José Alberto Callejo: Una historia de sabores, pasión y fútbol entre México DF y Málaga
Con mucho acento ·
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Lleva 23 años viviendo en Málaga, una ciudad que conoció por primera vez en 1982, cuando España acogía el Mundial de Naranjito. José Alberto Callejo ... es conocido hoy por regentar uno de los restaurantes más prestigiosos del centro histórico de Málaga, KGB, hasta el que la vida le ha llevado «por una maraña tremenda». Ha sido director de marketing del Málaga Club de Fútbol y ha escrito una novela, Confesor.
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Los vínculos de José Alberto con la capital de la Costa del Sol llegan a raíz de la amistad que su padre entabla con unos malagueños en su ciudad natal, México DF. Ambas familias alternaban la capital de país norteamericano con Málaga cada verano a partir del señalado 1982, cuando este mexicano de nacimiento y hoy «medio malagueño» tenía 19 años. Eso sí, también aprovechaban para visitar Cantabria, una región con la que tiene también vínculos familiares.
«Mi padre se enamoró de Málaga completamente», recuerda. Después de algunas idas y venidas en las vacaciones estivales, llegó el flechazo con Irene Garrido. Fue en 1988. Él tenía concertado un matrimonio con una compatriota suya en su país, pero acudió a Málaga para ir a la despedida de soltero del novio de su hermana, un malagueño. Ni ese compromiso terminó en boda ni tampoco el de José Alberto.
«Me enamoré de Irene un domingo a las tres de la tarde y el miércoles le estaba pidiendo que se casara conmigo», rememora sonriente y orgulloso. Con el sí por respuesta, regresó a México a romper la relación que tenía y a empezar una nueva vida con la joven Irene.
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Ambos se fueron a vivir a México, donde nacieron sus hijas Marina e Irene. Después, a José Alberto le surgió la oportunidad de finalizar formación de postgrado en España con una beca. Para ello descartó una tentadora oferta para trabajar en Estados Unidos.
Por avatares de la vida, en 1998 se sentó frente al presidente del Real Madrid de aquel momento, Lorenzo Sanz, para hablarle de un proyecto para fidelizar a los más pequeños en un club deportivo. Finalmente, su destino fue la capital de la Costa del Sol, la ciudad donde se enamoró de Irene, para llevar las riendas del marketing en el Málaga Club de Fútbol.
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Reconoce que el ajoblanco al principio no le sedujo. Tampoco el gazpachuelo. Hoy son dos de sus platos malagueños favoritos. Puede ser parte del proceso de atracción que este polifacético empresario mexicano ha vivido desde que llegó por primera vez a la ciudad en la década de los años ochenta.
Pero de todo lo típicamente malagueño se queda sobre todo con los salmonetitos fritos. Le vuelven loco.
A José Alberto también le gusta cocinar, pero en la intimidad. Eso de preparar comida para un grupo grande le abruma. Por eso, en casa sí se pone el delantal. De hecho, muchos de los platos que se pueden ver en KGB hoy salen de su cabeza. Pero, he aquí un matiz importante: «Tienen que pasar por el filtro de Irene, que debe darle el visto bueno y, además, hacerlo factibles para el restaurante».
Ambos hace un tándem inseparable desde hace hace casi tres décadas y media. Aunque se marchen en breve a Madrid, dejan en KGB a su hija Marina, que tiene la confianza y el apoyo de sus progenitores.
En Martiricos, vivió uno de los momentos más álgidos de los últimos años, donde supo aprovechar la oportunidad que le brindaron para demostrar sus conocimientos en marketing. Fue hasta 2007, cuando el club de La Rosaleda entró en una fuerte crisis económica. Pero, José Alberto no dejó el fútbol, ya que comenzó una nueva, aunque más breve etapa en elPoli Ejido.
Desde Málaga, estuvo gestionando el marketing del club almeriense hasta 2009, para después embarcarse en los negocios gastronómicos, que son los que hoy le tienen más ocupado.
Todo empezó con la cadena de restaurantes de La Moraga, una aventura que terminó antes de lo esperado, pero que hizo posible que José Alberto junto a su mujer Irene se embarcaran en su proyecto más personal, KGB.
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Primero, fue con el chef Kisko García, pero finalmente fue la propia Irene la que tomó las riendas de la cocina de este céntrico restaurante, que este verano ha vuelto a abrir tras dos años de pandemia. Eso sí, Irene y José Alberto en estos días preparan las maletas para abrir otra sucursal de su restaurante en el madrileño barrio de Chamberí.
«Vamos a estar dos años allí, pero viniendo por aquí algunos días a la semana», explica José Alberto, que se siente bien en la vorágine de una gran ciudad. No en vano, nació y vivió en una de las capitales más populosas del planeta.
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Para él lo ideal sería estar en un año tres meses en México DF, tres en Cantabria y tres en Málaga. «El trimestre restante ya se vería», bromea.
Está encantado con la ciudad en la que le ha acogido en los últimos 23 años. «El trabajo de gestión que ha hecho Francisco de la Torre en Málaga ha sido brutal, porque la ha puesto en valor», elogia este empresario mexicano.
En este sentido, José Alberto alude al éxito de la Málaga tecnológica, que tanta repercusión está teniendo en los últimos años.
Este empresario es «muy de pueblitos». Por eso, le gusta llevar a quienes le visitan a conocer Ronda, que para él es «la gran desconocida», Frigiliana o el Balcón de Europa, enNerja. Y, en la ciudad de Málaga, le encanta llevarlos a Gribralfaro para explicarles gráficamente como es realmente la capital de la Costa del Sol. Otra de sus vistas favoritas es las que se tiene del Teatro Romano y la Alcazaba desde la terraza de la cofradía de Estudiantes, en la calle Alcazabilla.
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