Se hizo socia de la Protectora de Animales y Plantas de Málaga allá por 1989, y desde entonces ahí sigue. Asegura que al principio era « ... una socia de cuota y listo», pero que poco a poco se fue involucrando más, porque para ella esta entidad es «como la droga: una vez dentro, cuesta salir, y cuesta rehabilitarse», aunque reconoce que entre sus planes no figura irse. A sus 69 años, Carmen Manzano es presidenta de la Protectora desde 2009 y se nota que tiene cuerda para rato. Se sigue emocionando, y mucho, cada vez que habla de animales, y tiene muy claro lo que debe hacerse y lo que no antes de entregar uno a alguien que llega a las instalaciones buscando adoptar una mascota.
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–¿Predica con el ejemplo, tiene animales en casa?
–Claro, tengo dos perrillas. Una es Luna, aunque para la familia es Luneta, la más bonita y experta. Tiene 15 años. Y Tarufa, que la recogimos de la calle. Es un pequeño york mezclado que siempre está arriba para poder verlo todo.
–El verano es época de vacaciones pero también, desgraciadamente, de mayor abandono de animales, ¿no es cierto?
–La gente se está concienciando bastante, y sabe que irse de vacaciones no es tener que abandonar a tu mascota. Cada vez hay más facilidades, especialmente con los perros: hay residencias para llevarlos, el turismo rural también admite mascotas… Creo que vamos cambiando de hábitos. Por ejemplo, en mi familia tenemos una tradición ya que es irnos a las Alpujarras todos con los perros, y es otra forma de irse de vacaciones. Desgraciadamente, el abandono se produce durante casi todo el año, y lo peor son las camadas, porque aparecen cachorros de donde menos te lo esperas, como me pasó el otro día en la peluquería. La caza también es un problema importante. La mayoría de los perros que encontramos abandonados son podencos, perros de caza, que tienen una crianza sin control, y entre los que se pierden y los que abandonan... Y teniendo en cuenta que la próxima ley los deja fuera, su panorama es muy complicado.
–¿Cuál es el nivel de ocupación actual del refugio?
–Tremendo. El abandono no cesa, es continuo durante todo el año. Esto no es un chicle: si hay por ejemplo espacio para 20 perros no caben 25, entre otras cosas porque acaban peleándose. El hacinamiento no es una buena idea, precisamente. Para combatir el calor, este verano hemos puesto unos tubos de los sale agua por aspersión para que caiga agua en las horas que hace más calor; parece que no, pero refresca. En los patios hay piscinas hinchables y los voluntarios mojan a los animales, y también después de limpiar los cheniles echan agua.
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– 'No compres, adopta', podría ser un buen lema para tatuarse para algunos, ¿no le parece?
–Sí, puede serlo. Pero tengo otro: no compres y no adoptes, si no estás preparado. Para adoptar un animal, aparte de quererlo, tienes que respetarlo. Eso es lo principal, y saber que es un nuevo miembro de la familia y es un igual que tú, aunque en vez de hablar ladra o maúlla. Si ese es tu lema, 'es igual que yo', primero adopta, pero si ves que no lo vas a poder cumplir, te coges un peluche y te lo pones en la cabecera de la cama. A veces hay personas que vienen a la Protectora y se enfadan porque se van de vacío. Desafortunadamente muchos animales llegan al refugio porque sus dueños han fallecido, así que algunos tienen ya unos cuantos años, y hay personas mayores que en vez de llevarse esos, que son más tranquilos y les van a hacer más compañía, vienen buscando un cachorro pese a su edad avanzada. Nosotros buscamos familias acordes a los animales, para que no nos lo devuelvan al cabo de 15 o 20 días. Quizás somos exigentes, pero mi trabajo es protegerlos: no es un perro para el niño, es un nuevo miembro de la familia. Además, en algunos casos por desgracia el niño a corto plazo preferirá la maquinita a la mascota, y también hay que pensar en esto antes de adoptar.
–Además de la ya sabida por los animales, ¿alguna otra pasión que se pueda confesar?
–Leer es algo que me encanta. El mejor momento es cuando llego a casa después de sacar a las perras y empiezo a leer, tomando una cerveza, a ser posible. Otra cosa que me gusta mucho es sentirme libre en la naturaleza: andar, ver paisajes, sentir un árbol, disfrutar con mis perras caminando... Así que los zoos, delfinarios y demás sitios de animales son prisiones para mí. Mi otra pasión son mis nietos: en total tengo siete, y se sorprenden muchas veces con todo lo que hago.
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–¿Cómo es su verano ideal?
–Cualquier sitio donde haya agua, campo y mis perros. Además de estar con mis nietos y mis hijos, por supuesto.
–¿Y alguno que le haya marcado especialmente, por el motivo que sea?
–El último verano que pasé con Coco, un bóxer que tuve y que murió con diez años. Ya me habían dicho que le quedaba poco. A él lo que le gustaba más era nadar, así que alquilamos una casa en La Ruidera en verano: bajábamos todas las mañanas a la laguna y se tiraba a nadar. Yo sabía que era el último verano que pasaba con él pero sabía que lo estaba disfrutando, y que se fue contento porque estaba haciendo lo que le gustaba. Ese verano me marcó, y de hecho han tenido que pasar varios años hasta que he podido ver las fotos y vídeos sin dolor.
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–O sea que playa o piscina, poco...
–Soy muy rural, muy rupestre, así que de eso poco. Pero cuando vamos a las Alpujarras sí me gusta mucho meter los pies en agua en las fuentes que hay, es una de esas cosas con las que mis nietos se sorprenden. Por cierto, recomiendo una ruta por el pueblo de Válor que tiene muchos molinos; vas metiendo los pies en el río y es una auténtica maravilla.
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