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Sucede con los genios que en esa espiral por seguir definiéndolos el gesto se vuelve automático y las palabras terminan por agotarse. Sucede con ... Picasso y con esa visión de artista total y adelantado a su tiempo. Con su forma de entender la vida y las cosas. El arte. Sucede, en fin, con esa actividad académica -heterogénea y casi inabarcable- que desde hace décadas se afana en interpretar, en desmenuzar, en comparar, en poner nombres y apellidos. Y entre las (pocas o muchas) certezas, hay una que destaca sobre el resto: su libertad. Porque si Picasso vivió y creó al margen de la moda y el academicismo, puede que haya llegado el momento de estudiar su legado más allá de las visiones convencionales, de esa pulsión analógica que deja escapar detalles que pueden ser fundamentales e incluso cambiar la visión de sus fuentes de inspiración, de su resorte creativo y, por qué no, de algunos rasgos de su personalidad. Esa herramienta de (re)descubrimiento, en el más amplio sentido de la palabra, está en lo digital. En el sistema computacional y en la inteligencia artificial. Así, como leen.
Esta puerta fascinante a nuevas interpretaciones está aún por abrir de par en par, pero ya hay pioneros que han comenzado a organizar la luz que se cuela por la rendija. Además, lo hacen desde Málaga, una ciudad que hace años se sacudió el complejo de madrastra con su hijo ilustre (y viceversa) y que hoy, convertida en una referencia mundial en la difusión de su obra, está dispuesta a dar un paso más; quizás el definitivo: el de ser generadora de conocimiento en torno a la obra de Picasso y situarse así a la vanguardia de los grandes centros internacionales de estudio y pensamiento.
Esa proa encontró el abrigo necesario, en octubre de 2018, en la Cátedra Picasso Fundación Málaga, un proyecto impulsado por la Fundación Picasso-Casa Natal con financiación de la Fundación Málaga que suma el talento visionario de expertos indiscutibles en la obra del genio con el de specialistas en programación y computación. Esa comunión ya está dando sus primeros resultados bajo la dirección del catedrático de Historia del Arte de la UMA Eugenio Carmona, la dirección adjunta de la doctora en Historia del Arte y especialista en Humanidades Digitales Nuria Rodríguez y sobre todo el entusiasmo y la experiencia de los investigadores Pablo Rodríguez, María Ortiz y Pablo Salazar. Los tres son licenciados en Arte por la Universidad de Málaga, han ampliado sus conocimientos de la mano del máster en Desarrollos Sociales de la Cultura Artística y su juventud (27, 30 y 22 años, respectivamente) les permite mantener ese equilibrio perfecto entre su condición de nativos digitales y su formación como expertos en la obra de Picasso.
«Esta nueva forma de trabajo me ha llevado incluso a cuestionarme la manera de mirar (...)». La reflexión la pone sobre la mesa Pablo Rodríguez, que a la hora del reportaje comparte estrado con sus compañeros en el salón de actos de la Fundación Picasso. Tras ellos, en la pantalla de proyecciones, el objeto de estudio que se ha convertido en el espejo que invita a esa otra forma, totalmente revolucionaria, de mirar. Es el álbum número 7 de 'Las señoritas de Avignon', un tesoro en manos de la ciudad desde que el Ayuntamiento lo adquiriera en el año 2006 y que recopila algunos de los bocetos preparatorios del cuadro que marcaría un punto de inflexión en la historia del arte. Realizado entre mayo y junio de 1907, el pequeño cuaderno de escuela en color sepia incluye 84 dibujos y muestra los trazos de un Picasso en estado de gracia. Ese ha sido el cabo del que han empezado a tirar gracias a la inteligencia artificial: «Se trata de rastrear las influencias que laten tras estos dibujos: las referencias a la Historia del Arte occidental y no occidental. Grafismos, formas, trazos, espacios entre las formas... ver cuáles son las equivalencias», resume por su parte María Ortiz, cuyos colegas asienten cuando celebra «cierto caos» en el análisis de todas y cada una de las nuevas aristas que regala la mirada digital.
Como en un lienzo en blanco, de partida resulta extraño (casi incompatible) que en las dos horas largas de charla con los investigadores se mezclen con naturalidad algoritmos con dibujos de mujeres desnudas. Pero funciona. Y mucho. Tanto como para no sorprenderse cuando Pablo Salazar lanza su vaticinio sobre qué puede representar este proyecto de investigación: «Estamos analizando si esas reminiscencias son tales. Si la historiografía ha interpretado más de la cuenta». ¿Imaginan?
Sobre esa fascinante hipótesis trabaja este equipo, coordinado en una labor «casi de forense» en la interpretación y la organización de las conclusiones. Los primeros avances serán una realidad en breve con la puesta en marcha de la página web con material documental, aunque la presentación oficial de los resultados tendrá lugar en octubre, con motivo del octubre picassiano y del segundo aniversario del nacimiento de la cátedra. Y al contrario de lo que pueda pensarse, este hito en el camino representará no una meta, sino una nueva puerta que cruzar: «A partir de ahí se puede ir ampliando al resto de cuadernos preparatorios de las 'Las señoritas de Avignon'; incluso a toda su obra», vaticina Ortiz, que zanja con un «Picasso es inagotable» esa duda razonable sobre si la inteligencia artificial representa una 'amenaza' frente al mito: «No sólo no le quita el aura, sino que la engrandece aún más».
Rodríguez interviene frente a la reflexión de su colega: «Esta nueva herramienta servirá para poner toda la obra en valor». Eso sí, advierte también de que «hay que saber las preguntas que queremos hacer». En esa compleja labor que representa el cómo guiar la mirada (digital), los investigadores confirman que ya han aplicado los algoritmos de segmentación, que permitirán distinguir trazos individuales y las áreas conectadas entre sí. Y en breve entrará en el papel el algoritmo de la bidireccionalidad de esos trazos y la interpretación de las características de los dibujos.
Esa 'magia digital' que estudia desde la inteligencia artificial el talento natural de Picasso promete un cambio de visión: para empezar –confirman los investigadores– con «un modelo catalográfico nuevo»; o lo que es lo mismo, una herramienta revolucionaria de «estructuración del conocimiento» a través de completísimas fichas de todos los dibujos del álbum. Cada una de ellas incluirá las características específicas de la obra partiendo de la computación, pero también las influencias culturales antiguas y modernas, las referencias bibliográficas o las fuentes artísticas e historiográficas de las que se nutrió Picasso en la ejecución de su obra. También se podrá ver cómo interactúan entre ellas tomando como referencia una enorme base de datos. A partir de ahí, las aplicaciones -prometen– son «incalculables». Porque sucede con los genios que, a pesar de todo, aún quedan cosas que decir. Sólo es necesario el cambio de mirada.
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