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Personas de todas las clases sociales se sumaron a la protesta y se pusieron durante unos días alpargatas.
La rebelión de las alpargatas

La rebelión de las alpargatas

Los malagueños se echaron a la calle en septiembre de 1920 para reclamar a los fabricantes un abaratamiento del precio del calzado, que era caro y de mala calidad

Ángel Escalera

Domingo, 15 de marzo 2015, 00:39

La alpargata, conocida como el calzado de los pobres, alcanzó un inusitado protagonismo en septiembre de 1920. Entre el 13 y el 16 de ese mes los malagueños llevaron a cabo una protesta contra el elevado precio y la baja calidad de zapatos y botas. La gente se echó a la calle al grito de ¡viva la alpargata!, reivindicando este tipo de calzado por ser más barato y asequible a casi todos los bolsillos. En pocos días, se vendieron en Málaga unos 40.000 pares de alpargatas. Ciudadanos de todas las clases sociales se calzaron con ellas para manifestar su rechazo a la política de fabricantes y comerciantes.

Esta rebelión popular no fue algo que sucedió sólo en la provincia malagueña, sino que se extendió por la mayoría de España tras comenzar en Almería. El día clave fue el 13 de septiembre, cuando se declaró el 'reinado de la alpargata'. Muchas tiendas agotaron las existencias.

La calle Larios fue centro neurálgico de las quejas de los ciudadanos. En ella, improvisados oradores pronunciaron discursos defendiendo el uso de las alpargatas y criticando que el calzado tuviese un precio tan desorbitado en comparación a la mala calidad con que estaba hecho. Los malagueños que no se sumaban a la protesta recibían los silbidos y abucheos de los que la apoyaban. Los ánimos se caldearon tanto que algunos dueños de zapaterías contrataron vigilantes de seguridad para salvaguardar sus comercios de posibles ataques.

La iniciativa tuvo su efecto. Muchos vendedores de zapatos, ante el cariz que tomaban los acontecimientos, se vieron obligados a rebajar los precios. Era preferible reducir un poco sus ganancias a verse expuestos a la iras de los manifestantes. La policía detuvo a varios alborotadores que se excedieron en el tono de su descontento y llegaron incluso a coaccionar a los ciudadanos para que se uniesen a la rebelión, además de insultar y llamar especuladores a los comerciantes del sector del calzado.

Un hecho curioso se produjo en el instituto Gaona, donde los alumnos aplaudieron al catedrático de ese centro Muñoz Cobo cuando acudió a clase con un par de alpargatas puestas. Los estudiantes reconocieron el ejemplo que les daba el docente, alineado en las filas de los más necesitados y sensible a los problemas que sufrían las clases más necesitadas de la población.

Trienio bolchevique

La revuelta de las alpargatas se inscribe en el llamado trienio bolchevique, que se desarrolló de 1917 a 1920, un periodo muy convulso y con una fuerte conflictividad social. Estuvo influido tanto por la revolución obrera de Rusia como por el final de la Primera Guerra Mundial. La gente pasaba muchas penurias y apenas tenía acceso a los productos de primera necesidad. Su elevado precio lo impedía.

Las dificultades a las que se enfrentaban los obreros quedaron patentes en un manifiesto publicado por los trabajadores del gremio de zapatería denunciando que echaban muchas horas y recibían un sueldo mísero. Igualmente, se criticaban los pingües beneficios que obtenían los dueños de las fábricas, ya que había una notable diferencia entre el dinero que les costaba la materia prima y las ganancias que obtenían por la venta de los productos.

En ese escrito, firmado por Francisco Galán Ortega, se decía que el personal del gremio de zapatería trabajaba a destajo. El autor de la proclama consideraba justa la protesta de la población contra el elevado precio del calzado. «Nosotros todo lo producimos y de todo carecemos. Nuestra jornada de trabajo sólo la soportan las bestias y acaso los negros en el Congo. Trabajamos jornadas de doce y catorce horas para poder computar el sueldo que gana el obrero más humilde de la sociedad». El escrito finalizaba así: «!Mueran las sanguijuelas del pueblo»! «!Mueran los acaparadores sin entrañas!» «¡Vivan los trabajadores!»

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