«No nos queda otra que mirar al cielo». Esa es la conclusión a la que los agricultores del Valle del Guadalhorce han vuelto tras ... acabar con el agua que tenían disponible para regar sus cultivos durante los meses de verano. La última Comisión de Sequía concedió un total de nueve hectómetros que los regantes de la comarca organizaron en dos riegos distintos, cantidad que ellos discrepan, ya que una vez establecida la dotación de un 25% del agua, deberían haber tenido diez hectómetros. «Nos han dado algo más de agua dos o tres días más por las averías, pero sigue siendo insuficiente», subraya uno de los agricultores que no ha podido regar hasta él último periodo de regadío. Los dos riegos acordados ya han llegado a su fin cuando en algunas zonas ni siquiera llegó el agua una vez empezó el primer riego de emergencia. Si bien desde antes de comenzar el calendario de riegos los agricultores tenían claro que el primero sería del 12 de junio al 14 de julio y el segundo del 5 de agosto hasta que se agotara el agua, el deseo de salvar toda la arboleda -leñosa, ya que este año no se han plantado verduras ante la falta de agua- ha quedado lejos de esas previsiones, teniendo en cuenta que en un año ordinario disponen de un total de 40 hectómetros.
A finales de julio, Rafael Vega, un agricultor de Cártama que lleva media vida viviendo del campo aún no había recibido ni una gota de agua, ya que las averías en la red de agua de la zona son otras de las principales dificultades del riego en el Guadalhorce, lo que influye directamente en que sus agricultores sumen a la falta de agua, la imposibilidad de obtenerla. «Después de haber avisado a la administración de que tuvieran previstos los problemas de inicio de riego, hemos vivido un verano con más de 80 averías, llevamos más de dos décadas diciendo que existen unos puntos negros en la comarca que fallan todos los años y pagamos siempre un canon que luego no se revierte en arreglar este problema», aseguran fuentes cercanas a la directiva de la Asociación Provincial de Regantes de Málaga (Aprema).
Desde la propia asociación, recuerdan que nada más empezar el primer riego se averió el sifón de Cártama, por lo que hay regantes que comenzaron con el primer riego el 1 de agosto, apenas días antes del segundo riego establecido.
«Hemos vivido un verano con más de 80 averías», apuntan desde Aprema
«El segundo riego ha ido mejor pero nos ha costado mucho trabajo, organizándonos como hemos podido, repartiendo el agua cuando todo el mundo la necesita y cortándola por zonas para obtener una cantidad más concentrada», explica el presidente de la comunidad de regantes Arroyo Gragea, Agustín García, a quien la estampa actual del campo malagueño no le produce otros sentimientos más que la pena y la frustración. Desde Aprema ya han reiterado en numerosas ocasiones que con esta situación se van a perder fincas, trabajo y muchos cultivos, ya que en el último riego «no se han llegado a estabilizar las aguas, y ahora que no hay más agua para el riego, no queda otra que mirar al cielo y esperar que llueva, cuando a apenas diez kilómetros del abandono de la agricultura del Guadalhorce, se sigue invirtiendo en otros sectores como el Turismo», añaden.
«Esto es una espiral de la que ya no se obtiene beneficio», subraya un agricultor
Por otro lado, el presidente de las comunidades de regantes Doñana Las Monjas y Las Cabrerizas, Cristóbal Sánchez, explica cómo hay muchas familias que se dedican al campo que van directamente a la ruina, cuando los agricultores lo único que quieren es vender su producción. Las dos comunidades suman unos 600 regantes y van a experimentar pérdidas de casi tres millones de kilos de cítricos, según estima el agricultor. Ante esta situación, los regantes piden llegar a un acuerdo para «no dejar morir a la agricultura del Guadalhorce».