Idígoras y Pachi
Idígoras y Pachi
A Ángel y Francisco Javier Rodríguez Idígoras no sólo les une el libro de familia. Son hermanos, sí, pero desde que en 1992 se convirtieran ... en Idígoras y Pachi, sus viñetas y tiras gráficas se cuentan por miles. Pegados a la actualidad desde hace 30 años, en lo suyo también hay mucho de olfato y talento. Ponen el ojo y también la bala. «Pero hay que apuntar bien para que se entienda», admiten dos grandes que, como las plantas que sostienen en la foto, han logrado echar raíces hasta convertirse en una referencia imprescindible del humor gráfico en España.
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–Una granizada a 40 grados. ¿Qué viñeta le dibujamos a esto?
–Idígoras: Uy, yo no, que estoy de vacaciones (risas).
–Pachi: Yo haría la que dibujó Ángel hace poco. Un charquito y la leyenda: «Aquí antes había una viñeta».
–Idígoras y Pachi. ¿Tanto monta?
–P: Que estemos juntos es pura casualidad. Dibujábamos por separado: Ángel en 'La Gaceta' y en SUR y yo en el 'Diario Costa del Sol'.
–I: A mí cuando entré en SUR no me dejaban hacer tiras.
–¿Por qué?
–I: Porque no se fiaban de mí. Era jovencillo y se dirían: «A ver qué es lo que nos lía éste aquí». Yo lo que hacía eran caricaturas e ilustraciones, hasta que me llamaron de 'La Gaceta' para hacer tiras, que era lo que yo quería. Y ahora estoy muy arrepentido, porque para hacer caricaturas no tienes que pensar y para lo otro sí. Y a mí no me gusta pensar en general.
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–Volvamos a esa casualidad que les hizo trabajar juntos.
–I: Bueno, la primera es que tenemos los mismos padres. Y lo del trabajo fue porque llevé un dibujo a 'El Jueves', a un buen amigo que tenía en Barcelona. Aquel dibujo era de los dos y nos ficharon.
–¿Y cómo es la convivencia?
–P: Casi no nos vemos. Al principio nos juntábamos en casa de mis padres dos o tres días a la semana, pero ahora todo por WhatsApp.
–Imagino ese primer mensaje de la mañana…
–I: Lo primero es ver las noticias y si no hay nada, inventar algo. Y una vez que sabemos por dónde tirar, nos ponemos a pensar. Si a uno se le ocurre una cosa, se la propone al otro, y generalmente es un 'no' pero otras sí.
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–Entonces son muy críticos con las ideas del otro...
–P: Cada vez menos, aunque depende de la desesperación en la que nos encontremos. Al principio sí pensábamos en un montón de viñetas para sacar sólo una.
–I: ¿Es que sabes qué pasa muchas veces? Que la primera que se te ocurre es la buena. Lo que pasa es que éste es muy 'mijita'.
–En la vida real, ¿son graciosos?
–P: Yo sí, y creo que más que él.
–I: En general los humoristas gráficos solemos ser tranquilos, no somos el alma de la fiesta ni nos gusta contar chistes. Ni que me los cuenten. Si estoy en una reunión y alguien se pone a contarlos, intento largarme.
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–P: Lo peor es cuando te cuentan un chiste para que lo dibujes en el periódico. La gente que los piensa por ti y quiere que los hagas…
–¿Y hasta qué punto es esclava la actualidad?
–P: Para nosotros no lo es. No vivimos pendientes del último segundo porque la gente que ve al día siguiente la viñeta igual no se ha enterado y no la entiende.
–I: Miramos mucho los titulares y leemos menos de lo que parece.
–Los imagino todo el día liados...
–I: No somos muy disciplinados, pero en el argumento o el guión de la viñeta sí que tardamos más.
–P: Por ejemplo si pensamos en una viñeta de Paco de la Torre, el guión puede tardar tres horas pero el dibujo, cinco minutos.
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–I: Es que al alcalde me lo sé de memoria. Tardamos menos en dibujarlo que él en ducharse.
–Dicen que en Málaga no eres nadie hasta que no sales en una viñeta de Idígoras y Pachi.
–I: Sí, pero la gente que hace cosas útiles por la ciudad no sale en las viñetas. Ahí están los voluntarios de Cáritas, de oncología infantil... Esos son los imprescindibles.
–P: Yo por ejemplo, el otro día me enfadé con los periódicos, menos con SUR, cuando se murió Ibáñez. Pensaba que iba a salir a toda plana pero no fue así. ¡Y ha sido el referente cultural del siglo XX!
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–¿Aprendieron a leer con él?
–I: Sí, con él y con sus colegas. Fue una generación bestial. Recuerdo que coincidimos con Ibáñez en una feria del libro. Era un hombre muy raro, pero ha sido el que más ha hecho en la historia de España por el fomento de la lectura.
–P: El otro día escuché a un intelectual decir que en España tenemos a Quijote y Sancho y a Mortadelo y Filemón. Mucha gente no sabe quién es el Lazarillo, pero a Mortadelo lo conoce toda España.
–¿Hoy se podría hacer su humor?
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–P: Bueno, lo ha estado haciendo hasta hace nada.
–Me refiero a la obsesión de ahora por lo políticamente correcto
–I: Es que si nos ponemos así no podríamos hacer nada. En aquella época era el tipo de humor de había, aunque quizás hoy se cortarían más. Pero Ibáñez iba aparte, él era una isla que no sabía qué hacer en vacaciones porque estaba doce horas al día dibujando. A ese hombre no puedes pedirle que sea políticamente correcto.
–¿Ustedes también han evolucionado en este sentido?
–P: Un poco sí se nota. Cuando ves los dibujos de cuando empezábamos en el año 92 en 'El Jueves' no sé si hoy se podrían publicar.
–Con un padre médico, ¿él nunca intentó que dejaran el lápiz y se colgaran el fonendo?
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–I: No, ha sido una persona sensata; nos hubiéramos cargado a media Málaga.
–P: Y además le hemos venido muy bien para ilustrar sus libros y no gastarse un duro. Cuando hacemos la viñeta de un médico y la ve dice 'no, no, ésta para mí'.
–Díganme un personaje que haya sido su debilidad.
–P: La época de Aznar fue gloriosa. Todos los dibujantes lo sabían retratar y una no se parecía a otra pero siempre era él. También la época del Emérito…
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–I: Es que los políticos de ahora son muy aburridos.
–¿Qué tiene que tener la persona para que sea fácil dibujarla?
–P: Una cosa es la caricatura y otra cosa es convertirlo en personaje. Al personaje de cómic tienes que sacarle la identificación. Por ejemplo, Zapatero con las cejas o Jesús Gil con la narizota. En la caricatura hay que fijarse en otras cosas.
–¿Y quién se les ha resistido?
–I: Fue muy difícil Albert Rivera. No tenía nada, no tenía chispa… Pero le ponías el Naranjito al lado y ya. Ha sido una época complicada: entre Rivera, (Pablo) Casado, (Pedro) Sánchez… los tres muy monos pero sin nada de lo que tirar.
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