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«Bueno, pues estas son las vistas desde mi oficina», dice Jesús, el piloto, tras tomar una altura adecuada que ofrece unas singulares vistas de Antequera. El vuelo cuenta con 11 pasajeros, todos ellos ataviados con mascarilla, el símbolo de la 'nueva normalidad': la experiencia en pleno cielo azul parecía inimaginable varios meses atrás. Se trata de un paseo en globo aerostático por Antequera y su comarca, el primer destino malagueño que la empresa sevillana Globotur ha incorporado a su oferta.
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La experiencia de volar en globo comienza a las 06.30 horas. Javier Benítez, CEO de Globotur y también piloto, se cita con los pasajeros en un hotel de la zona acompañado de sus dos ayudantes y el piloto. Una vez que todos están reunidos, se trasladan al punto de salida, que nunca es el mismo, ya que depende del viento. En este caso, se trata de un extensa parcela frente a la Peña de los Enamorados. Los pasajeros, muchos de ellos de otras provincias de Andalucía como Sevilla o Almería, comienzan a hablar y a conocerse. Los motivos de su visita son diversos: vivir experiencias nuevas, regalos de cumpleaños o regalos de Navidad que no pudieron canjear antes. El pack de vuelo y desayuno es de 160 euros por persona.
El equipo comienza a montar el globo: lo estiran y comienzan a inflarlo con dos grandes ventiladores y bombonas de gas. Mientras, los pasajeros visualizan la escena expectantes y graban con sus teléfonos móviles. Si es necesario ayudar, todos acuden.
Una vez que el globo ya está listo para volar, el piloto, en este caso Jesús, comienza a explicar el trayecto. «Sabemos donde despegamos pero no donde aterrizamos», indica. A la hora de aterrizar, todos los pasajeros deben agacharse dentro de la cesta y deben permanecer agarrados a unas asas hasta que el globo quede totalmente parado. «La cesta puede volcar, ya depende de la pericia del piloto».
Pasadas las 07.30 horas, los pasajeros comienzan a embarcar en la cesta, que se divide en tres partes: el piloto viaja en una de las esquinas, y una pequeña pared a la altura de la cadera separa a los pasajeros, que quedan a ambos lados de la cesta. La bombona de gas empieza a sonar y el globo va elevándose.
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El suave tránsito del globo no parece concordar con la velocidad que lleva y la altura a la que está: 400 metros y 33 kilómetros por hora, según informa el piloto. Las vistas, inigualables, son contempladas por los pasajeros con asombro. El soleado día también acompaña. «¿Eso es la laguna de Fuente de Piedra?», pregunta una pasajera. «Sí, a lo lejos también se ve Sierra de Yeguas, mi pueblo», comenta otra de las viajeras.
La altura va disminuyendo, aunque las vistas continúan siendo novedosas. Ver un ultraligero sobrevolando la zona a la misma altura a la que te encuentras no es una experiencia habitual. «El globo es el único transporte indomable, puedes controlar ciertas cosas, pero no todo», explica el piloto, que responde todas las preguntas que le formulan los pasajeros. «Uno de los sitios más complicados para volar es Asturias, hay muchas montañas y es difícil aterrizar».
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Tras casi una hora, llega el momento de aterrizar, pero los extensos campos de olivos no parecen facilitar la bajada. Al no haber posibilidad de tomar tierra, el globo sigue su camino, acompañado de tres coches por carretera, que recogerán a los pasajeros cuando aterricen. Al encontrar una gran explanada, el piloto comienza la bajada y pide a los viajeros que realicen el protocolo antes explicado: todos se agachan. «Atentos, impacto». La cesta toca el suelo en varias ocasiones hasta parar al completo: no ha volcado.
Los pasajeros aplauden y comienzan a salir. Tras una hora y cuarto de vuelo, buscan en sus móviles el lugar exacto en el que se encuentran: es el municipio de Alameda, a unos 20 minutos de Antequera. Una vez que llega el resto del equipo, todos comienzan a recoger el extenso globo. «Ahora toca reponer fuerzas», cuenta Benítez, que junto a sus compañeros traslada a los pasajeros a un hotel en el que les espera un completo desayuno para finalizar la jornada: mollete antequerano, café y cava.
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Tras un agradable desayuno en el que todos comentan su experiencia, los pasajeros comienzan a despedirse. «Nos ha encantado», comentan. Mientras tanto, Javier y su equipo continúan programando vuelos para las próximas semanas. Para dar el toque solidario, se organizaron tres vuelos cuyo importe íntegro fue destinado a Cruz Roja, con los que colaboran habitualmente. A Antequera, Sevilla y Arcos de la Frontera se sumará un nuevo destino próximamente: Almodóvar del Río.
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