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Una sanitaria sujeta un dispositivo para que un paciente realice una videollamada. SUR
«Queremos saber a quiénes estamos cuidando, que no sean sólo cuerpos»

«Queremos saber a quiénes estamos cuidando, que no sean sólo cuerpos»

Una iniciativa permite a los pacientes más graves, aislados en la UCI, conectar con sus familias mediante videollamadas que realizan los propios sanitarios: «No podemos permitir que el virus deshumanice la medicina»

Lunes, 27 de abril 2020, 01:05

No hay lugar más desapacible en un hospital que la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Los pacientes se agarran a la vida entre cables y tubos, aparatos de última generación y la luz de sus monitores. El martilleo de los sonidos y la frialdad de los colores terminan de convertirlo en el último destino deseado. Nadie quisiera estar allí, y sin embargo no hay un sitio más seguro en el mundo en caso de que algo falle, aunque la muerte enseñe a menudo sus dientes. Las visitas diarias de los familiares humanizaban estas unidades, donde ahora su acceso está restringido. Sólo entran los pacientes más graves y los profesionales, protegidos con equipos que les cubren desde la cabeza hasta los pies. Cuando un enfermo despierta, lo más parecido que encuentra a otra persona son trabajadores vestidos como astronautas.

Con sus pacientes aislados del resto del mundo, médicos, enfermeros y auxiliares comenzaron a pensar qué podían hacer para acortar la enorme distancia que abre el coronavirus. Pidieron teléfonos y líneas a sus supervisores y gerentes, convencidos de que parte del tratamiento debía consistir en restablecer el cordón umbilical de los enfermos con sus familiares y amigos. Administraciones como el Ayuntamiento de Málaga y empresas como Vodafone, Orange, Vozplus y El Corte Inglés aportaron terminales y conexiones. El personal sanitario, desde celadores hasta cirujanos, asumió las nuevas labores de telefonía como parte de sus exhaustas jornadas de trabajo. Y ahora se producen decenas de videollamadas diarias en las UCI de los hospitales malagueños, un pulso ganado a la soledad del Covid.

Las conexiones también resultan un acicate para los trabajadores, especialmente cuando los pacientes están en coma. Por lo general, conocen las historias de los enfermos a los que tratan por sus familiares; ellos les cuentan quiénes son, a qué se dedican, por qué llegaron hasta allí. El virus ha hecho volar por los aires esa rutina, hasta convertirlos en cuerpos dormidos sobre los que los sanitarios apenas saben nada salvo los datos que aparecen en los historiales. Y les ponen vías, les hacen curas, trabajan por salvarlos, pero no conocen nada de sus vidas. A María José, enfermera del Clínico, aquella lejanía emocional la hundía: «Queríamos saber a quiénes estábamos cuidando a diario, que no fuesen cuerpos sin historias. Ahora, con las videollamadas, los familiares se quedan más tranquilos porque los ven, aunque estén en coma; simplemente ver dónde están, dejar de imaginarlo, ya alivia su sufrimiento. Y nosotros sabemos si tienen hijos o nietos, cuál es su trabajo, si están jubilados, si habían planeado algún viaje o si les gusta algo en concreto».

Los familiares envían fotografías y los trabajadores las imprimen y las colocan en los cabeceros de las camas. «Y la UCI», ilustra María José, «ya tiene otro color». La mochila afectiva pesa más, pero la carga merece la pena: «Hay que mantener la profesionalidad y no entrar de lleno, pero es importante establecer lazos porque así accedes a la dimensión psicológica del paciente, que también es necesario». En el Clínico hacen turnos para atender las llamadas y mensajes, con la sensación de haber doblegado el componente más dramático del coronavirus: «Es una enfermedad que aísla, que por protocolo trata a los pacientes como apestados. Algunos mueren solos, sin el calor de los suyos. Es una tragedia. Por eso tenemos que ser más listos que el Covid». Aunque hay conexiones divertidas, la emoción domina la mayoría de las videollamadas: «Una chica nos dijo: 'Si mi abuelo va a morir, por favor que alguien le coja la mano'. A veces acabamos llorando nosotros, pero no podemos permitir que el virus deshumanice la medicina».

También en el Hospital Regional pusieron en marcha este sistema de videollamadas. Ana Ríos, jefa del Área de Críticos y Urgencias, considera que el acercamiento con el paciente «es fundamental para ellos pero también para nosotros, sobre todo desde que se prohibieron las visitas para prevenir contagios». Las conexiones han supuesto «un cambio radical» en el ambiente que se respira en la UCI, además de «un chute de energía» para los enfermos y su entorno: «Para esos hijos o esos padres que hace días que no ven a su familiar, que se quedaron en la puerta del hospital esperando y ni siquiera entraron, poder hablar con ellos o simplemente verlos es increíble. Por mucho que les cuente un médico, una imagen vale más que mil palabras». Especialmente emocionante fue el momento en que una paciente que había dado a luz una semana antes en una cesárea considerada extrema conoció a su bebé, prematura e ingresada en Neonatología: «Fue el segundo caso de coronavirus que tuvimos. Hubo que intubarla porque presentaba problemas respiratorios graves. Fue muy bonito que viese a su niña y también luego, cuando le dieron el alta. Cada paciente que ha salido por la puerta de la UCI ha sido y sigue siendo una victoria para nosotros».

Una de las videollamadas del Hospital Regional. SUR

El hospital comarcal de la Axarquía, con la colaboración de la empresa ION IDE Telematics, ha entregado dispositivos a los pacientes para que puedan conectar con sus familiares. El servicio de enfermería se encarga de prestar la ayuda necesaria a quienes no dominan las nuevas tecnologías; a menudo, los ingresados por Covid-19 son personas mayores que nunca han hecho una videollamada. En el Hospital Costa del Sol, en Marbella, la iniciativa ha aunado el apoyo de instituciones y empresas como el Ayuntamiento, CLC World Resorts & Hotels, Grupo Siebla y un club de fútbol irlandés. La dirección del centro reivindica «el compromiso y la responsabilidad de los profesionales sanitarios y no sanitarios que dan respuesta a las necesidades de los pacientes».

La práctica se extiende a los hospitales privados como Quirón, a disposición del sistema público desde que se decretase el estado de alarma. Allí Marta Fernández, enfermera, sujeta una tablet para que uno de los pacientes de la UCI vea a su mujer, su hija y su nieta, aunque sea a través de la pantalla. Aunque estos gestos han surgido de la propia plantilla y no forman parte de ninguna estrategia institucional, las videollamadas enlazan con los proyectos de «humanización» impulsados en las áreas de cuidados intensivos para despojarlas de su frialdad inicial con medidas como la mejora de la comunicación entre trabajadores y pacientes, la prevención de secuelas psicológicas (también entre los profesionales), la formación en habilidades como la escucha activa y la compasión y una mayor participación de los familiares.

Quienes ahora sujetan la pantalla, inyectando energía en medio de tanta desolación, han estudiado durante años para cuidar a otros. Los llaman héroes, pero no tienen poderes especiales sino sueldos ordinarios, una vocación inquebrantable y un sentido de la profesionalidad a prueba de virus.

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