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marina rivas
Lunes, 26 de abril 2021, 00:17
Ella es de esas personas a las que no les gusta dejar las cosas a medias. Es de las que se vuelca al 200%, de ... las que no abandona el barco ni aunque se esté hundiendo. Es curioso que una de las mayores impulsoras del balonmano malagueño, aunque ya de corazón costasoleño, sea riojana de sangre. No sería un disparate afirmar que, sin su trabajo durante 21 años al frente de la presidencia del club, éste no habría llegado a lo que se ha convertido ahora, un referente andaluz, nacional e internacional que crea escuela, exporta jugadoras a las selecciones, acumula títulos en sus vitrinas, y no se cansa de reescribir su historia.
Todo parece idílico ahora, cuando Málaga puede disfrutar y alardear de un proyecto consolidado y exitoso como es el Rincón Fertilidad. Pero no siempre fue así. Carmen Morales llegó a Málaga de la mano de su marido, al que conoció en la Universidad, en Bilbao. Ella nunca tuvo un nexo con el ámbito deportivo. Antes de volcarse en la gestión, impartía clases particulares de inglés. ¿Cómo comenzó todo? «En 1993 iban a desaparecer tres clubes por problemas económicos y el entonces presidente de la Federación, que pertenecía al Colegio Europa decidió, con un grupo de personas, formar un club femenino. Yo entonces estaba en la APA del colegio y, en el verano de 1994, cuando ya se creó el club bajo el nombre de Balonmano Málaga Costa del Sol, estaban los presidentes de los clubes desaparecidos y poco después me metieron en la directiva», relata.
Su implicación fue tal que al año siguiente (1995), ya fue nombrada presidenta, sucediendo a Fernando de Irigoyen. Su primera gestión fue la búsqueda de apoyos económicos públicos y privados. Y si ahora ya resulta una odisea encontrar financiación para un equipo femenino, más aún entonces. «Recuerdo que podía pasarme media hora hablando de proyectos, pero era muy difícil convencerles. Sí que me puedo quejar de que en aquella época la subvención pública al equipo masculino de balonmano en Málaga era de 8 millones de pesetas y al femenino, de 500.000, estando en la misma categoría», recuerda Morales.
Aunque el foco siempre estuvo en el primer equipo, el club nació ya con tres conjuntos: uno sénior que adquirió plaza en Primera División (la segunda nacional), uno juvenil y uno cadete. De estos dos de base, comenzó a hacerse cargo un joven Diego Carrasco, que ya entonces apuntaba maneras, aunque probablemente no era consciente de que, gracias a su dedicación y su ilusión, se convertiría en uno de los mayores impulsores de este deporte en la provincia.
Pasaban los años y el equipo sénior, que contó con varios patrocinadores (Famadesa, Contrat, Asisa...) cada vez crecía más. Consiguió tres ascensos a la élite: en 1995, 2000 y 2014. Pero no todo fueron alegrías; hubo muchos momentos en los que el crecimiento presupuestario no fue de la mano del deportivo. Esto hizo tambalear el futuro de Morales: «Quise renunciar varias veces. Había momentos en los que me sentía quemada, no podía más, pero no quería irme sin dejar un relevo; no me iba por responsabilidad», asegura. Aún recuerda que no quiso personarse en la última fase de ascenso a la élite para no ver derrumbado al equipo al trasladarles la noticia de que, aunque subieran, deberían rechazar la plaza por falta de presupuesto.
Como un mesías, llegó entonces otro de los pilares e impulsores del éxito de este equipo, hasta el día de hoy: Manolo Rincón. El empresario de Torre del Mar, impresionado por la gestión de Morales y los méritos del equipo, decidió en una llamada el devenir del conjunto. Así lo recuerda Morales: «Nada más ascender, me llama Manolo y me da la enhorabuena. Yo le explico la situación y le digo que la alegría duraría poco porque no podíamos asumir los costes de la Liga. Entonces me dijo 'dime una cifra', se la di y me respondió 'cuenta con ello'». La frustración se transformó en alegría y esperanza. «Desde entonces todo ha ido para arriba. Con él se creó un proyecto de futuro, no era como otros patrocinadores que parecía que nos estaban haciendo un favor», valora.
Sin duda, el inicio de una nueva etapa de prosperidad, y con esta, el fin de su ciclo al frente de la presidencia, ya con el equipo asentado en la élite y un proyecto sólido. «Antes de esta estabilidad económica (también fueron mejorando las subvenciones) en lo deportivo, siempre habíamos ido creciendo más que en lo económico y eso era un dolor», recuerda. Su sucesora tomó su relevo en 2016, aunque un tiempo antes también comenzó a colaborar con la gestión. «Desde jugadora miraba por el club y era y es muy atrevida, era la única que se atrevía a aceptar el cargo. Es una luchadora», afirma Morales sobre Pepa Moreno, la excapitana y actual presidenta a día de hoy, aun habiendo tenido que sobreponerse del mayor varapalo de su vida, la pérdida del amor de su vida, Diego Carrasco.
En aquel duro momento, la unión hizo la fuerza y entre todos, lograron que el proyecto siguiera adelante. «Cuando sucedió (julio de 2019), Pepa no se encontraba capaz de ponerse al frente del club y le dijimos que ya estaba todo el equipo formado y quedaban días para volver a entrenar, y que teníamos claro quién iba a ser el entrenador, que había que continuar», asegura Morales. El resto es historia. Tomó las riendas del equipo Suso Gallardo. Moreno continuó al frente de la entidad, Rincón mantuvo su apuesta económica y, con el esfuerzo de plantilla, gestión y dirección, se relanzó el proyecto hacia el éxito. «Creo que no ha sido un 'boom' de la noche a la mañana. Lo que estamos viendo ahora ha sido progresivo, trabajo de años. Estoy muy satisfecha y orgullosa del trabajo de todos».
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