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Athina Onassis, a la izquierda de la imagen. Instagram
El regreso de la heredera Onassis: una vida de tragedias, fortuna y caballos

El regreso de la heredera Onassis: una vida de tragedias, fortuna y caballos

La nieta del magnate griego sorprende con su presencia en una gala en el Pompidou junto a Inés de Cominges

Joaquina Dueñas

Lunes, 31 de marzo 2025, 14:23

La vida de Athina Onassis ha transcurrido siempre en la penumbra. Su apellido, sinónimo de riqueza y tragedia, la ha mantenido en un delicado equilibrio entre la fama y la privacidad. Sin embargo, su reciente aparición en una exclusiva gala en el Centro Pompidou de París ha sorprendido a propios y extraños.

Vestida de negro, con una chaqueta brillante y un crucifijo sobre el pecho, la nieta del magnate Aristóteles Onassis fue retratada junto a personalidades del mundo del arte y la cultura. Entre ellas destacaba la aristócrata española Inés de Cominges, con quien compartió la velada. Su reaparición se produce después de varios años de ausencia en la vida social, marcados por su retiro de las competiciones hípicas, donde su presencia era habitual, y su alejamiento del foco mediático.

El pasado 29 de enero, Athina Onassis cumplió 40 años. Lejos de los grandes fastos que podrían acompañar a una heredera de su talla, la celebración fue discreta y sin apariciones públicas. La suya ha sido una vida marcada por la soledad, las disputas familiares y un constante intento de escapar de la maldición que parece acechar a su dinastía.

Desde su infancia en Suiza, bajo la custodia de su padre, Thierry Roussel, y su madrastra, Marianne «Gaby» Landhage, Athina ha luchado por definir su propio camino. A pesar de ser la heredera de una de las mayores fortunas del siglo XX, su vida no ha sido un cuento de hadas. Athina nació el 29 de enero de 1985 en Neuilly-sur-Seine, Francia. Su madre, Christina Onassis, hija única del magnate Aristóteles Onassis, falleció repentinamente en 1988, cuando Athina tenía apenas tres años. Desde entonces, su vida fue dirigida por su padre y un consejo de administradores que controlaba la colosal herencia familiar.

Criada en un ambiente distante de sus raíces griegas, la joven creció en Suiza rodeada de lujo, pero también de estrictas normas y sobreprotección. Su relación con la cultura griega fue tan escasa que, cuando cumplió la edad necesaria para asumir la presidencia de la Fundación Onassis, la junta directiva la rechazó por considerar que no estaba lo suficientemente vinculada al legado de su abuelo.

Athina encontró su refugio en la hípica. Desde joven, se volcó en la equitación y se convirtió en una jinete de élite en el circuito internacional de salto de obstáculos. Fue en este mundo donde conoció al jinete brasileño Álvaro Affonso de Miranda Neto, más conocido como Doda, con quien contrajo matrimonio en 2005.

Sin embargo, su historia de amor terminó en 2016 con un divorcio mediático, empañado por las acusaciones de infidelidad por parte de Doda. La ruptura no solo dejó a Athina devastada emocionalmente, sino que también reavivó su deseo de alejarse del escrutinio público.

El apellido Onassis sigue pesando sobre ella. La tragedia ha sido una constante en su linaje: la muerte de su tío Alexander en un accidente aéreo en 1973, la desaparición prematura de su madre, Christina, y los constantes litigios por la fortuna familiar han convertido a Athina en la última heredera de un imperio marcado por la desdicha.

Pese a poseer una de las mayores fortunas del mundo, estimada en varios cientos de millones de dólares, ha optado por una vida discreta, lejos de los lujos excesivos y las grandes fiestas. En su entorno la describen como una mujer reservada, amante de los caballos y reacia a las apariciones públicas.

La reciente reaparición de Athina Onassis en el Pompidou ha generado preguntas sobre su futuro, planteándose la posibilidad de que regrese a la vida social. De momento, su prioridad sigue siendo la hípica. Aunque ya no compite activamente, sus caballos continúan participando en los circuitos internacionales de la mano de jinetes profesionales.

Lo que está claro es que Athina Onassis sigue siendo un enigma que aviva la curiosidad allá donde va. Aunque prefiera el anonimato, su sola presencia sigue despertando interés, tal como ha sucedido con su aparición en el museo francés.

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