gustaría hacer otro tipo de lectura, que es concretamente la de 'Momentos estelares de la humanidad' de Stefan Zweig, una obra de un grandísimo literato, que en este caso aborda una serie de episodios fundamentales de la historia de la humanidad bajo su punto de vista.
¿Alguna serie que le gustaría poder ver en este tiempo de descanso?
Me gusta muchísimo la ciencia ficción y me gustaría ver dos series que son 'Fundación' y 'Silo', ambas de Apple, y también un documental que he visto que acaban de poner en Netflix, 'La inspiración más profunda', basada concretamente en el deporte de la apnea que desde niño me gusta tanto.
Su padre fue uno de los grandes impulsores de La Cónsula, escuela de referencia en la gastronomía de Málaga y la Costa del Sol. ¿Cómo ve ahora el nivel de Málaga?
Efectivamente, el proyecto de la escuela de La Cónsula fue tremendamente audaz en aquel momento. Recuerdo que mi padre me comentaba que era completamente incomprensible que Málaga y la Costa del Sol tuvieran una enorme oferta de turismo y restauración y que, sin embargo, no hubiera la formación más elevada posible para nuestros trabajadores de la hostelería. Fue una enorme innovación que se hizo en aquel momento. Soy consciente de que La Cónsula ha tenido sus altibajos, pero estoy completamente convencido de que permanecerá en el tiempo como una de esas apuestas audaces para generar un sistema de formación adecuado para un sector y un nicho de trabajo imprescindible para la ciudad de Málaga y para la Costa del Sol.
Precisamente la actividad política de su padre cambió su destino….
Efectivamente, yo estaba a punto de entrar en la Universidad de Málaga, hasta tal punto que tenía hecha la preinscripción en Derecho y recuerdo como segunda en Económicas. Sin embargo, ese mismo verano el presidente Manuel Chaves ofreció a mi padre la posibilidad de ser consejero. Mi padre nos dijo que él solo aceptaría el cargo si nosotros nos íbamos con él, y como lo queríamos y lo admirábamos tanto, no nos lo pensamos. Y a mí me cambió la vida. Me cambió la vida porque estudié en una gran facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, posteriormente continué mi carrera en la Universidad de Sevilla y he acabado en esta gran universidad que es la Universidad Pablo de Olavide, donde encima me cabe el inmenso honor de ser su rector. Por lo tanto, me ha cambiado radicalmente la vida y tengo que decir que estoy tremendamente satisfecho de ese giro que dio mi vida cuando tenía tan solo 18 años. Ha sido desde luego una enorme fortuna.
Como comenta, es rector de la UPO. ¿Le molesta que se hable de la Pablo de Olavide como segunda universidad de Sevilla?
Efectivamente, soy el rector de la Universidad Pablo de Olavide. Yo siempre digo que en Sevilla hay tres universidades públicas, la Universidad de Sevilla, la Universidad Pablo de Olavide y la Universidad Internacional de Andalucía. Y no hay ningún orden entre universidades públicas, todas somos universidades que estamos aquí para prestar el servicio público de la educación superior de la mejor manera posible. Y en ese sentido tengo que decir que nuestros lazos y nuestra hermandad es absoluta. Y, desde luego, para mí es un privilegio y es un honor, no lo puedo definir de otra manera, ser rector de la universidad más joven de Andalucía, de una universidad puntera en investigación, que desarrolla una investigación de excelencia, que tiene una docencia de una enorme calidad y que es conocida no solamente en Andalucía, sino a nivel nacional como una de esas universidades especiales, y una universidad que tiene un especial reconocimiento por su docencia, por su investigación, y también por su compromiso social, del que tan orgulloso nos sentimos.
Usted es catedrático de Derecho Civil y experto en Bioética. Cuando leemos noticias como esta reciente sobre la generación de embriones humanos sin óvulo ni espermatozoides. ¿Cuál es su reacción?
En primer lugar, la reacción de cualquier lector que es la de asombro y admiración ante los avances científicos tan importantes. Y a partir de ahí, sobre todo, cuando estamos especialmente hablando de las ciencias de la vida y su posible aplicación en forma de tecnología o desarrollo industrial, pues como es lógico, prudencia, nunca miedo. Simplemente prudencia que se tiene que articular a través del pensamiento y la reflexión ética en torno a todos los avances en el ámbito BIO.
¿No pueden resultar inquietantes algunas de estas investigaciones?
Yo no me siento inquieto por los avances científicos ni muchísimo menos. Creo que la ciencia es el motor del desarrollo de cualquier sociedad. Es más, cada vez que una sociedad invierte más en ciencia, mejor le va siempre a esa sociedad, porque añade realmente o establece un valor añadido a todo lo que es su propia producción económica, científica, etc. Por lo tanto, soy una persona que entiende que la situación de la ciencia en nuestro país tiene que ir siempre mejorando y siendo cada vez más apoyada financieramente. Y, desde luego, en este sentido, tengo que decir que no me inquietan los cambios en sí mismos, no me inquietan los avances científicos, lo que me inquietaría sería que como sociedad no estuviéramos vigilantes y pendientes de los avances para, en ese sentido, aplicar los principios de la ética moderna y conseguir que haya siempre un conocimiento armonizado entre ciencia y persona. Dicho de otra manera, que el elemento del humanismo, el elemento de la consideración de que la persona es siempre el centro de todo, esté detrás de cualquier avance científico. Haciendo que camine a la vez la ciencia con la ética y con los principios del humanismo, no habrá ningún problema, todo lo contrario, avanzaremos como sociedad en el ámbito científico y tecnológico, que es, insisto una vez más, una enorme necesidad de nuestra sociedad.
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