«Quien no esté en el foro Transfiere no existirá en el sistema de innovación español». La frase es de Felipe Romera, presidente del Parque Tecnológico de Andalucía, y la pronunció en el primer Transfiere, 2012. Ayer, en la apertura de la 9ª edición -1.600 empresas, OTRIS de medio centenar de universidades y 300 expertos de una treintena de países- aseguró que el «atrevimiento» de entonces es hoy una «convicción». Transfiere es, entre otras cosas, el mejor espacio para el contacto entre las ofertas -varias grandes empresas lanzan aquí sus retos- y las demandas tecnológicas de las pequeñas y medianas empresas. Los 5.000 contactos personales previamente concertados evidencian ese interés recíproco en el primer paso de una posible colaboración. Pero, lejos de la autocomplacencia, Romera, que además es también presidente de la Asociación Española de Parques Tecnológicos (APTE) e impulsor y presidente de Transfiere, certificó la «debilidad» del sistema de innovación español «que no va a mejorar salvo que la innovación se convierta en un valor para las empresas y la sociedad». Planteó en ese sentido a la secretaria general de Innovación, Teresa Riesgo, -máxima representante del Gobierno en el foro- «dar un paso más» en la colaboración para que la APTE elabore una «base de datos real» de los actores que tiene el sistema nacional de innovación. Por su parte, Riesgo contrapuso Transfiere y su modelo, «singular y transversa», que reúne a científicos, tecnólogos, gestores, emprendedores, grandes y pequeñas empresas con otras citas de tipo sectorial. En la necesidad de fortalecer el sistema nacional de ciencia y tecnología, el alcalde, Francisco de la Torre, se refirió a la necesidad del trabajo continuo para generar desde Transfiere «masa crítica suficiente ante los nuevos retos tecnológicos». Riesgo defendió en un debate sobre la estrategia nacional de ciencia que «partiendo de la situación competitiva de España, queremos ser en 2027 un país en el que ciencia, innovación y conocimiento sean una parte central». En este sentido, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la mayor estructura científica del país, presentó en Málaga sus nuevos grupos de investigación ligados a retos como la gestión de plásticos, la alimentación, gestión de la energía, lucha contra las plagas agrícolas y la movilidad urbana.
Publicidad
En esa línea situó el consejero de Economía, Conocimiento, Empresas y Universidades, Rogelio Velasco, la política de innovación que impulsa desde que tomó posesión hace un año. Velasco enumeró las líneas ya abiertas -236 millones de euros para proyectos de I+D+i en empresas y universidades y otros 12 millones para el fomento de la compra pública innovadora- y destacó que la Junta trabaja ya en el plan de innovación 2021-2027, un escenario en fase de elaboración también en España y Europa. Velasco expresó su deseo de que «la curiosidad y la ambición de crecer que tiene Andalucía se contagien, «en el terreno tecnológico, que es la mejor manera de estimular el crecimiento».
La innovación local tuvo en las tecnologías para el entretenimiento -Polo Digital- una presencia destacada, como también el coche conectado, con las cinco startups aceleradas por Telefónica en Tabacalera, que presentaron sus avances. En el PTA los desarrollan en el único entorno de ensayos especializado que existe en el sur de Europa.
Sería tan difícil adentrarse en su extenso perfil –economista, máximo directivo de Renfe, empresario en el sector editorial, consultor, pionero de la innovación...– como encontrarlo posando en alguna foto oficial. A José Luis Virumbrales no le gusta figurar, pero sí hacer. Es historia viva de la innovación en los últimos 30 años. A muy pocos de quienes pasan de los 50 y están al frente de grandes empresas, centros de investigación y de universidades se les escapa el importante peso de quien creó la primera Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI), instrumento de las universidades para conectar sus capacidades de investigación con la economía real. La asociación nacional que las agrupó fue cosa suya y la dirigió durante dos ejercicios. A sus 76 años ocupa una de las vicepresidencias de la APTE, la asociación del medio centenar de tecnópolis españolas –8.200 empresas, 175.000 trabajadores, 29.000 millones de facturación–, como responsable del área de Transferencia Tecnológica. La llegada al mundo de la innovación empezó en la Universidad Carlos III tras dejar su cargo como secretario general de Renfe en 1992. El encargo del entonces rector, Gregorio Peces-Barba, para que le diera a la institución peso tecnológico. Y tanto. Fue el impulsor del parque Leganés Tecnológico. Felipe Romera lo ganó para la APTE, que tiene su sede en Málaga, su segunda ciudad tras Madrid.
Suscríbete durante los 3 primeros meses por 1 €
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión
Te puede interesar
Publicidad
Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación.
Si continúa navegando acepta su uso. ¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?. Más información y cambio de configuración.