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ANTONIO GUERRERO
Lunes, 10 de marzo 2025, 01:00
Las pymes se enfrentan a crecientes desafíos en este cada vez más complejo e incierto entorno. Sin embargo, el problema no está en las circunstancias ... externas sobre las que no se puede influir, sino en activar palancas clave: profesionalización, innovación y dirección humanista, que ayuden a desarrollar capacidades internas para anticiparse.
Profesionalizar no es burocratizar, sino pasar del instinto al método (esencial cuando las empresas alcanzan cierta dimensión y, en consecuencia, más complejidad), y establecer un sistema de Planificación, Objetivos y Resultados. Pero como paso previo el empresario o directivo debe hacerse preguntas esenciales como: ¿quién soy? ¿qué quiero? ¿cómo lo quiero? Una vez contestadas deberá hacer un plan y definir iniciativas con acciones claras, sencillas, medibles y con responsables, así como objetivos, que obviamente deben enfocarse hacia conseguir el «qué quiero» siendo fiel al «cómo lo quiero». Iniciativas que deben cubrir el diseño del producto o servicio, cómo producirlo o desarrollarlo, cómo comunicarlo y cómo venderlo. Por último, para conseguir resultados se requiere un buen sistema de operaciones, que defina procesos buscando la máxima eficiencia y productividad, pero sin perder de vista el «cómo lo quiero», e igualmente, un sistema de información que vigile la rentabilidad del corto plazo, pero mirando al largo.
Innovar no es tecnología (o no sólo), sino una actitud. Requiere poner el futuro en nuestro punto de mira. Es una necesidad para evolucionar. Es la capacidad de cuestionarse, de anticiparse y de atreverse a hacer las cosas de manera diferente. Es generar una cultura de transformación, una mentalidad abierta a nuevas ideas, a fomentar la iniciativa, a cuestionarse los paradigmas establecidos. Adoptar un sistema de innovación abierta dentro de la empresa, que impulse internamente la innovación, que facilite la implicación real de todos. Innovar no es fácil, y sus resultados pocos o discretos, por eso precisamente se necesita la complicidad de todos.
Por último, liderar con sentido, un liderazgo que entienda que las personas son el motor de la empresa. Basado en la confianza, la integración del equipo en un propósito común y el compromiso. Pero a la vez muy exigente con las responsabilidades de cada uno. Estas tres palancas no son independientes. La clave no es elegir una, sino accionar las tres.
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