Dionisio Mendiola, en el momento de la llegada al primer puerto español de su travesía, en Santander. sur

De Oslo a Málaga en un velero: dos meses y medio para recorrer 3.700 kilómetros

Dionisio Mendiola, regatista e ingeniero naval malagueño de 28 años, llegará esta noche al puerto del Candado a bordo del 'Silver Fox'

Ignacio Lillo

Málaga

Lunes, 14 de noviembre 2022, 00:47

Si los navegantes vikingos llegaron desde Escandinavia al Mediterráneo en el siglo IX, él no iba a ser menos. Dionisio Mendiola, regatista e ingeniero naval ... malagueño de 28 años, llegará hoy al puerto del Candado, en la capital, después de una singladura en el mar de unas 2.000 millas náuticas (en torno a 3.700 kilómetros) y dos meses y medio navegando, con una parada obligada para reparar su velero, que resultó gravemente dañado en un accidente.

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«A finales de 2019 me fui a Oslo para dedicarme al mundo de la náutica, allí monté una empresa de mantenimiento e instalación de equipos en los barcos», comienza su relato. «Oslo es un lugar donde si eres un profesional no te falta trabajo, pero después de tres años he decidido volver a casa, porque Noruega es un lugar donde no me veía viviendo muchos años». Mendiola ya echaba de menos su tierra: «Cuanto más viajo, más me doy cuenta de que Málaga es uno de los mejores lugares para vivir».

Lo de coger un avión y mandar su barco en un camión por carretera no entraba en sus planes. «Decidí que iba a volver a casa en mi velero, el 'Silver Fox'», un barco de 36 pies (unos 11 metros de eslora). Así fue como el 3 de septiembre inició la travesía, con una tripulación compuesta por entre tres y seis amigos que iban cambiando en cada etapa, de países como Noruega, Alemania y Francia.

El accidente

«Todo iba bien, íbamos a buen ritmo y disfrutando del viaje, aunque tuvimos noches duras de viento y olas en Dinamarca y en el Canal de la Mancha», prosigue.

El viaje se truncó la noche del sábado, 18 de septiembre. Cuando el barco iba saliendo de un puerto en Bretaña se les enganchó un cabo de pescadores en la hélice. «Nos quedamos sin propulsión cerca de la costa, pusimos velas pero el poco viento y la corriente nos acercaron a las rocas. Era marea máxima y mientras bajábamos las velas, el viento nos metía en las rocas. Entonces, bajó la marea y nos quedamos encajonados».

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Con cada ola el barco se rompía contra las rocas. «Salí a inflar mis dos zodiacs y conseguí acostar el barco sobre ellas. Salté con cabos a buscar rocas de agarre y até el barco con varios cabos para proteger el barco de las rocas». La tripulación no sufrió daños, pero se rompió el timón y se abrieron varias vías de agua en el casco.

«Aparecieron los equipos de rescate de la Sociedad Nacional Francesa de Salvamento Marítimo y dijeron que lo mejor era esperar a que bajase la marea y sellar la vía de agua. Atendieron a la tripulación y yo me quedé allí intentando salvar el barco». Mendiola desmontó el motor y estuvo varias horas sellando las vías de agua por fuera y por dentro del barco con maderas, fibra y resina.

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Por la noche volvieron los rescatadores; la marea subió un poco menos y tras varios intentos el barco salió de las rocas y les trasladaron a puerto. «Fue una gran actuación de la estación de Ploumanac'h de Salvamento Marítimo, que además de rescatarnos, me ayudó mucho en lo que necesitaba durante mi estancia en Francia».

Su padre, con el que comparte nombre, viajó hasta Francia a los pocos días para ayudarle; y su tío Ángel Medina, también navegante, le puso en contacto con varios amigos franceses del gremio que asistieron al náufrago durante su estancia. «Mucha gente me ayudó, recibí una ola humana de solidaridad que no me esperaba y que nunca olvidaré».

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Última etapa

El viaje no acabó allí. «Yo quería repararlo y terminar mi viaje a casa, así que estuve día y noche trabajando. Con la ayuda de mi padre reparamos el motor, todo el sistema eléctrico, el timón y los golpes». Tras varias semanas, el 'Silver Flox' estaba de nuevo en el agua y listo para continuar.

«Nos ha pasado de todo», recuerda. «Hemos tenido días muy buenos y otros de tormenta y olas. El peor tiempo lo tuvimos en Francia, donde estuvimos atrapados en la Isla de Yeu». Además, el choque contra una ola hizo que se despegara parte del mamparo principal y perdieron el gobierno de la embarcación. «Tuvimos que parar en La Rochelle y estar toda la noche trabajando».

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«Han sido muchas reparaciones, entradas en puerto complicadas, paso por puentes ajustados y canales con mucha corriente». Ya en Portugal, cerca de Nazaré estuvieron otros cuatro días amarrados en el puerto sin poder salir, que estaba cerrado por el oleaje. Y todo ello, además, con el riesgo de los numerosos ataques que se están produciendo de orcas a veleros como el suyo en la costa gallega y portuguesa.

Cuando atendió a SUR, el sábado, 12 de noviembre, el joven aventurero malagueño Dionisio Mendiola se encontraba navegando su última etapa en solitario, «con muchas ganas de llegar a casa». Hoy lunes, previsiblemente por la noche, su familia y sus amigos le darán un cálido recibimiento en el puerto del Candado. Como un Ulises moderno que regresa a su Ítaca malagueña.

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