Flavio Salesi es uno de los argentinos más pintorescos que vive en Ronda. Un hombre pegado a sus gafas de sol, sobre todo en verano, ... libre de convencionalismos, que lleva algo más de un tercio de su vida en la localidad (tiene casi 60). Le apasionan la arquitectura y el vino, a los que se dedica profesionalmente, junto con su socio Francisco Retamero, con el que gestiona un estudio y Bodega Descalzos Viejos, en la ciudad del Tajo, en un lugar idílico: al resguardo de las Cornisas de la garganta y sobre las ruinas de un monasterio del siglo XVI. Junto a uno de los estanques del espacio, atiende a SUR.
–¿Cómo acabó en Ronda?
– Conocí a Paco Retamero en la Costa. Por la Guerra del Golfo, la operación Tormenta del Desierto, el estudio de arquitectura en el que trabajaba, en Argentina, tuvo que reducir personal y me vine. Empecé a trabajar con Paco y después nos asociamos. Mi mujer seguía en Buenos Aires, donde estudiaba Medicina y se vino a Málaga. En Ronda llevamos más de 20 años, tenemos dos niñas, que nacieron aquí. Una es ingeniera industrial y la otra estudia para veterinaria.
–¿Y cómo acabó haciendo vinos?
– A las dos parejas, a Chelo y Paco y a Mariela y a mí nos ofrecieron esta finca. No estaba en nuestros planes, la compramos. Fue una cuestión de belleza pura. En esos momentos no pensamos en términos de dinero. Era un oportunidad comprar una finca tan especial, con ruinas de un monasterio del siglo XVI, con vistas espectaculares, con jardines, varios de ellos centenarios... En ese momento Ronda estaba dando un paso adelante, el último que tuvo... Participamos nosotros con el Restaurante Tragabuches, con los primeros hoteles rurales... Había una sensación de optimismo y de posibilidades de negocio y en este momento surgió el tema de los viñedos. Fue un momento en el que parecía tener sentido invertir en Ronda y el vino era una opción importante, así que nos lanzamos a la piscina.
–¿Tiene vinculación con el vino?
– Hay una cosa importante que a veces se deja de costado. España es un país de vinos y Argentina es un país de vinos. Mi abuelo bebía vino, mi padre... El de Paco tenía una tienda en Málaga que los vendía. Eran vinos de Jerez, Montilla... La irrupción de la cerveza en España supuso un cambio muy importante que, por ejemplo, no ha pasado en Portugal, donde te siguen ofreciendo vino en todas partes. El vino se abandonó poco a poco y cuando nosotros empezamos, había una camada de gente, de profesionales jóvenes, que tenía ganas de trabajar y propietarios que se arriesgaron.
–¿Y salió bien?
– A la vista está...
–¿Cree que los vinos de Ronda son conocidos?
– Al principio se criticaban mucho. Hoy hay 24 bodegas y poco a poco tienen su sitio en el mercado próximo y en el internacional.
–¿Hace falta promoción?
– Sí. Pensemos que tenemos entre todos no más de 300 hectáreas de viñedo. Esto en La Rioja o Castilla La Mancha es una explotación. Nosotros somos singulares, tenemos una gran diversidad de variedades, climática y de terruño y eso hay que comunicarlo. Lleva tiempo, esfuerzo y se tiene que hacer de manera sostenida. En ello estamos. En la pandemia, mucha gente acababa viniendo a la bodega y descubría vinos que no conocía. Sigue pasando, vas a la Costa y la gente se sorprende, pero también es cierto que cada vez hay más cartas que no solo tienen un vino de Ronda, sino varios.
–¿Son caros?
– Eso es una estupidez. La gente no tiene ningún problema en pagar un gin-tonic, pero sí cuatro o cinco euros por una copa de vino. No lo termino de comprender, aquí se pasa de la cerveza al gin-tonic y se salta el vino, puede ser por vergüenza, por desconocimiento... Eso no pasa ni en Francia, ni en Portugal. La cerveza y los gin-tonics están en manos de empresas multinacionales que tienen mayor capacidad de penetración en el mercado que el vino, al menos, el vino que hacemos nosotros, que es de producción más reducida, más artesanal. Pero es verdad que cada vez la gente se interesa más por el vino.
–¿Vino y juventud...?
– El vino nunca va a ser la bebida favorita de la gente de 20 años. Tendríamos que ser como La Rioja, en la que todo el mundo vive del vino y el producto está más a mano. Superado esto, el vino propone una atmósfera, un ambiente que de ninguna manera propone la cerveza, ni el gin-tonic. El vino recibe a todos por igual en una mesa, no necesita música alta, ni oscuridad, propone conversación, es un ítem cultural... Es una cuestión que ningún francés o italiano duda, nosotros es como si fuera algo de personas mayores...
–¿Cómo hay que beber el vino?
–El vino requiere atención. Si tienes que comprar queso para hacer bocadillos, no le darás muchas vueltas. Si vas a hacer un tabla para unos amigos que vienen a cenar... Intentarás que esté a temperatura, que se coman primero los más suaves para que se acostumbre el paladar... Pues el vino, lo mismo. Tiene que estar fresquito. Si tienes una cubitera, estupendo. Tiene que venir de la nevera.
–Dicen que el vino es bueno para la salud...
– Eso dicen muchos estudios, otros que hay que tener cuidado. Hoy en día uno de los grandes problemas que tenemos es la sobre información. El vino no deja de estar de moda y la gente quiere saber, los médicos se explayan... Si comes jamón de pata negra todos los días, te estás metiendo mucha sal... La moderación es el secreto, igual con el vino.
–¿Qué le gusta hacer en verano?
– Viajar, siempre voy donde llueve y hace frío. Me encanta el Norte de España. Este año, por la pandemia, toca Argentina, para ver a la familia. Leer, la música, festivales, beber vino, cerveza... En definitiva, pasarlo bien.
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.