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Antonia Gutiérrez
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Antonia Gutiérrez
Cuenta que fue en segundo de carrera cuando sintió el chispazo de la neurociencia. «Me enamoré de las neuronas la primera vez que me asomé ... al microscopio y las vi». Aquella visión fue la puerta de entrada a una prolífica carrera investigadora en torno al envejecimiento del cerebro. La catedrática de Biología Celular en la Universidad de Málaga (UMA), Antonia Gutiérrez, dirige NeuroAD, un macrogrupo puntero de 17 investigadores de CIBERNED e Ibima; y será uno de los nombres propios del Congreso Internacional de Enfermedades Neurodegenerativas que la Fundación CIEN-Fundación Reina Sofía y CIBERNED celebrarán en Málaga en septiembre: la cumbre científica española sobre alzhéimer.
–Lo de que me reciba en su despacho en pleno agosto para esta entrevista me hace pensar que un científico de su nivel no tiene muchas vacaciones.
–Debería tener. Al menos me cojo un par de semanas, que aprovecho para escribir artículos, preparar conferencias, etc. Es un tiempo en el que los laboratorios los tenemos sólo en tareas de mantenimiento (congeladores, animales, etc), así que nos llevamos el portátil para otras cosas.
–No me estará diciendo que se pone a escribir conferencias en la tumbona...
–En la tumbona no, pero yo me he ido a Mallorca con mi familia y cuando se acostaban yo me ponía con el ordenador. Por un lado desconectas, pero por otro aprovechas que no tienes la carga de la docencia ni de la dirección del departamento de la facultad para hacer todas esas cosas a las que no llegas: artículos científicos, tesis, charlas...
–Eso sí que es vocación.
–Yo más bien lo llamo pasión.
–¿Y de dónde nace esa entrega?
–Pues mire, yo me encuentro con la neurociencia en la carrera de Ciencias Biológicas aquí en Málaga. Me enamoré de las neuronas la primera vez que me asomé al microscopio y las vi. Posteriormente, en mi estancia post-doctoral en Estados Unidos empecé a estudiar el envejecimiento cerebral no patológico.
–El que sufrimos todos.
–Eso es. Yo tenía muy claro que quería saber qué ocurre en el cerebro cuando las personas envejecemos.
–¿Y en qué momento se despierta su interés por el alzhéimer?
–Fue a raíz de mi colaboración con el profesor Javier Vitorica, con el que ya había trabajado en Estados Unidos. Allí descubrimos que un tipo de neuronas muy vinculadas a los procesos de memoria y aprendizaje eran muy vulnerables al envejecimiento. Y fue cuando dijimos '¡Guau!', esto hay que mirarlo en una situación patológica.
–¿Sigue trabajando con este investigador?
–Sí, es una alianza muy productiva, porque él tiene una formación bioquímica y molecular y yo una formación celular y conjuntamente sumamos una perspectiva multidisciplinar. De hecho, a principios de la década del 2000 la farmacéutica Sanofi Aventis contactó con nosotros para llevar nuestra investigación a un proyecto en el que estaban trabajando con ratones con alzhéimer. Nuestro trabajo sirvió como biomarcador para que esta compañía hiciese los 'screening' en su investigación. Fue muy importante para nosotros.
–Imagino. ¿Es posible explicar de forma sencilla el alzhéimer?
–Es una enfermedad muy compleja porque intervienen muchos mecanismos. De forma general, digamos que es una patología neurodegenerativa, la más prevalente en las personas mayores de 65 años, que cursa con deterioro cognitivo progresivo y que finalmente lleva a la persona a un estado de demencia en el que pierde sus recuerdos y son incapaces de formar nuevas memorias. Y al perder los recuerdos y la memoria pierdes la propia identidad de la persona. Porque nosotros somos lo que aprendemos y recordamos. Eso les lleva además a un estado de discapacidad y de dependencia absoluta. De hecho, es la causa de dependencia mayor entre las personas mayores de 65 años.
–¿Y qué ocurre en nuestro cerebro cuando irrumpe?
–Pues que comienzan a acumularse proteínas tóxicas que el cerebro es incapaz de eliminar. Y de alguna manera, y todavía no sabemos muy bien cómo, el alzhéimer provoca la pérdida de neuronas y de las conexiones entre las mismas (sinapsis).
–¿El alzhéimer se hereda?
–Hay un subtipo que sí, pero representa sólo un 1% de los casos. En la mayoría no es heredable, aunque sí hay un 'background', una base genética que predispone si se dan otros factores modificables.
–¿Se puede prevenir entonces?
–A ver, la edad y el fondo genético no los podemos cambiar. Pero digamos que sí podemos ponérselo difícil.
–¿Cómo?
– Pues con una buena alimentación, nuestra dieta mediterránea; con actividad física y con actividad mental.
–¿El cerebro se entrena?
–Sí, pero no viendo la tele o leyendo una revista. Cuando se aprenden cosas nuevas, por ejemplo un idioma, se forman nuevos contactos entre las neuronas. Nuestro cerebro es plástico. Eso significa que tenemos capacidad para formar nuevas conexiones.
–¿Y lo de mover el cuerpo?
–Es importantísimo, porque la actividad física es muy neuroprotectora. Cuando hacemos deporte liberamos factores que protegen nuestro cerebro. Y la vida social es clave, de hecho debemos evitar el aislamiento social de nuestros mayores.
–Imagino que el estrés será tóxico y dormir bien ayudará.
–¡Claro! Al dormir se consolida nuestra memoria y se limpia nuestro cerebro. Y el estrés es muy perjudicial.
–Pues esos patrones y el modelo de vida actual no encajan.
–Para nada, vivimos en una sociedad propicia para el alzhéimer, por eso hay cada vez casos en población más joven.
–Y usted ¿cumple esos patrones 'cerebrosaludables'?
–(Risas). Menos lo de que debería, pero lo intento.
–Venga, algún secretillo tendrá para desconectar.
–Mirar el mar. No la playa, que a estas alturas de agosto aún no la he pisado. Pero contemplar el mar me da mucha paz.
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