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Ángel Escalera
Domingo, 24 de abril 2016, 02:19
Una estatua del héroe nacional de Filipinas, el médico y escritor José P. Rizal (1861-1896), está situada en los jardines de acceso al puerto de Málaga desde finales del pasado mes de marzo. De ese modo, se han reforzado los lazos de unión entre la capital de la Costa del Sol y Filipinas. Unos 5.000 filipinos están censados en la provincia de Málaga, lo que supone el mayor número de súbditos de ese país en España después de Madrid y de Barcelona. El Consulado de Filipinas en Málaga está en la calle Marín García, 5, una vía muy céntrica que une Larios con la calle Nueva.
El importante número de filipinos que residen en la provincia malagueña y que muchos de los marineros de los cruceros que atracan en el puerto de Málaga pertenecen a ese país asiático son los motivos principales por los que se decidió ubicar una estatua de Rizal en la entrada al recinto portuario, explicó a este periódico la cónsul honoraria de Filipinas en Málaga, Rosa Agüera, abogada experta en Derecho Internacional. «Es un gran honor poder tener el corazón de Filipinas en Málaga», afirmó la cónsul. La estatua fue realizada por el escultor malagueño Juan Vega. Otras ciudades españolas que cuentan con monumentos dedicados a Rizal son Madrid y Cádiz.
Agüera indicó que de los cien millones de personas nacidas en Filipinas, diez millones están repartidas por todo el mundo. «En la Costa del Sol hay una destacada colonia de filipinos. Estamos muy orgullosos y contentos de disponer de una estatua de José Rizal», aseguró la cónsul, que destacó «el magnífico trabajo realizado por Juan Vega». También agradeció la colaboración prestada en todo momento por el presidente de la Autoridad Portuaria de Málaga, Paulino Plata, y por el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre. Ambos acudieron a la inauguración del monumento, acto en el que también estuvieron el embajador de Filipinas en España, Carlos Salinas, y el delegado del Gobierno andaluz en Málaga, José Luis Ruiz Espejo, entre otras autoridades.
«España y Filipinas tienen una historia en común de 333 años. El Instituto Cervantes de Manila hace una labor muy importante y la lengua española sigue presente y es hablada por muchas familias filipinas», significó Rosa Agüera. «José P. Rizal, además de héroe nacional, fue un hombre ejemplar que se formó como médico (se especializó en oftalmología) en España en la segunda mitad del siglo XIX», recalcó la cónsul, cuyo ámbito de acción es Andalucía oriental, Cádiz y Murcia.
José Protasio Rizal Mercado y Alonso Realonda nació en Calambá el 19 de junio de 1861 y murió fusilado en Manila el 30 de diciembre de 1896. Fue el séptimo de los once hijos de Francisco Rizal-Mercado y Teodora Alonso, prósperos campesinos de la ciudad de Calambá, en la provincia de Laguna. Tras recibir en 1877 su título de Bachiller en Artes, se matriculó en la Universidad de Santo Tomás, dirigida por la orden dominica, y empezó la carrera de Filosofía y Letras. Sin embargo, al saber que su madre se estaba quedando ciega, decidió estudiar Medicina. Primero lo hizo en la mencionada universidad y, posteriormente, viajó a Madrid para continuar su formación y licenciarse en Medicina.
Rizal, en su ideario político, defendió que Filipinas fuese una provincia de España en vez de una colonia y, por tanto, tuviese representantes en las Cortes Generales españolas. Sus ideas le valieron ser desterrado a Dapitan, en la isla de Mindanao. Rizal fundó una escuela y un hospital en el lugar de su exilio. Mientras tanto, en 1896, el Katipunan, una sociedad clandestina abiertamente independentista, puso en marcha una revolución nacionalista inspirada en ciertas frases patrióticas sacadas de las novelas de Rizal. Entre sus obras destacan Noli me tangere y El filibusterismo.
El joven médico, que para redimirse de su exilio había obtenido del Gobierno español una plaza de médico de campaña en Cuba, fue arrestado a bordo de la nave que le llevaba a España. De vuelta en Filipinas, a Rizal se le acusó de querer unirse con los independentistas cubanos y de haber instigado esa revuelta. Acusado de asociación ilícita con otros revolucionarios, tras ser declarado convicto por sedición, fue condenado a ser fusilado. La ejecución se llevó a cabo el 30 de diciembre de 1896. Antes de morir, Rizal pidió que no le vendaran los ojos y que le permitieran ser fusilado de frente. La primera solicitud se la concedieron, pero le negaron la segunda por ser considerado un traidor. No obstante, antes de que le dispararan se dio la vuelta para demostrar su integridad.
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