Su vida nunca fue una «tabla rasa». Su madre y su abuela fallecieron de cáncer, su padre sufría diabetes, superó un divorcio y sacó adelante a sus dos hijos en España después de abandonar su Argentina natal. De todo aprendió. Lo más importante, a no mirar para otro lado, a encarar los problemas y a poner todo lo necesario para acabar con ellos.
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Hace un año le diagnosticaron cáncer de mama después de que en una autoexploración en la ducha saltaran todas las alarmas. Presintió algo fatídico. «El peor cáncer es el que no se diagnostica», asegura Elvira Sánchez, que tras el shock inicial decidió coger el toro por los cuernos. «En ese momento cambia todo tu planteamiento de vida. Cuando el médico me confirmó que era cáncer, pero que tenía solución, aposté por pelearlo», recuerda.
No niega que el trayecto está siendo duro (hace dos meses que terminó el tratamiento y sigue con revisiones periódicas) y que hay días de «bajón», pero a ella le resultó clave «encerrarse en lo que necesitaba» para seguir disfrutando de la vida.
Ha logrado asimilar que estar enferma no sea sinónimo de pena ni de tristeza ni de depresión. En su caso fue siempre la esperanza, la positividad y el bienestar personal y de su familia. Y para ello se agarró a varias «tablas de salvación» que impidieron que se hundiera emocionalmente: paseos en bicicleta, la adopción de un perro, su fe que la hizo más fuerte, el apoyo incondicional de sus hijos, que respetaron siempre los tiempos que Elvira marcaba, y el humor en compañía de sus amigas.
Su ejemplo y su lección de vida forman parte del estudio 'Escala de Satisfacción con la Vida en pacientes de cáncer de mama: propiedades psicométricas', llevado a cabo en la Universidad de Málaga.
El equipo que ha desarrollado este proyecto partía de la tesis: ¿Se puede sufrir cáncer de mama y ser feliz? Tras año y medio de trabajo han concluido que sí. Pero, ¿cómo es posible afrontar la enfermedad con ese estado emocional? «Las mujeres con este tipo de cáncer tienden a experimentar emociones positivas, esperan buenos resultados en la vida y se muestran esperanzadas, encuentran un propósito en ella y, además, regulan adecuadamente sus propias emociones», afirma la profesora del departamento de Psicología Social de la UMA María Victoria Cerezo, autora principal de este trabajo, que ha sido publicado en la revista científica 'International Journal of Clinical and Health Psychology'.
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Junto a ella han trabajado los profesores del departamento de Psicobiología y Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la UMA María José Blanca y Rafael Alarcón y la investigadora Lorena Soria-Reyes, que también es psicóloga de ASAMMA, asociación para la atención a mujeres operadas de cáncer de mama de Málaga, colaboradora en el estudio.
Como en otras experiencias vitales, la forma de llevar una situación depende de la persona, de las vivencias que haya tenido y de su entorno social y familiar. Todo ello determina cómo en un momento dado de su vida encara un revés. «Objetivamente, una circunstancia es la misma para dos personas, pero cada una la interpretará de una forma diferente en función de una serie de variables (autoestima, bienestar afectivo, resiliencia, inteligencia emocional y optimismo) que deberían trabajarse desde la infancia. Son personas que ven el vaso siempre medio lleno o medio vacío influidas por sus experiencias vitales previas», subraya Cerezo.
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Para llevar a cabo este proyecto, desarrollado dentro de la línea de investigación 'Psicología positiva y cáncer de mama', del grupo de la UMA 'Análisis de datos en psicología', se ha utilizado la 'Escala de Satisfacción con la Vida' (SWLS), un instrumento de investigación internacional que mide la satisfacción vital y el bienestar cognitivo creado en 1985 y cuya versión española data de 2013.
Esta referencia 'SWLS' determina que el 24,1 es la puntuación media de la satisfacción con la vida en la población general y 27,1 entre pacientes oncológicos. Sin embargo, esta cifra desciende levemente en el caso de mujeres con cáncer de mama, cuya media es de 22,14. Cerezo destaca que, aun así, es un resultado bueno, y que esta diferencia se debe, en gran medida, a que el cáncer de mama difiere de otros cánceres, ya que tiene un impacto específico en una parte externa y visible del cuerpo, con connotaciones culturales y sexuales, entre otras.
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En total se ha analizado una muestra de 222 mujeres españolas, pertenecientes a ASAMMA, de las cuales prácticamente la mitad estaban recién diagnosticadas, por lo que aún estaban en tratamiento, y la otra parte, el 50, 5 por ciento, supervivientes del cáncer.
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