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Pedro Luis Alonso
Lunes, 23 de noviembre 2015, 07:24
El kárate malagueño está de moda. El trabajo de numerosos clubes de la provincia empieza a producir frutos. No es exagerado afirmar que Málaga es la primera potencia andaluza lo es, de hecho, en el número de federados, pero es que apenas se ve superada a nivel nacional por Madrid. Está de moda en katas (sin combate), con Damián Quintero (número 1 de la Liga Mundial de kárate), pero también en kumite (combate), con una estupenda generación, entre la que empieza a asomar el nombre de María Torres.
Con solo 18 años y haciendo ya sus pinitos en la categoría absoluta aunque compite sobre todo, en sub-21, la karateca de Puerto de la Torre lleva esta disciplina en la sangre. La formó su padre en el clubAtabal. Eugenio Torres fue en su momento el primer campeón de Europa individual en Andalucía, como júnior, en kumite, y ahora es 7.º Dan.
«Desde los tres años estoy metida en este mundo. No solo se ha dado la suerte de que me gustaba mucho, sino también que desde que tuve oportunidad de competir me fue bien», se sincera María, que estudia Ciencias del Deporte en la Universidad Politécnica de Madrid. Sus excelentes resultados le valieron para ser becada en la Residencia Joaquín Blume de Madrid, una instalación del Consejo de Superior de Deportes ligada a un Centro de Alto Rendimiento.
El grupo de cuatro karatecas españoles becados en la Blume habla con acento malagueño. Al margen de los madrileños no residentes en la instalación que se ejercitan allí, hay tres luchadores de la provincia, y un talaverano, Raúl Cuevas. El trío boquerón lo forman María Torres, Margarita Morata y Ángel Medina. Este, del club AKA, de El Morche (Torrox) hace kumite, mientras que Morata (del Club Goju-Ryu, de Torremolinos) destaca en katas y ha obtenido ya brillantes resultados. Sin ir más lejos, fue plata este mes en el Mundial de Yakarta en sub-21. La aplastante mayoría malagueña se completa en la Blume con la presencia de Damián Quintero, un torremolinense ya afincado desde hace mucho en la capital. Su piso, concertado, está fuera de la residencia.
La situación es la soñada por María Torres, que estudia lo que quería desde pequeña y que completa su formación con técnicos de prestigio como los exkaratecas Javier Ferreira y Óscar Martínez de Quel. También supervisa su progresión su padre, en una situación atípica, pero que para ella apenas ofrece aspectos negativos: «Es muy exigente, pero también muy objetivo conmigo. Porque sea su hija no va a dejar de decirme lo que ve, y quizás también por eso estoy arriba».
En su primer curso en Madrid, María Torres apenas tiene tiempo para pensar en otra cosa que no sea el kárate o los estudios. «Me levanto a las 8.00 horas; voy a la Universidad, y si acabo a las 12.00 hago entonces una primera sesión de entrenamiento físico y, por la tarde, la sesión técnica. Los días que salgo de clase a las 14.00 o a las 15.00 lo encadeno todo, y los fines de semana son para campeonatos, concentraciones...». De hecho, la joven malagueña estuvo la segunda semana de este mes en Yakarta (Indonesia), en el Mundial sub-21, en el que no pudo pasar del primer combate (cedió ante la gala Nancy García).
¿Y el futuro? «Me gustaría ser profesora de kárate, pero para ganarte la vida es muy difícil. Pienso más en unas oposiciones para policía», se sincera, y a nivel competitivo las metas a medio y largo plazo son dos: el próximo Mundial sub-21, en Egipto en 2016, y ser olímpica. Todo apunta a que el kárate entrará en el programa para Tokio 2020, precisamente en un país, Japón, con gran tradición en esta disciplina. «Para cualquier deportista ir a unos Juegos Olímpicos es cumplir tu sueño», confiesa.
Un deporte más completo
En este sentido, la karateca cree que su deporte es más completo que otras artes marciales que ya se encuentran consolidadas en el olimpismo como el yudo y el taekwondo. «El taekwondo se basa en las piernas, pero en kárate hay que seguir una técnica determinada y recoger la patada. Mientras, el yudo se centra en el agarre y en tirar al rival al suelo. Pero el kárate mantiene el bote del taekwondo, hace barridos como el yudo y también desarrolla puños. Por eso pienso que es más completo».
La malagueña compite en el peso más alto, por encima de 68 kilos. «Mis virtudes son la movilidad y la fuerza», explica, y su padre, como forjador de este talento, lo desarrolla más: «Sus puntos fuertes son la constancia en el entrenamiento y el tren inferior. Controla todas la alturas en que se puede puntuar, y es muy buena en las técnicas de barrido. Además, a la hora de competir ha de controlar todavía mejor las distancias, en especial si son oponentes más altas. Tendrá que ir creciendo para llevarse a las rivales a su terreno».
María Torres se mira en el espejo de la madrileña Laura Palacios (aparece en la izquierda de la imagen superior) y sigue puliendo con paciencia sus cualidades, pero al final es la competición la que termina sacando lo mejor de ella. En especial, en el extranjero. «Turquía, Francia, Italia, Japón, Egipto... En cualquier país puede salir un competidor de mucho nivel», concluye.
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