Aún le parece extraño estar viviendo todo esto. Aunque el camino hacia el olimpismo ha sido más largo incluso de la cuenta, cuando realmente llegó el gran momento, el tiempo pasó excesivamente rápido. El día 6 de agosto de 2021 cambió su vida, cumplió un sueño al que de pequeño jamás pensó aspirar, y tras lograr la gesta y subir al podio de Tokio, llegó la vorágine mediática en la que ahora se halla inmerso. Damián Quintero ya no es sólo el número uno mundial de katas, ahora es el primer medallista español olímpico de karate (en categoría masculina); el malagueño ha reafirmado que ya es historia viva del deporte español.
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El karateca de 37 años llegó este domingo a la casa de sus padres, en Torremolinos, aunque asegura que esta vez, la ansiada medalla de plata no se quedará en el dormitorio de su infancia, donde sí permanecen el resto de sus tesoros. Esta vez, la presea le acompañará en su residencia de Madrid. Y es que tiene que seguir presentándola en sociedad, como hizo este miércoles, en su ronda de homenajes institucionales, en el Ayuntamiento de Málaga y la Diputación provincial y acto seguido, en la única rueda de prensa que ofreció Quintero en su vuelta a casa, en el restaurante Trocadero de Benalmádena. ««Para mi esta medalla sabe a oro; salió todo como tenía que salir. Es una locura tener una medalla olímpica. Sigo en la nube. Ha sido increíble, el cariño de toda la gente, de los medios, muchos mensajes de gente que no tenía ni idea de karate y los hemos pegado a la televisión para ver este deporte», reconoció.
Ya en frío después de unos días de reflexión, Quintero no sólo quiere pensar en lo que él ha conseguido, si no en lo que el karate español ha ganado con esta medalla. Cara al futuro de este deporte en el olimpismo, sólo espera que las nuevas generaciones puedan vivir algún día lo maravillosa que ha sido esta experiencia: «Yo creo que volverá a los Juegos, estoy convencido porque hemos demostrado qué somos realmente, hemos hecho que la gente se pegue a la tele a las 3 de la mañana, ha sorprendido a nivel mundial, sobre todo mi modalidad, el sentimiento que ponemos sobre el tatami», aseguró. Y continuó: «Todavía estamos en ascuas», en relación a la decisión del COI de que este deporte no forme parte del programa de París 2024. «Esperemos que el kárate vuelva a ser olímpico en Los Ángeles, ya no pensando en mi futuro como deportista, si no en los que vienen detrás».
Cuando habla de futuro, es inevitable que todo el mundo se haga la misma pregunta. Con 37 años, una carrera de ingeniería aeronáutica y tras haber llegado al momento culmen de su carrera con una plata olímpica, ¿Qué le queda ahora por vivir a Damián Quintero? ¿A qué aspira ahora? «Hasta final de año el calendario está fijado, en Noviembre es el Mundial de Dubai, luego están las ligas de Rabat y Moscú y en diciembre ya iremos viendo», comienza. Pero asegura: «No me pasa por la cabeza el retirarme, me siento bien física y mentalmente con ganas, yo soy el primero que no quiere seguir hasta que esté arrastrándome por el tatami, soy muy competitivo, siempre voy buscando el oro, me iré cuando deje de ser competitivo, mientras el cuerpo aguante, seguiré. Aún queda Damián para rato».
Asegura que cuando le pesen las piernas, o la cabeza, o dará un paso al lado, o se dedicará en otro deporte -comentó en tono jocoso-. Todavía no tiene claro lo que hará, pero por ahora, su cuerpo y mente siguen centrados en el tatami; aún tiene que escribir muchas hojas de su historia; aún tiene que seguir dando ejemplo a los demás. «La clave es el trabajo, el deporte es muy sacrificado, cuando era pequeño en la vida me hubiera imaginado llegar hasta aquí. La clave del deporte es que no te pueden obligar a hacerlo, hay que disfrutar del camino. Si tienes que llegar a ser el campeón, lo harás».
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Sí que se quedó con la espinita clavada de no haber puesto el broche de oro a la experiencia como abanderado español en la ceremonia de clausura; iba a serlo, junto a la campeona olímpica Sandra Sánchez (también de katas), pero finalmente el COI decidió que sólo hubiese un abanderado por país. Sí, obviamente es un orgullo para cualquier español portar la bandera de tu país, pero me dieron el caramelo y luego me lo sacaron», bromea. No me agarré un berrinche, pero sí un poco de desilusión, pero me consta que estuvieron luchando para ello, tuvimos una gran abanderada igualmente». De nuevo, para él, lo más importante es que el kárate, el deporte de su vida, estuvo muy bien representado. Antes de cerrar el acto, el malagueño volvió a incidir en que uno de los impulsores de este éxito fue el técnico nacional y entrenador de ambos, Jesús del Moral. «Él ha sido el que ha revolucionado el kárate en España y desde que llegó en 2016 nos convirtió en profesionales de este deporte, con sus dietas estrictas, la idea de trabajar el físico, que nunca se había entrenado el físico, pasamos de trabajar dos horas a 6-7 diarias… Es un revolucionario». Siempre con palabras positivas hacia los demás, hacia sus familiares, amigos, entrenador, compañeros… Anteponiendo el trabajo en equipo por encima de su éxito personal, el mejor ejemplo posible de los valores de este deporte y la perfecta manera de reflejar la grandeza de una leyenda del deporte.
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