Fachada del museo, en el Cortijo Casablanca de Pizarra. M.P.

El Cortijo Casablanca, un complejo turístico del siglo XIX que alberga el Museo de Pizarra

pizarra ·

Este espacio muestra una amplia colección donada en los años 80 por el artista norteamericano Gino Hollander y cuenta con hotel rural y restaurante

Domingo, 16 de enero 2022, 23:54

El artista norteamericano Gino Hollander (1924-2015) llegó a España en 1962. Fascinado por la cultura patria, comenzó a adquirir antigüedades y piezas históricas de ... todo el país y el norte de África, que hoy en día componen casi el 80% de la colección del Museo de Pizarra, la localidad en la que se instaló en 1968. La curiosidad particular de Hollander ha acabado siendo uno de los grandes puntos culturales de la comarca del Valle del Guadalhorce: este museo se ubica en el Cortijo Casablanca, una antigua alquería árabe que además alberga un hotel rural y un restaurante. «Contamos con un fondo de más de 6.000 piezas arqueológicas y etnográficas, pinturas, esculturas y mobiliario», explica Diego Manceras, director del museo.

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La exposición permanente se divide en dos grandes salas. Una de ellas es la de Gino Hollander, que recoge piezas arqueológicas de diferentes periodos históricos, así como material etnográfico y herramientas que recuerdan el trabajo de campo. Esta sala alberga una de las piezas más relevantes del museo: un bifaz (hacha de mano) que procede de Nairobi (Kenia) y data de un millón de años de antigüedad aproximadamente, según la documentación de Hollander. En ella se recoge que fue un regalo personal del paleoantropólogo británico Louis Leakey. «Esta pieza podría pertenecer al yacimiento de Olorgesaille en Kenia, que fue excavado por los Leakey en los años 40», apunta Manceras.

La colección arqueológica, una de las más amplias, abarca desde la Prehistoria hasta la Edad Media, pasando por íberos, romanos, visigodos, mozárabes y musulmanes. Además de interpretar la historia mundial, la muestra se centra en el Valle del Guadalhorce y sus pueblos. No faltan utensilios médicos, cerámicas, monedas o sellos de plomo, entre otras piezas.

Asimismo, cobra especial relevancia las 'puntas Palmela', piezas características de los ajuares, que provienen de las excavaciones llevadas a cabo en en municipio, concretamente en el yacimiento arqueológico de Castillejos de Quintana y La Ermita.

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La segunda sala de la exposición permanente es la de Agustín Clavijo, en homenaje al ya fallecido profesor de la Universidad de Málaga. Este espacio cuenta con una amplia muestra de mobiliario, también recopilado en su mayoría por el pintor norteamericano. Con bancos, arcas y arcones, se recrean diversas estancias tradicionales como una sacristía, un estudio, una cocina o un dormitorio. La exposición se completa con una selección de obras escultóricas y pictóricas de Hollander, dentro de la corriente del expresionismo abstracto.

Sala Gino Hollander. m.p.

Aunque la actual sede del museo, el Cortijo Casablanca, data del siglo XIX, tiene su origen en el siglo XV, según explica el director. Tras ser una alquería árabe, pasa a ser propiedad de Cristóbal de Mosquera, como recompensa de los Reyes Católicos por su ayuda en la toma de Málaga. Durante más de 300 años, el cortijo pasó por diferentes propietarios y en 1917 fue comprado por los Condes de Puerto Hermoso para dedicarlo al ganado vacuno. En 1985 fue adquirido por el Ayuntamiento de Pizarra, y tras su rehabilitación fue inaugurado como museo en enero de 1995.

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Antes de la puesta en marcha del museo municipal, el pintor creó el Museo Hollander, un espacio cultural en su casa particular de Pizarra, conocida como el Cortijo de Yeguas. Posteriormente, en 1988, Hollander cedió su colección al Ayuntamiento y volvió a Estados Unidos, donde falleció en 2015. Gran parte de su legado permanece hoy día en el Valle del Guadalhorce.

Años después de la creación del museo, el Cortijo Casablanca pasó a contar con un restaurante y un hotel rural, que completan la oferta turística. «También hemos creado una sala de exposiciones temporales en el museo, que tiene como objetivo dinamizar la cultura local y dar voz a los artistas pizarreños», explica Manceras, que recalca que este espacio se ubica a escasos metros de una de las rutas de la Gran Senda de Málaga. «Estamos a un kilómetro de Pizarra, y el lugar ofrece muchas actividades, es un entorno magnífico».

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