Antonia, en el cuarto de juegos con sus tres hijos, Luca (7), Carlo (5) y el pequeño Piero (4)

«Me da miedo bajar a la calle con mis niños por si la gente nos increpa»

Antonia Calvente sobrelleva el encierro con sus tres hijos de 7, 5 y 4 años; los dos mayores con trastorno del espectro autista

Lunes, 30 de marzo 2020, 02:06

«Tengo amigas con hijos como los míos a las que han increpado desde los balcones cuando salen a la calle con ellos (...). A la última le dijeron que no tenía vergüenza». Antonia Calvente admite que tiene «miedo» de que a ella le pase lo mismo, por eso, y a pesar de que en el decreto del estado de alarma se permite como excepción que personas con TEA (Trastorno del Espectro Autista) puedan salir a la calle a dar pequeños paseos, está «retrasando al máximo ese momento». «Imagina la tensión normal que tiene todo el mundo; en nuestro caso es multiplicada por mil y con una ansiedad difícil de controlar. Lo normal es que una madre, en una situación así, reaccione... Y quiero evitarlo».

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La «situación así» a la que se refiere Antonia pasa por tres hijos de 7, 5 y 4 años; y con los dos mayores, Luca y Carlo, diagnosticados con TEA. Su día a día entre las cuatro paredes de su piso en Teatinos es un equilibrio casi imposible entre las «rutinas fijas» que necesitan y que dan tranquilidad a los pequeños pero que han perdido por el encierro, las tareas escolares como niños con necesidades especiales y el trabajo a fondo en dos frentes para cumplir con las terapias de estimulación y atención temprana que desde hace días sigue gracias a las teleconferencias con el terapeuta de Luca y Carlo. «Es una angustia permanente por saber si estaré a la altura; si después de esto mis hijos no irán para atrás». Antonia habla en un «pequeño descanso» de la carrera contrarreloj en la que se han convertido sus días, porque «hay que calmarlos, proponer actividades que acepten y sobre todo evitar que entren en bucle y cojan una pataleta». Y con Piero, el pequeño de 4, que como todos los niños de 4 quiere jugar y está más inquieto.

El día se pasa entre «calmarlos, que acepten las actividades y sobre todo evitar que entren en bucle y cojan una pataleta»

Al menos le queda el consuelo de que a sus padres les pilló la orden de confinamiento en su casa y se organizan entre los tres para mantener el orden que necesitan los mayores. «No imagino cómo hubiera sido esto sin ellos», agradece Antonia, que por si fuera poco añade la preocupación de que su marido, de origen italiano, se ha tenido que quedar en el país vecino por cuestiones de trabajo. «Él lo lleva también regular (...). Desde hace unos días ya sólo nos mensajeamos porque si hablamos nos venimos abajo». Ella deja esos momentos de bajón para las diez de la noche, cuando todo está en calma: «A veces lloro y exploto para vaciar la mochila. ¿Pero sabes qué? Que a pesar de todo mis hijos me enseñan y me hacen crecer». Aunque sea entre cuatro paredes.

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