

Secciones
Servicios
Destacamos
SERGIO GONZÁLEZ HUESO
Lunes, 28 de octubre 2019, 11:05
Allí se presentó él, puntual, dispuesto a recibir a su novia a la que tantas ganas tenía de ver. Pero antes, la típica bromita del ... que aguarda, semidoliente, a que llegue el ser amado de su exilio, tal y como cuenta IDEAL en su web.
-Voy tarde, espérame allí. No creo que me retrase mucho. Lo siento.
Todo un clásico en los reencuentros felices que esta vez, en un extraño giro de los acontecimientos, acabó siendo un desastre. El que tuvo que esperar fue él. Y más de lo que hubiera imaginado nunca.
«¡Ostras qué frío!», se dijo Inmaculada cuando puso un pie en tierra a 2.355 kilómetros de distancia. Había ido dormida todo el viaje, pero la temperatura que se encontró en su destino le despertó de golpe. Algo no iba bien. No reconocía nada de lo que veía y, en vez de su novio, quien le hizo el recibimiento fue una rasca importante, impropia de la mediterránea ciudad de Málaga. Con el móvil ya encendido, lo primero que hizo fue contactar con él. Saber dónde estaba. Conseguir esa referencia familiar que le hiciera ahuyentar la confusión que llevaba a cuestas. Pero nada. Él no estaba allí. O mejor dicho, era ella quien no estaba. ¿Qué estaba pasando?
Se le ocurrió preguntarle entonces a quien lo sabe todo: 'Google, ¿dónde está Inma?' la respuesta fue tan inmediata como sorprendente. Esta granadina no había aterrizado en Málaga sino en la ciudad alemana de Múnich.
Inmaculada Guerrero salió el pasado día 4 de octubre desde Nápoles rumbo a Málaga. Era viernes, y al día siguiente tenía que acudir a una boda en Córdoba. Para salvar la distancia que separa a su país natal con la ciudad en la que está haciendo parte de su doctorado, esta granadina se vio obligada a comprar un vuelo con escala. Esto es: de Nápoles a Burdeos y de esta ciudad a Málaga.
La hora de llegada en el destino final estaba fijada a las 17.15 horas. El primer vuelo se desarrolló con normalidad. Ya en el aeropuerto de Burdeos, Inmaculada hizo lo de siempre: «Miré mi puerta de embarque en la pantalla y me senté a esperar enfrente. Todo normal hasta que me llega un mensaje de mi compañía, Volotea, avisándome de un retraso de una hora en el vuelo», cuenta. Justo en ese momento se desdobla la realidad: la de esta chica de Granada y la del resto de personas. Pasó un rato esperando hasta que llegó la nueva salida. Y se formó la cola, momento en el que ella se levantó para coger su turno. Nada raro salvo los destinos, que diferían entre ella y los demás.
Inmaculada mostró un billete para ir a Málaga en un vuelo que iba a Múnich y nadie le advirtió de su error. Pasó la puerta de embarque, la de acceso al avión y, ya en su sitio, el filtro de otras dos azafatas. Esta granadina dice que no notó nada raro hasta que no estuvo en su asiento. «De repente vino otro pasajero diciendo que estaba sentada en su sitio. Miramos los billetes y efectivamente eran las mismas plazas. Vino una azafata, miró y llamó a otra, que hizo lo mismo. Nadie se dio cuenta de que mi pasaje iba a otro lugar, por lo que le reubicaron a él», señala. Resuelto el incidente, se durmió hasta que el frío de Múnich le espabiló del todo.
Después de mirar en su teléfono móvil dónde estaba, trató de ponerse en contacto con su compañía sin éxito. Le contó a su familia lo que había pasado y miró a ver cuál era el siguiente vuelo a Málaga. Cuando lo encontró, compró algo de comida en un supermercado y buscó un sitio cómodo para hacer noche en el aeropuerto bávaro. «Lo único bueno es que es muy grande, por lo que en ningún momento sentí miedo de quedarme allí. También tuve suerte de encontrar un vuelo temprano», destaca Inmaculada, quien a su llegada a Málaga al día siguiente y tras abrazar a su madre ya menos asustada, salió pitando para la boda, cuya celebración pilló de milagro.
Varios días después del incidente, esta granadina cuenta que ha presentado una reclamación contra la compañía, a la que acusa de tener unos controles «de risa». Le solicitará una indemnización por daños y perjuicios, así como por los gastos extra que ha tenido que desembolsar. Por ejemplo, un billete de Múnich a Málaga de 300 euros. Sobre lo que pasó solo tiene una hipótesis: que le cambiaron la puerta de embarque cuando le retrasaron el vuelo y que ella no se dio cuenta. «Lo lógico es que me hubieran avisado en el mensaje que me enviaron», critica Inmaculada, que, acostumbrada a viajar, se promete a sí misma no volver a relajarse al tomar un avión. «Cualquiera se fía ahora viendo la seguridad que tenemos», ironiza esta pasajera accidentada.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.