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EUGENIO CABEZAS
Viernes, 14 de octubre 2016, 00:29
Un auténtico árbol milagroso, pues de sus semillas se extrae un aceite con numerosas cualidades beneficiosas para la salud, tanto en su uso cosmético como alimentario. Así es el argán, una especie originaria de Marruecos pero que ya ha empezado a cultivarse con éxito en otros países como México o Israel y que también está empezando a echar raíces en Málaga. Manuel Feria, de 73 años, y su hija Soraya, de 21, llevan 13 años cultivándolo en una finca de Campanillas, para vender las plantas cuando tienen un año.
Actualmente posee 1.300 ejemplares, que venden a 8 euros el árbol, y el kilo de semillas, a 20 euros, con unas 250 piezas. «Es un árbol fuerte pero conseguir que germine es complicado, porque no te puedes pasar con los riegos», asegura este malagueño casado con una mujer oriunda de Sidi Ifni, una de las ciudades del país alauita con más extensión de bosques de argán. Feria no comercializa el aceite de las semillas, pero asegura que el proceso para su extracción es muy sencillo. «El litro de aceite puede costar entre 60 y 70 euros y en países como Estados Unidos, 250 dólares, y hasta 200 euros en Italia», asegura el agricultor.
El árbol, cuya denominación botánica es argania espinosa, posee un tronco rugoso y ramas espinosas. Puede llegar a vivir hasta 250 años y alcanzar los diez metros de altura. Resiste periodos de sequía, cuando es capaz de eliminar todas sus hojas y entrar en una especie de hibernación hasta que las condiciones de humedad son favorables. En 1998, la Unesco declaró como Reserva de la Biosfera la zona de la Arganeraie, de 2.568.780 hectáreas, al suroeste de Marruecos, en las que crece el árbol del argán. En el corazón de esta reserva se encuentra el Parque Nacional de Souss-Massa.
En algunos lugares de Marruecos, el argán toma el lugar del olivo como fuente de recursos, ya que se utiliza como forraje, combustible y madera. Es el combustible de la sociedad bereber, especialmente cerca de Essaouira. Cuando escasea el alimento, las cabras se suben al árbol para comer sus hojas. Los conocimientos, técnicas y prácticas vinculadas al argán fueron designadas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2014.
El fruto mide entre 2 y 4 centímetros, es de forma alargada, está rodeado de una piel gruesa y espesa, que cubre una cáscara amarga, de olor dulzón. Ésta rodea dos o tres semillas, ricas en aceite, de las que se saca el aceite de argán. Los frutos tardan un año en madurar. La superficie de los bosques de argán en Marruecos ha ido menguando en los últimos años debido a su utilización como combustible y al pastoreo. Los usos cosméticos del argán están cada vez más extendidos, y hay ya empresas en Málaga que están procesándolo y envasándolo. Éste es el caso de Arganour, fundada por el informático Manuel Moreno, de 31 años, en 2013, junto a varios socios de Marruecos.
Potente antioxidante
«Al principio importábamos el aceite de argán a granel pero poco a poco hemos ido elaborando nuestros propios productos, con la marca propia, que ya pueden encontrarse en perfumerías y en numerosas tiendas como Primor», cuenta Moreno, quien explica que también realizan envíos a Dubai, Chile o Alemania.
El aceite de argán puro y virgen es una verdadera joya para el cuidado del cuerpo, la cara, el pelo o las uñas, ya que es rico en gamma tocoferol, una forma de vitamina E con mayor una capacidad antioxidante que el resto, y su elevada actividad antioxidante, junto a su alto contenido en ácidos grasos esenciales, hacen que presente propiedades extraordinarias de regeneración de los tejidos. «Se usa sobre todo para personas con pieles atópicas o con dermatitis», describe el empresario malagueño.
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