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–Bueno, como se dice en Andalucía: ¿Y tú de quién eres?
–Yo soy de un matrimonio de autónomos que tenían una droguería, después ... perfumería, en Rota.
–¿Nació en Rota?
–En Rota. Bueno, nací en Cádiz, porque nacemos allí en el hospital. Pero he vivido en Rota toda mi vida. Y mi padre fue concejal del PSA, de ahí venía una parte de la política en casa. Mi madre, una trabajadora incansable, venía de trabajar desde los 20 años en Galerías Preciados siendo comercial por todo el país, una mujer muy especial.
–Su madre trabajaba por toda España, no sólo en Cádiz.
–Mi madre era comercial de grupos cosméticos y fue a la perfumería de mi padre, donde lo conoció y ahí ya se quedó con él. Y de ahí la familia Rodríguez-Rubio Vázquez.
–¿Tiene hermanos?
–Sí, un hermano.
–¿Y a qué se dedica?
–Profesor también como yo, de Educación Física.
–No me ha dicho su edad.
–Yo tengo 40 años.
–¿Dónde estudió?
–En un colegio público, en el San José de Calasanz de Rota.
–Y cuando termina la educación básica, ¿qué estudió?
–Pues estudié en su momento, ya soy yo vieja, BUP y COU. (Risas). Decir ahora que estudiaste eso es como la prehistoria. Pues estudié eso, hice selectividad y me fui a estudiar a Sevilla.
–Ah, estudió en Sevilla. ¿Residencia, piso compartido o casa de un familiar?
–Al principio en casa de un familiar, de mi tía Esperanza, que es como la matriarca de mi familia. Es la hermana de mi madre, que es de Sevilla, del barrio de la Macarena. Y cuando yo me fui a Sevilla pues me fui a vivir con la familia de mi madre al principio, aunque luego por circunstancias...
–Su madre es sevillana.
–Sí, sí. De la Macarena.
–¿Y su padre?
–Mi padre roteño de toda la vida.
–¿Viven?
–Sí, sí, sí. Viven.
–¿Siguen trabajando o están jubilados?
–Están jubilados.
–¿Los visita a menudo?
–A mi madre la tengo muy cerca, vive prácticamente en mi barrio. Pero mi padre sigue viviendo en Rota, entonces voy a verlo regularmente, pero mi madre es la que vive conmigo a diario y me está ayudando con mis niñas.
–¿Cuándo empezó a trabajar de profesora?
–Bueno, empecé a trabajar de otras cosas antes. Durante la carrera, cuando dejé de vivir con mi tía y había que pagar un piso, me puse a trabajar en la hostelería, esos fueron mis primeros trabajos, en la calle Mateos Gago de Sevilla, en el barrio de la Giralda. Luego cuando terminé la carrera empecé a trabajar como becaria de la Universidad de Cádiz con cargo de proyecto, de esas becarias que sirven para todo y sueldo cortito.
–¿Porque estaba empezando a hacer un doctorado o algo?
–Sí, un doctorado de Inmigración e Interculturalidad. Yo estudié Filología Árabe.
–¿No estudió Magisterio?
–No, estudié Filología Árabe y empecé mi doctorado, empecé a hacer investigación y luego me presenté a las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.
–¿Para un instituto?
–En instituto.
–Y sacó una plaza.
–Y me saqué una plaza de Lengua Castellana y Literatura. Siempre me gustó mucho la docencia, mi abuela fue maestra y tiene una plaza en Rota, 'Maestra doña Nati'.
–¿Era dura con los niños? ¿Suspendía mucho?
–No, qué va. Yo era la maestra guay porque era más joven y mi forma de ganarme el respeto de los alumnos, que yo respeto todas las técnicas, no era por la vía de la autoridad ya que no tenía características físicas ni experiencia para eso. Yo intentaba ganarme el respeto de los niños por la vía del cariño.
–¿Suspendía a los chavales?
–No, porque yo creo que el objetivo no es tanto poner notas, sino hacer que mejoren y quieran adaptarse a sus capacidades y condiciones previas. Hacer que desde el principio de curso hasta el final sean mejores personas con mayores conocimientos sobre la materia que a mí me tocaba, en este caso la Lengua Castellana y Literatura.
–¿Cuál es su autor favorito?
–Bueno, si tuviera que decir a uno seguramente sería Miguel Hernández.
–¿Le gusta la poesía?
–Sí, de hecho hice mis pinitos. Hacía mis poemitas.
–¿Ha publicado?
–No, sólo para mí. También empecé a participar en una chirigota, con lo cual escribía cuplé.
–Eso le iba a preguntar, ¿es más de chirigotas o comparsas?
–De chirigotas. Aunque cada vez me gusta más la comparsa, que verdaderamente es porque no soy de Cádiz. Cuando llevas allí mucho tiempo aprendes a apreciar la comparsa clásica, los ritmos y los sabores. Al principio cuando era aficionada al Carnaval lo que más llama la atención son las chirigotas.
–¿Y escribió para una chirigota?
–Sí, en una callejera que teníamos antes de que empezara todo este follón de Podemos.
–¿Recuerda el tipo?
–Hemos llevado dos tipos: uno íbamos de mujeres del PP, que me tocaba ir de Fátima Báez; en otro íbamos de vírgenes dolorosas.
–¿Cuándo le llega el amor? ¿Era una ligona?
–Nada, lo normal. Ni mucho ni poco, hacía lo que podía.
–Hombre, los veranos con...
–Con los veraneantes, claro. Recuerdo que era la época que había más 'mercado'. Me acuerdo cuando se iban los veraneantes que nos volvíamos a ver las caras los mismos de siempre en la plazoleta donde se salía de marcha.
–O sea, que tuvo amorcillos de verano.
–Por supuesto, claro que sí. Todo lo que pude, pero es verdad que tuve varias relaciones estables y ya después mi pareja definitiva en Podemos.
–¿Conoce a Kichi, el alcalde de Cádiz, por su relación política?
–Sí, y sindical también.
–¿Tardaron mucho tiempo en irse a vivir juntos?
–Sí, bueno hubo un tiempo prudencial que ahora mismo no sabría decir. Más o menos un año puede ser, no recuerdo bien.
–¿Se ha casado con él?
–No, de momento no. La verdad es que nos íbamos a casar, pero empezamos a tener las niñas y vino la lactancia, de hecho todavía estoy dando el pecho. Y casarme para tomarme una cerveza sin alcohol tiene guasa. Ya nos casaremos.
–¿Cuántos hijos tiene?
–Tengo dos con él, pero en la familia son cuatro, porque él viene de una relación anterior con dos niños.
–¿Viven juntos ahora?
–Un día sí y un día no tenemos cuatro niños en casa.
–¿Qué edad tienen sus hijos?
–Los mayores doce y ocho, y las chicas tienen tres y año y medio.
–¿Las chicas se refiere a las que ha tenido usted?
–Sí.
–A raíz de lo que hemos visto en los debates, ¿cuándo piensa usted hablarle de relaciones sexuales, de sexo, a sus hijas?
–En cuanto lo vayan demandando, verdaderamente es algo que va surgiendo. La cosa es generar la confianza suficiente como para que te pregunten a ti y no lo busquen en Internet o se confíen de lo que les digan, sino que tengan contigo la suficiente confianza como para preguntarte y hablarte sobre determinados temas.
–¿Sobre qué edad calcula que puede ser eso?
–Pues eso puede empezar a pasar a partir de los siete u ocho años, ya empiezan a tener pulsiones con otros niños o niñas. Bueno, el impulso sexual es una cosa del ser humano desde chicos que se empiezan a tocar y hay quien dice: 'No te toques, no te toques'. Pues esas cosas hay un ámbito para hacerlo, que no está mal, es saludable, pero hay que hacerlo con el respeto por el propio cuerpo y la intimidad. Todas esas cosas hay que enseñarlas a los niños, no hay que decir: 'No te toques', que es lo que siempre hemos escuchado, como si fuera a caerse.
–¿Por qué entró en política?
–Tengo dificultades para saber el motivo exacto, porque era muy chica, desde muy pequeña he tenido yo ese impulso por participar política o socialmente.
–¿Era de las que cogía el megáfono en el instituto?
–Sí, la delegada de los alumnos, la que cuando había una huelga y se estudiaban los motivos, los explicaba clase por clase... Lo identifico mucho con la guerra de Irak del año 90, si tengo que regular algún momento histórico que a mí me marcara, que tenía yo nueve años.
–¿Con nueve años ya tiene usted ese impulso político?
–Me acuerdo perfectamente cuando la guerra de Irak del año 90, el ruido de la guerra. Vivía en Rota, la base militar, y veía al día siguiente los bombardeos en la tele. Ahora es que los niños no ven los telediarios pero en esa época los niños veíamos el telediario que era lo que había. Recuerdo las imágenes de los bombardeos y la sensación de haber escuchado todo ese dolor el día antes al lado de mi casa, saber que esos aviones iban de mi propio pueblo. Y recuerdo también las imágenes de las hambrunas en Somalia...
–Eso ahora no se ve, está como apartado.
–Sí, recuerdo que eran imágenes que me golpeaban. Y era gente que no conocía de nada, no tenía por qué sentir un impulso de hacer algo al respecto y, sin embargo, eso surgió. Y hay una cosa que tiene que ver con el cristianismo, yo tengo una educación cristiana.
–¿Sus padres son católicos?
–No, pero yo sí lo era. Mis padres no eran tampoco especialmente católicos ni ateos.
–¿Es católica?
–No, ahora no. Pero lo he sido durante mucho tiempo y mi formación tiene mucho que ver con eso. Con mi abuela iba a misa todos los domingos. Hice mi comunión, me preparé para la confirmación y justo antes de hacerla fue que... El impulso por ayudar a otros, el cristianismo está cargado de mensajes de solidaridad con los demás.
–¿Y por qué se salió?
–Son reflexiones más filosóficas sobre la existencia de Dios, y tienen que ver también con mi formación en la escuela y con estudiar Filosofía sobre por qué el ser humano crea y tiene esa necesidad de pensar en una fuerza que le supera, que está por encima de él.
–¿Habla árabe?
–Ahora tendría muchas dificultades. Dicen que los idiomas son como los novios, si no le dedicas diez minutos al día, te dejan. Pues con los idiomas te pasa algo parecido. Yo puedo hablar una conversación muy básica para pedir en un restaurante o para hablar del tiempo, o para hablar de cómo está tu padre o tu madre.
–¿Llegó a dominarlo?
–Hombre, mucho más que ahora desde luego. Aunque el árabe es un idioma bastante complicado. Pero vivía en casa de una cristiana que tenía un cuadro del Papa en el patio y otro de Nasrallah, que entonces era el líder de la guerrilla libanesa, porque en aquel momento fue la Guerra de los 33 Días con Israel. Como quien consiguió ganar la guerra fue él, que era un tío musulmán a tope, pero ella se identificaba con que el Líbano le había ganado una guerra a Israel.
–¿Ahí fue cuando usted abandonó el catolicismo?
–Antes. Yo había hecho una reflexión previamente con carácter personal, estaba yo en el instituto cuando dejé de creer en Dios.
–¿Y se lo dijo a su abuela?
–Mi abuela la pobre estaba ya mayor en esa época, entonces yo creo que ni se enteró de que había dejado de creer.
–No le quiso dar el mal rato.
–No, no.
–¿Qué pasaría si se le mete un okupa en su casa de Rota?
–Pues complicado porque mi padre vive allí.
–Pongamos un supuesto. ¿Qué haría si tiene una casa de veraneo y se meten unos okupas, intentaría desalojarlos?
–Sí, pero me interesaría antes por la situación de esa familia e intentaría ayudarle a encontrar una alternativa habitacional, pero vaya esto es hablar sobre una hipótesis muy larga, porque yo no tengo casa de verano.
–¿Qué piensa cuando le dicen feminazi?
–Ahora ya me da igual, ya hasta saco pecho.
–¿Se lo han dicho muchas veces?
–Hombre, en redes se prestan a ese tipo de cosas. Pero si feminazi es defender la igualdad entre hombres y mujeres y los derechos conquistados, pues yo que sé…
–¿Se siente orgullosa?
–Me siento orgullosa de ser feminista, sé que feminazi tiene otras connotaciones, pero me da igual, no me afecta. Si puedo me cachondeo.
–Veo que tiene varios tatuajes, ¿cuántos tiene?
–Tengo tres.
–¿Nos puede explicar cuál es el significado?
–En el pie tengo un tatuaje que me hice después de leer un libro de Antonio Manuel Rodríguez que se llama 'La huella morisca', que habla sobre qué parte de la cultura de Al–Ándalus se nos quedó debajo de la piel. Entonces me quise tatuar mi huella morisca, porque es realmente un tatuaje típico saharaui de los que se hacen con henna.
–¿Tiene dos más?
–Luego tengo 'Ojalá' en la espalda, que es una palabra que me encanta, que me evoca muchos recuerdos y que reproduce la tipografía de la discografía de Silvio Rodríguez que tiene una canción muy famosa que se llama 'Ojalá' y que la discografía tiene esa tipografía de la palabra. Y tengo el símbolo feminista aquí, debajo del brazo.
–¿Se lo hizo hace mucho tiempo?
–No, este es muy reciente. La verdad es que los tatuajes enganchan eh, empiezas con uno y... En Cádiz hay mucha gente con tatuajes, en los sitios de costa.
–¿Sus hijas cómo se apellidan?
–Mis niñas son González Rodríguez Rubio.
–Tienen el apellido de Kichi antes, ¿no hablaron del tema?
–Le dimos una pensada, pero es que resulta que González es el segundo apellido de mi madre, mi abuelo, el padre de mi madre, tenía un montón de guasa, con lo cual su apellido Vázquez, no sé. González es el apellido de mi abuela materna que es digamos el referente, mis dos abuelas. Daba la casualidad que el primero de Kichi era el segundo de mi madre y pensé que era bonito para acordarme de mi abuela Pepa también.
–¿Por eso no intentó que fuera la niña primero Rodríguez?
–Lo hablamos, lo pensamos, pero al final fue el del padre por esa coincidencia además que es de mi abuela materna.
–¿Por eso no plantó batalla?
–No hubiera tenido que plantar batalla en este caso.
–¿Cuando está con su marido en la intimidad habla lenguaje inclusivo?
–Bueno, quizás con mi marido no. Pero con mis hijastros y mis hijas sí, más porque ellos también hablan mucho con lenguaje inclusivo, incluso ellos mismos me corrigen a mí si les digo: 'Vamos a jugar con los niños' y si hay un montón de niñas a ellos les sale decir 'y con las niñas'.
–¿Tiene ayuda en casa?
–No. Las tareas domésticas las hacemos como podemos.
–¿Está repartido?
–Está repartido. También, porque yo estoy pendiente de que lo esté. De forma natural yo he sido más educada a limpiar.
–O sea, que hay que pincharle al Kichi para que...
–Como a todos los hombres, eh. Normalmente tienen menos interiorizado eso de la limpieza y los cuidados. Lo que más valoro de él es que reconoce siempre los errores, es lo que más le valoraría.
–¿Va mucho a la playa?
–No, no... Era playera de chica porque era la guardería de todos los niños del pueblo cuando llegaba el verano. Ahora voy poco, voy a ir más por mis niñas, pero evidentemente desde que empezó la política y este follón he empezado a ir menos a la playa. Pero ya te digo, ahora con las niñas me veo obligada a ir a la playa.
–¿Le gusta hacer topless?
–No, no he sido yo muy de 'topless'. A lo mejor en eso de haber sido cristiana y católica pesan ese tipo de cosas.
–¿Nunca lo ha hecho?
–Sí, alguna vez, pero no me gusta. Me da cosa, me da apuro, ahora más.
–¿Alguna vez cuando ha ido el fontanero a su casa ha pagado sin IVA?
–Pues claro, sobre todo porque me lo ha pedido el fontanero o el electricista. Ahora procuro no hacerlo desde que estoy en política, de hecho a veces se da por hecho, te preguntan: '¿En B o en A?'. No me lo preguntes. Ya no lo hago.
–Pero lo ha hecho.
–Claro, pero porque entre otras cosas el profesional mismo es el que te dice que le conviene más hacerlo de esa manera.
–¿Tiene un país modelo?
–No, ya no. A lo mejor en otras etapas de mi vida he sido más romántica con otros modelos.
–¿Cuál le gustaba?
–Sobre Cuba especialmente he tenido una visión muy plural, porque he sabido reconocer que ves a un niño negro con gafas y con aparato en los dientes porque se lo paga la Seguridad Social, donde la sanidad funciona, pero por otro lado también he criticado la falta de democracia y necesidad de pluralismo político. Por eso te digo que no tengo un modelo único, sino que hay cosas que me gustan de varios lugares y que hay que caminar en la dirección de construir un modelo propio, que es lo más importante. Me gustan mucho los niveles de igualdad que se dan en Dinamarca, de igualdad entre hombres y mujeres y de igualdad social, han hecho un trabajo sistemático para conseguir ser sociedades más iguales, que por eso son más prósperas. Me gusta mucho el sistema educativo finlandés, me parece que en Alemania hay determinados derechos laborales que se han consolidado gracias al movimiento obrero de los que podemos aprender...
–¿Y político? ¿Tiene alguna referencia?
–Parece un tópico, pero Julio Anguita fue el que me hizo meterme en el activismo. Yo estaba en el movimiento estudiantil, en el movimiento antiguerra y en aquella época eran los insumisos, ese fue el primer sitio en el que yo me metí a hacer militancia. Era una mica, tenía 10 o 12 años.
–¿Qué opinión tiene de Pablo Iglesias?
–Pues también tengo una opinión muy diversa, con muchas caras. Evidentemente mi relación con él no es buena, nosotros acabamos con un plantón. Yo estaba de permiso de maternidad y me expulsaron del grupo parlamentario y del partido sin previo aviso, se supone que habíamos llegado a un acuerdo. De hecho hicimos un vídeo de que podíamos nosotros dejar de dirigir Podemos Andalucía porque teníamos una crítica al tema de los gobiernos con el PSOE y a la necesidad de una voz propia andaluza, pero que podíamos seguir coexistiendo en espacios más amplios, que no era incompatible seguir juntos. Y, de repente, sin aviso y con Candela recién nacida me encontré con la noticia en la prensa de que habían registrado con el acuerdo el resto de partidos de la Cámara, incluyendo a Vox, una votación en la mesa para expulsarnos a once diputados de un grupo de 17. Entonces yo le pedí explicaciones a él porque era con el que había llegado a un acuerdo de coexistencia y él nunca me respondió a ese mensaje.
–¿Le ha decepcionado Pablo Iglesias?
–No, decepción no. Simplemente a mí me la ha jugado, me ha traicionado, a mí y a la palabra que entendí que habíamos acordado. Pero ahora lo importante es mirar para adelante y estamos en construcción de un partido andalucista sin tutela y sin tener que llevarnos bien con nadie en Madrid.
–¿Tiene el reto de superar a Inmaculada Nieto?
–No, yo tengo el reto de superar a las derechas entre todos y todas.
–¿Es Olona su enemiga íntima?
–No es íntima, es mi enemiga pública.
–¿La saluda?
–No.
–¿No le dirige la palabra?
–No, no. Yo no soy hipócrita, a mí me parece una mala persona políticamente. No sé cómo será en la intimidad, ni me interesa.
–Hablando de torrijas, ¿quién hace las torrijas de su casa?
–Yo.
–¿Kichi no cocina?
–Yo cocino poco también, eh. Pero sí que alguna vez he hecho torrijas, es que a mí me encantan. A quien más le gustan las torrijas en mi casa no es al Kichi, eso fue una broma por lo que dijo Olona de las comilonas del Kichi. A quien de verdad le gustan las torrijas es a mí, me encantaría que hubiera todo el año y estar en agosto comiéndolas en la playa. Menos mal que no, porque si no me iría rodando al Parlamento.
–¿Es usted deportista?
–Lo he sido siempre.
–¿Qué hacía?
–Lo que más he hecho ha sido baloncesto y natación.
–¿De qué jugaba al baloncesto?
–De pívot, porque era la más alta en ese momento. Luego me quedé más chica y empecé de alero, pero soy buena cogiendo rebotes.
–¿Cuánto mide usted?
–Mido 1,70. Digamos que me puse larga pronto y ya luego me quedé ahí, en el instituto era bastante alta y siempre se me ha dado bien bloquear y coger rebotes. El balonmano también siempre se me ha dado bien, voleibol, muchos deportes de equipo.
–¿Y ahora?
–Ahora estoy apuntada a zumba y no voy nunca. Estoy intentando retomar el deporte cuando acabe la campaña.
–Se me ha olvidado preguntarle los nombres de sus hijas.
–Aurora y Candela. La mayor tres años y año y medio la chica.
–Nombres andaluces. ¿Será de las madres que den un cachetillo si se portan mal?
–Yo voy a intentar que no. Obviamente lo que hemos aprendido en casa...
–¿A usted le han dado?
–No, no me han dado mucho. Mi madre ha sido de cogerme de la camiseta y darme un meneo, pero nunca me ha pegado ni mi madre ni mi padre. Pero muchas veces me reconozco en mi madre, entonces voy a intentar hacerlo lo mejor posible y no recurrir a la fuerza física, sino recurrir a otras formas.
–¿Ha ido a muchas manifestaciones o huelgas donde ha habido enfrentamientos con la policía?
–Sí.
–¿Ha tirado alguna vez algo a la policía?
–No, nunca.
–¿Ha recibido por parte de la policía algún gomazo?
–Nunca. No, he corrido. Hace poco en la huelga del metal nos tocó correr a todo el mundo. Lo más duro para mí en ese sentido fue el movimiento antiglobalización, las manifestaciones de Génova en 2001 y que hubo un muerto, yo estuve ahí. Eso es lo más duro que he vivido.
–¿Qué música le gusta?
–Últimamente nada más que escucho flamenco, me ha dado por ahí. Pero he escuchado todo tipo de música. Yo he sido muy rockera...
–¿Ha ido a muchos conciertos?
–A muchos conciertos, a muchos festivales... Me encantan.
–¿Ahí ha caído algún porrillo?
–Sí, alguno ha caído. Lo que pasa que me sentaban muy mal, yo me ponía malísima. Entonces hace mucho tiempo que ya no, me di cuenta enseguida que no me divertía, sino que me dormía o me caía para atrás.
–¿Ha pasado el Covid?
–Dos veces, sí.
–¿Pensó que le podía pasar algo malo?
–No, no soy hipocondriaca. En eso los hombres son peores, el Kichi lo ha pasado y lo ha pasado peor que yo, aunque era la misma variante. Pero vaya, el Kichi, mi hermano, todos los hombres que conozco han pasado el Covid mucho peor que las mujeres que conozco. Estuvieron más malos, más tiempo tumbados, pero vaya que eso es un clásico masculino. Tengo una vecina que dice: 'Prefiero coger el covid yo que mi marido'.
–¿Le gusta mucho viajar?
–Hace tanto tiempo que no viajo... Me gustaba, ¿a quién no le gusta viajar?, aunque no he sido muy viajera, por los países árabes he viajado mucho por lo de estudiar. Nosotros somos de camping, nos encanta el camping porque allí todo el mundo está contento, no puedes ver a nadie disgustado, eso es una relajación total. Para mí es lo ideal, me dan un hotel de cinco estrellas y prefiero irme a un buen camping.
–¿Hay alguna ciudad que le gustaría conocer?
–Jo... Todas. Tengo muchas ganas de poder visitar el norte de Europa, me apetece Islandia, Dinamarca, Noruega...
–El sexo en campaña, ¿cómo va?
–Va fatal, pero es de lógica, fatal, peor que mal. Sí, sí...
–¿Nada de nada?
–Nada de nada. (Risas)
–Muchas gracias y mucha suerte.
–Muchas gracias por la invitación.
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