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Eric Bonet
Sábado, 27 de julio 2024, 14:47
¿La ambiciosa y original ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos levantará el ánimo olímpico en Francia? Solo los próximos días lo dirán, pero de ... lo que no hay ninguna duda es que este sábado la prensa francesa e internacional aplaude el espectacular desfile de los atletas por el río Sena. Tuvo lugar fuera de un estadio por primera vez en la historia del olimpismo moderno y dejó momentos para el recuerdo. Céline Dion interpretando «El himno al amor» de Edith Piaf, el pebetero elevándose como un sol eterno en medio de las Tullerías, Rafael Nadal, Nadia Comaneci y otras leyendas del deporte llevando la antorcha en una lancha… La lista es larga.
«Imagine», titula L'Équipe, principal diario deportivo en el país vecino, en una portada con una referencia a la mítica canción de John Lennon interpretada con brillantez por la cantante Juliette Armanet y el pianista Sofiane Pamart, junto con una imagen del icónico momento del encendido del pebetero, imaginado como un globo aerostático que planeará en el corazón de la capital hasta el final de los Juegos, el 11 de agosto. A pesar de la lluvia —o quizás también gracias a ella ya que los húmedos reflejos embellecen París—, el arriesgado acto representó un momento especial. Quedará para el recuerdo como ya sucedió con Barcelona 1992, Pekín 2008 o Londres 2012.
Poco más de un centenar de personas desafían la lluvia y ven la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de París en la zona de fanes del Parque George Valbon en La Courneuve, considerada como la más grande.
— Enric Bonet (@EnricQuart) July 26, 2024
Más allá de los espectadores, los #JO no terminan de entusiasmar pic.twitter.com/clKQ2huYRD
«Más que una ceremonia, el escenógrafo Thomas Jolly construyó un espectáculo de inmersión en la capital, convertida en una escena global», asegura en sus páginas Le Monde. El nombre de Jolly, de 42 años, un director de teatro clásico galardonado en su país —y poco conocido hasta ahora en el extranjero—, es uno de los más elogiados por la prensa gala e internacional. Los Juegos de «París 2024 empezaron y los franceses (…) organizaron, sin duda, una ceremonia inaugural única en la historia» olímpica, destaca Los Angeles Times, diario de la metrópoli californiana que organizará la próxima edición en 2028.
En lugar de una grandeur impostada, Jolly apostó por un homenaje a la cultura francesa a partir de un acto moderno y lleno de ironía. Mostró una Francia que no se toma tan en serio como creen aquellos que le achacan un exceso de chauvinismo. En lugar del clásico relato nacional, el hilo conductor fueron valores universales que riman asimismo con la identidad francesa: la libertad, la igualdad, la diversidad o la eternidad. Y eso mayoritariamente gustó tanto a la prensa como al ciudadano de a pie, aunque también hubo críticas, especialmente por parte de la derecha radical que no digirió la reproducción de una María Antonieta decapitada o la parodia de la última cena con drag queens.
«Fue un momento extraordinario y grandioso. Hubo apariciones sorprendentes de grandes nombres del deporte, como Nadal o Carl Lewis», asegura Jean Gourlet, de 62 años, procedente de Bretaña y quien ha venido a París para asistir a pruebas de rugby 7, balonmano o boxeo. Como unos pocos centenares de franceses y visitantes extranjeros, contempló el acto inaugural en una pantalla gigante en el parque George Valbon —un espacio natural más extenso que Central Park— en la Courneuve, en la banlieue norte de la capital. Esa zona concentra buena parte de las nuevas infraestructuras y las pruebas.
A pesar de tratarse de la zona de fanes más grande, allí no había un ambiente multitudinario ni de gran euforia por el evento, que registró una audiencia de 22 millones de personas en el país anfitrión. No obstante, la ceremonia gustó a la mayoría de los que desafiaron la lluvia. «Me ha impresionado. Nunca había visto algo así», afirmaba Jan Sobicek, de 25 años, un programador informático checo que ha venido a la región parisina por la cita olímpica. Más crítico se mostraba el parisino Yan Caro, de 56 años, quien decía haber «quedado algo decepcionado» por «un acto largo y sin ritmo en algunos momentos», a pesar del «final magnífico con el pebetero, Celine Dion y la Torre Eiffel».
«La ceremonia en Pekín se centraba en la historia de China y esta vez no se limitó a eso», destacaba Raphaël Masmejean, de 32 años y que trabaja en el departamento (provincia) de Seine-Saint-Denis. Su momento preferido fue «la combinación de la música metal con la temática revolucionaria». Con el objetivo de darle un vuelco a este tipo de actos, la ceremonia se desmarcó de los cánones y dejó un regusto dulce en muchos franceses. Un pistoletazo de salida que rompe con el escepticismo y el pesimismo que predominaba, según los sondeos, en el país anfitrión.
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