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Salvador Arroyo
Bruselas
Miércoles, 25 de marzo 2020, 20:34
Creado hace quince años para reforzar la defensa de la UE contra las dolencias infecciosas, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) monitoriza la crisis del Covid-19 desde finales de diciembre. Este periódico ha contactado con este organismo especializado, que tiene su sede en Estocolmo (Suecia) para plantearle distintas cuestiones sobre la propagación a velocidad de vértigo de esta pandemia.
Y la primera está en la mente de todos: ¿Cuándo parará? Sus expertos tienen claro que aún habrá que contener la respiración. Porque, en base a sus evaluaciones de riesgos, el ECDC asegura que el pico epidémico y la saturación de la atención médica llegarán en este tramo final de marzo en la mayoría de los países «y en todos a mediados de abril». En definitiva, que la situación extrema de Hubei (la provincia China en la que brotó el síndrome) aún no se ha alcanzado.
Y aquí, los expertos del centro piden «precaución» a la hora de interpretar esos plazos. Porque, entre otros factores, están condicionados a «una política y capacidad de pruebas de diagnóstico estable y a la ausencia de medidas de mitigación efectivas». Esto es, a la respuesta de las autoridades y la eficacia que se vaya cimentando. Pero, ¿por qué el nivel de propagación de la enfermedad es más alto en Italia o España, que han rebasado ya las cifras de fallecidos de China?
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En este punto, el 'club de expertos' apunta a que todos los países europeos, antes o después, seguirán la misma evolución. «Ahora varía según la región, pero la situación en Italia y otros países sigue la curva epidémica que se observó en China durante enero y febrero y en Corea del Sur en semanas recientes» «Se necesita un enfoque proactivo y agresivo para retrasar la transmisión», insiste. Y de forma coordinada. Porque «hacerlo en un área o país específico en la UE no es viable. Hay que pasar a un enfoque de mitigación (en todos los Estados), ya que la curva epidemiológica puede no proporcionar» a las autoridades y hospitales el tiempo suficiente para darse cuenta del riesgo y «aceptar y adaptar su respuesta en consecuencia». Países como Reino Unido u Holanda han sido especialmente laxos hasta la fecha.
La UE ha destinado 50 millones de euros para crear una reserva estratégica de equipamiento médico y decenas de millones más salen de Bruselas y de los gobiernos nacionales para dar con una vacuna. Pero lo primero es frenar la propagación. Y ahí cursan los antivirales. En la actualidad se están probando alrededor de una treintena. Ni el ECDC ni la OMS recomiendan específicamente ninguno aunque el organismo europeo hace balance. En países asiáticos y en Estados Unidos hay ensayos clínicos en curso «con la combinación de lopinavir/ritonavir y el medicamento remdesivir. El uso de remdesivir se ha utilizado para casos graves en países de la UE», relatan los expertos.
España ha autorizado recientemente la utilización en los hospitales de la hidroxicloroquina, recomendada contra la artritis y la malaria. «La evidencia de la efectividad potencial de la cloroquina (el componente base) proviene de ensayos in vitro». Además, «el interferón inhalatorio beta 1a también se encuentra entre los candidatos potencialmente interesantes para el tratamiento o la profilaxis», recuerdan los científicos europeos. En todo caso, se está actuando con rapidez para intentar demostrar la eficacia de distintas opciones: «El reclutamiento de pacientes en Europa para participar en ensayos clínicos es una prioridad inmediata en los países en las primeras fases del brote».
¿Y para cuándo la vacuna? Aquí el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades remite a su institución hermana, la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Hasta el 13 de marzo había un total de 41 proyectos de antídoto en desarrollo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y la Comisión Europea financia uno de los más avanzados, el del laboratorio alemán CureVac (el mismo al que Donald Trump lanzó sin éxito una oferta multimillonaria para hacerse con la exclusividad para Estados Unidos).
La vacuna no llegará rápido, pero se trabaja contrarreloj para acortar la espera. Entre un año y dieciocho meses se estima necesario para que esté a disposición global. La EMA, en un informe hecho público el martes, se hacía eco de «la urgencia» de realizar los primeros ensayos clínicos en humanos.
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