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Ninguna película de esta edición ha levantado tanta expectación. El pase de prensa agotó las localidades, con colas en la taquilla hasta momentos antes de la proyección por si alguna butaca suelta quedaba libre. Había ganas de ver esa pequeña película de Estibaliz Urresola que había conquistado a la Berlinale, con un Oso de Plata a la mejor interpretación para su protagonista, Sofía Otero, que en unos días cumple los 10 años. Y, a juzgar por los aplausos y las lágrimas de emoción de la sala, '20.000 especies de abejas' también conmovió al Festival de Málaga. Un retrato tierno, duro y cargado de verdad de una infancia trans que llega al espectador.
El punto de partida de '20.000 especies de abejas' tiene un nombre propio: Ekai Lersundi, el adolescente de 16 años que se suicidó en 2018 cansado de batallar para que se reconociera su verdadera identidad. «Supuso un pequeño despertar, empezamos a mirar hacia allí. Hasta ese momento las infancias trans no formaban parte del imaginario del cuerpo social», apuntó Estibaliz Urresola. Pero es que la misma semana del estreno de este filme en Berlín, un menor trans de 12 años se quitó la vida en Barcelona. «Demasiado sufrimiento para encajar en un sistema rígido como el que habitamos», lamentó la directora.
Esta película pretende tender «un puente» entre esas dramáticas realidades y un escenario diferente donde una niña como Cocó -el nombre que usa hasta reconocerse como Lucía- «puede encontrar el abrazo, el apoyo de la familia y la aceptación» de su entorno. Para hacerlo, Estibaliz Urresola se entrevistó con familias que estaban «transitando», porque este es un proceso que implica a todos. «Me decían que quienes habían hecho el tránsito no era tanto sus hijos o sus hijas, sino ellos», explica. Los chicos y chicas trans saben cómo se sienten, pero es el resto quien tiene que «transformar su mirada». «Eso nos interpela como grupo social», indica.
Por eso, '20.000 especies de abejas' se construye como una colmena familiar (con la apicultura como telón de fondo) con tías, abuelas, hermanos, primos… que reflejan ese cambio progresivo en la forma de ver y entender a Cocó y su tránsito de Aitor a Lucía. Los primeros en hacerlo, como descubrió Urresola al entrevistarse con las familias, siempre son los hermanos, los niños, los que todavía no arrastran los condicionantes sociales. «Y nos da cuenta de la generación que viene».
La película se sostiene en un buen guion pero, sobre todo, en la magnífica interpretación de Sofía Otero. La pequeña, que hace menos de un mes levantaba el Oso de Plata en Berlín, estuvo en Málaga posando en el photocall para los fotógrafos e incluso se asomó un momento a la rueda de prensa, pero sin hacer declaraciones por expreso deseo del equipo del filme. En su lugar, correteaba por la calle Alcazabilla con el resto del elenco infantil. Como la niña que es. «Tiene un mundo emocional muy rico, ha sido un placer trabajar con ella», apuntaba la directora.
El mayor reto de Urresola fue, mantiendo a Cocó en el centro, conseguir que la constelación de mujeres que la rodean tuvieran su propio desarrollo como personaje. La niña «no aporta en realidad una situación de conflicto sino una oportunidad de aprendizaje y renovación de los vínculos familiares», resaltó junto a las actrices Ane Garbarain y Patricia López Arnaiz
El interés por '20.000 especies de abejas' eclipsó los otros dos estrenos de la sección oficial, también de dos mujeres debutantes. 'La pecera', de la portorriqueña Glorimar Marrero, reivindica el derecho a la muerte digna de un enfermo terminal desde la isla caribeña de Vieques, un pequeño paraíso que, como la protagonista, está diagnosticado de una dolencia mortal con la contaminación de sus aguas tras 60 años de prácticas militares de EE UU. En 'Las hijas', Kattia G. Zúñiga reproduce el viaje que hizo de adolescente con su hermana de Costa Rica a Panamá en busca de su padre. Una historia a la que ella regala un final diferente empoderando a las chicas frente a un padre indiferente.
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