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El águila suele ser el símbolo del Evangelio de San Juan, uno de los cuatro evangelistas junto a Mateo, Marcos y Lucas. Este fin de semana, las águilas sobrevuelan la vega antequerana con motivo de las XI Jornadas Cetreras de Andalucía que organiza la Asociación Cetrera del Sur (ACESUR), curiosamente presidida por un sacerdote, José Amalio González Ruiz, actual párroco en Coín y quien, águila en mano, mantiene su pasión y su afición.
Esa representación del Evangelio de San Juan con el águila «es una coincidencia» para el conocido popularmente como el «cura cetrero». «También le puede pasar al torero con el Evangelio de Mateo y el toro; o con el león y el ángel; todo lo que nos llama la atención tiene que ver con la fe. Mis dos pasiones son ser cura y ser cetrero», puntualiza González Ruiz.
Este cura, que estuvo destinado en Antequera durante su primera gran misión diocesana, ha regresado a la ciudad de los Dólmenes estos días con su pasión por la cetrería. «Es muy importante que Antequera lleve a gala apoyar estas jornadas cetreras», detalla González Ruiz mientras supervisa todos los detalles en las inmediaciones del camino de Mataliebres, donde se celebra el Campeonato Autonómico de Altanería con Perro de Muestra y Bajo Vuelo, Sky Trial y Copa FAC de Bajo Vuelo con Perro de Muestra con cetreros de toda España.
La pasión de este párroco por la cetrería comenzó de pequeño. «¿A quién de mi generación no le marcó Félix Rodríguez de la Fuente y sus programas en televisión? Recuerdo que estuviera haciendo lo que fuera, era escuchar la sintonía del inicio del programa y ponerme rápido delante de la televisión y no moverme hasta que terminara», rememora este cura. Ya de mayor, precisamente en Antequera, se decidió a desarrollar su afición por la cetrería. «Tras ordenarme sacerdote y asentarme en Antequera, busqué una afición y la encontré en la cetrería, una pasión que me lleva a desconectar del día a día, ya que me sumerjo yo solo en el campo», detalla. «El primer pájaro que me compré fue un águila de Harris. A partir de ahí me acerqué a este mundo y empecé a aprender lo que es ser cetrero. Entonces poco a poco encontré a la gente con la que comparto mi afición en la asociación que ahora presido», explica.
Con la cetrería destaca que consigue «el cariño y el afecto de los animales que están en contacto con la naturaleza. Me encantan todos, ¡hasta las bichas y las ratas!», enfatiza con su peculiar humor. Incluso pensó en ampliar el abanico más allá de las aves. «Un amigo mío me dijo que si quería serpientes que me las regalaba, pero una feligresa se enteró y me dijo, muy seria, que como la llevara ni venía ni a misa; así que me quedé solo con los pájaros», puntualiza entre risas.
¿Qué es para él la cetrería? «Conocer al ave de presa es el título de un libro que resume todo lo que es para mí y para los que estamos en este mundo». Y, siendo sacerdote, ¿cómo encuentra a Dios en la cetrería? «Aunque haya gente que no lo haya descubierto, la fe implica todo. Yo intento transmitir todo lo que me parece positivo, respetando a los que no lo comparten», sentencia.
Visitar una parroquia en la que esté al frente este sacerdote es entrar en un mundo diferente. «No es común entrar en un sitio religioso y encontrarte con pájaros, como pasa en mis casas. Ahora en Coín tengo seis, de las que volar solo lo hacen dos, las otras cuatro están para criar», explica.
A él el contacto con las aves le aporta «apertura a la naturaleza, a la creación... ¡son una pasada! Te ayudan a creer en Dios y a transmitirlo al que te acompaña, enseñándoles cómo se disfruta y, cuando lo consigues, se transmite», puntualiza.
Todo lo que sea reunirse con amigos cetreros le apasiona y este fin de semana comparte su pasión con cerca de un centenar de aficionados llegados a Antequera. «Esta cita es la tercera más importante del país tras el certamen internacional que se celebra en León y el de ámbito nacional de Osuna», explica de unos días donde el silencio invade el campo para apreciar el vuelo de las aves.
«La mayoría de las malas experiencias es por fallo nuestro, por no saber cómo tratarlas. El miedo es muy malo. A veces creo que hay que tener más miedo a las personas que a los animales», comenta.
Tras el encuentro de Antequera volverá a su parroquia en Coín, donde quien vaya a visitarle se encontrará con la oración al cetrero que él mismo creó. «Muchos niños vienen a ver los pájaros porque les sirve para estar en contacto con la naturaleza y si conseguimos que se queden en la parroquia, ¡mira qué bien!», puntualiza.
De ahí le vino la idea de crear la oración inspirada en la creación, donde «Dios tiene que guiar a los animales a respirar, a vivir, a moverse, a alimentarse... no lo podrían hacer por su cuenta. La creación es un camino para preguntarse por el misterio de Dios y cuando uno se acerca al mundo animal se hace estas preguntas».
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