cristina pinto
Sábado, 20 de febrero 2021, 00:08
María del Mar entrenaba en la piscina de las instalaciones del Complejo Deportivo de la Universidad de Málaga. Estaba tratando de aprobar las oposiciones ... de bombero. A ella, que no le gustaba mucho el agua, le fascinaba lo que hacían los chicos de aquella calle: eran los jugadores del Club Deportivo Waterpolo Málaga. Se acercó y preguntó si su hijo pequeño se podría apuntar... Y ahí comenzó la historia de Samuel Ruiz (7-12-2000) con el agua, cuando tenía apenas siete años.
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«La verdad es que al principio me llevó un poco obligado... Yo hacía cosas para llamar la atención o lloraba porque no quería ir. En realidad, al final me lo pasaba bien», recuerda el joven malagueño mientras se le escapa alguna que otra risa explicando las anécdotas. En este equipo de cantera estaban él y dos chicos más de su edad y, al mando, el que sigue siendo el entrenador del Waterpolo Málaga Inacua: Peter Kubicsko. «Él ha sido mi padre dentro del waterpolo», apunta Samuel Ruiz.
A partir de ahí, este jugador de waterpolo ha pasado por todas las etapas del club. Echa la vista atrás y recuerda estar en las piscinas de varios pabellones, como en las de Los Olivos o en Puerto de la Torre, hasta que llegaron a las instalaciones de Inacua, donde actualmente se entrena el club malagueño.
Al ser tan pequeño, desde los inicios fue evolucionando hasta llegar con 13 años a jugar varios partidos con el primer equipo: «Iba probando unos cuatro partidos en la temporada. A la siguiente ya fui cogiendo minutos y marcando más goles», relata el jugador malagueño. Ya en la temporada 2014-2015, cuando el club malagueño militaba en Segunda División, la capacidad física de Samuel Ruiz saltaba a la vista. De eso era consciente Peter Kubicsko, que vio que lo mejor para su evolución en el waterpolo era salir fuera. Así recapitula aquel momento Ruiz: «Él no quería que me fuese de Málaga, pero no podía darme muchos más partidos y estuvo guiándome para llegar a otras opciones».
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Su destino estaba en en Club Natació Mataró, que competía en División de Honor. Dos temporadas le esperarían allí, desde los 15 a los 17 años. «Fue todo muy repentino. Pero aprendí muchísimo. Me entrenaba con compañeros que se dedican íntegramente a esto, un equipo enfocado en la liga; el segundo año jugamos en Europa y, claro, era competir con gente que había ganado Juego Olímpicos y Mundiales... Fue brutal», valora el joven malagueño su etapa en tierras catalanas. Y es que esta oportunidad y su notable valía en este deporte le hicieron jugar en la selección española sub-18 quedando subcampeón de Europa.
Pero, finalizando su segunda temporada allí, a Samuel Ruiz comenzaron a invadirle las dudas. Por un lado, en el mundo del waterpolo estaba viviendo una experiencia única y, por otro, estaba terminando sus estudios en Bachillerato y su otro sueño, estudiar Medicina, no paraba de rondarle la cabeza. «Tuve que empezar a valorar y a hacerme preguntas de qué era lo que me compensaba... Fue complicado, pero volví a Málaga. Yo siempre había querido estudiar Medicina», confiesa.
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Samuel Ruiz no puede evitar admitir que la vuelta fue dura. Y no precisamente por lo deportivo: «En el aspecto psicológico la vuelta fue dura. No sabes por qué te encuentras de vuelta en una etapa muy temprana de tu vida... Me encontré con una persona que aprendió mucho en unos aspectos, pero que en otros tenía miedos», asegura mientras se para a pensar en sus emociones de la vuelta a su ciudad. Era la temporada 2018-2019 y el club de waterpolo malagueño afrontaba su campaña en Primera Nacional. En lo deportivo, Samuel Ruiz volvía con más experiencia y aprendizaje de aquel que se había ido dos años atrás. «Tenía ganas de volver a jugar con mis compañeros y amigos, con los que había pasado prácticamente toda mi vida. Venía de jugar muchos partidos de calidad», relata el jugador.
Si hablamos del presente, Samuel Ruiz sigue a las órdenes del que es «mi padre del waterpolo», Peter Kubicsko, con el Club Deportivo Waterpolo Málaga Inacua de Primera Nacional y cursa tercero de Medicina. Y en el último partido frente al Club Natación Caballa siguió demostrando su capacidad goleadora: de los 11 goles del equipo malagueño, cinco fueron de este joven jugador. A sus 20 años y con toda la experiencia que tiene a su espalda, quién sabe cuánto camino le quedará por recorrer en el waterpolo.
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