nuria rozas
Lunes, 1 de agosto 2016, 00:06
Cuando era pequeño, se le quedó grabada una frase que le dijo su padre: «No me importa si quieres ser barrendero, pero quiero que seas el mejor». De sus progenitores, reconocidos carniceros, heredó el amor por el trabajo y la destreza con los cuchillos, aunque en su caso fueran periodísticos y le sirvieran para diseccionar la actualidad. A sus 73 años, sigue al pie del cañón, sin jubilarse y negándose a hacer «programas de abuelo cebolleta».
Publicidad
¿Aún se ve como un becario?
(Risas) Yo siempre me siento como un becario, desde el día que empecé hasta hoy. Cuando inicias un programa te sientes un novato.
¿Cómo ve la política dentro de veinticinco años?
Como la política no revise a fondo sus actitudes, va a poner en peligro el sistema. Está siendo arrollada por el poder financiero y el cortoplacismo e irá desacreditándose y perdiendo entidad en favor de oportunistas y bocazas.
«Los partidos nuevos parecen viejos». ¿La política corrompe?
No, el problema es que la democracia está roñosa y anticuada. Hay que dinamizarla porque empieza a dar síntomas de ineficacia.
Hay mucha gente que teme a Podemos. ¿Comparte su miedo?
No, yo tengo la necesidad de saber cuáles son sus ideas. Al igual que ellos. Podemos es un movimiento de enorme valor que ha recogido el hartazgo de la sociedad. Solo que su definición no se ha perfilado aún y dan señales contradictorias. Pero no le quita el mérito de haber conseguido 71 diputados. Tienen que madurar.
Publicidad
Decía que estaban a caballo entre la virginidad y el matrimonio.
Sí, quieren ser socialdemócratas y comunistas al mismo tiempo. Y ese enfrentamiento ha sido uno de los más graves de la historia. Quieren liberarse de todo lo anterior, pero a la vez tener poder.
Usted también está acostumbrado a mandar. Es el mayor de nueve hermanos y con veintisiete años ya era jefe. ¿Ha nacido para ser el líder de la manada?
No lo sé, pero desde muy pequeño me tocó cuidar de mis hermanos por ser el mayor. Tenía que hacer de sargento para que mis padres no se suicidaran. Ja, ja. ¡Y en las empresas siempre me ven con cara de experiencia en la gestión y me tocan todos los embolados!
Publicidad
Tiene fama de echar muchas broncas.
Sí, también en el trabajo. ¡Siempre he sido muy exigente y duro! Pero alguna particularidad se dará porque he echado alguna bronca fuerte y, sin embargo, mis compañeros me quieren mucho. ¡He procurado también elogiar!
Las crónicas dicen que tiene «brotes de mala leche espectaculares». ¿Qué le enfada?
Siempre he creído que las cosas hay que hacerlas bien. No acepto las chapuzas, me ponen malo. ¡Quiero que la gente se coloque en el nivel máximo de exigencia! ¡Si luego no salen, soy muy comprensivo con los fallos!
Publicidad
Sus padres eran carniceros. ¿Cuál es el secreto para obtener buenos solomillos en la vida?
¡Mis padres eran muy buenos en lo suyo! Pero porque trabajaron como bárbaros, no porque nacieran con el virtuosismo de cortar solomillos... (Carcajadas) ¡Y la mayor lección que aprendí es que hay que trabajar duro y ser muy bueno en lo tuyo! Todos los hermanos compartimos estos rasgos.
Recuerdos perfumados
En su programa habla de la igualdad de sexos. ¿Qué han significado para usted las mujeres?
Mi familia siempre ha estado muy marcada por los chicos. Pero la siguiente generación se ha vengado: tengo tres nietas. Yo descubrí a las mujeres en la universidad, estudiando Filosofía y Letras, porque eran cuarenta chavalas y éramos dos chicos. Me sentí muy afortunado, aunque no nos consideraban ni chicos, porque les gustaban los mayores. ¡Nos veían como compañeras de clase!
Publicidad
Es popular que en el País Vasco no se liga. ¿Lo corrobora?
¡Corroboradísimo! (Carcajadas). Yo no sé si los vascos siguen igual porque el mundo ha cambiado... Pero yo he sido el campeón del mundo de las amigas. ¡Siempre tuve muy buena relación con las mujeres! Pero el capítulo ligatorio... ¡Flojo, flojo!
Los tiempos no han cambiado, se sigue ligando poco por aquí.
Debemos tener un problema en el disco duro los vascos, ja, ja.
¿Cómo recuerda sus veranos?
En San Sebastián, en la playa, y en Andoain, donde descubrí el campo y el monte. Mi madre dijo una vez una frase que me dejó impresionado: Me di cuenta de que os estábais yendo de casa cuando al recoger ya no había arena. En invierno y en verano jugábamos al fútbol en la Concha. Es un recuerdo perfumado, no puedo evitar emocionarme...
Noticia Patrocinada
Los que hemos nacido junto al mar, le tenemos mucho apego.
Además, insuperable. Llevo años en Madrid, y no hay manera de curar esa nostalgia. Siempre pienso que en alguna bocacalle lo veré. Y cuando vuelvo al Cantábrico, ¡me pega un cañonazo dentro...!
Suscríbete durante los 3 primeros meses por 1 €
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión
Te puede interesar
Publicidad
Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación.
Si continúa navegando acepta su uso. ¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?. Más información y cambio de configuración.