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RAFAEL ROMERO / DIRECTOR DE ABANTE ASESORES EN MÁLAGA
Lunes, 31 de marzo 2025, 02:00
«Dudar de todo, al menos una vez en la vida, es el comienzo de la sabiduría», aconsejaba Descartes. Su método partía de la duda ... como camino hacia la verdad. En un mundo marcado por la celeridad de los cambios, quizás su propuesta sea más actual que nunca. Porque cuanto más se acelera todo, más crece el riesgo de refugiarnos en lo familiar, de aferrarnos a certezas absolutas.
Parecer seguro y defender tu postura con convicción se confunde con estar en lo cierto. Pero la historia está llena de decisiones tomadas desde la aparente certeza, que luego resultaron erróneas por un exceso de confianza.
La realidad es que cuando creemos ver con nitidez, dejamos de hacernos preguntas. Y al dejar de preguntar, dejamos de pensar y, con ello, de encontrar mejores respuestas. ¿No deberíamos decidir dudando de nuestras propias convicciones?
Dudar es un ejercicio de responsabilidad para encontrar las certezas. Como pensaba Francis Bacon: «Si comienza uno con certezas, terminará con dudas; mas si se acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas».
En el ámbito de las inversiones financieras, cuanto mayor es la incertidumbre, mayor es el riesgo de tener fuertes convicciones que nos llevarían a decisiones sesgadas e imprudentes, y ya sabemos que los mercados no suelen premiar la arrogancia, al menos en el largo plazo.
En un mundo complejo necesitamos acompañantes que más que ofrecer certezas, nos hagan mejores preguntas. Necesitamos construir una mayor confianza en nuestras decisiones, no desde la ilusión de controlar lo incontrolable, sino desde la solidez de un proceso que aporte criterio y una dosis de humildad.
El momento actual aconseja un acercamiento a la inversión desde estrategias más flexibles y resilientes para afrontar eventos inesperados y estar preparados para escenarios que pueden ser adversos o no.
La certeza absoluta tiene un precio: el silencio interior. Porque quien cree saberlo todo deja de escuchar, de mirar, de revisar sus propias creencias. En un mundo que espera que tengamos una opinión, quizá el valor esté en recordar que, si decidimos sin certezas absolutas, dudando, puede ser la forma más sensata de avanzar.
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