Noelia, durante su actuación.

Operación Triunfo pierde la voz de la malagueña Noelia Franco y la credibilidad del formato

Deja la academia por un 50,2% de los votos, en una gala marcada por la escandalosa filtración de un guión en el que se auguraban los resultados de la noche

JUANITO LIBRITOS @JuanitoLibritos

Jueves, 8 de noviembre 2018, 08:32

Le resultará difícil a esta edición de Operación Triunfo sobreponerse a una gala en la que el programa perdió dos cosas irremplazables y esenciales para la marcha del concurso: la voz de la malagueña Noelia Franco y la credibilidad del formato.

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Noelia entró al concurso como clara favorita para ganarlo. Ya en la gala 0 deslumbró a toda España con su espectacular tesitura vocal. En la gala 1 llevó a cabo una de las mejores actuaciones de la edición, 'Respect' de Aretha Franklin, y fue nombrada como la primera favorita por el público. Pero algo cambió y, de un día para otro, Noelia salía del podio de los elegidos: quizás fuera el hecho de que la academia le endilgase algunos temas grotescamente lejanos a su estilo (debería estar penado con cárcel poner a cantar una canción de Kiko Veneno a una cantante de góspel); quizás fuera una personalidad arrolladora que parecía chirriar a parte de la audiencia; quizás fuera algún desatino en la afinación… pero el caso es que Noelia pasó muy pronto de ser una de las claras favoritas a alguien con grandes habilidades, pero con un apoyo menguante entre el público.

Y, la semana pasada, Noelia selló su expulsión. Fue nominada por su interpretación de una canción de Mónica Naranjo y ella, como muchos de los espectadores, no comprendía esa decisión. ¿Cuál fue su fallo? Decirlo en directo delante de dos millones de televidentes. En cuanto Noelia, llorosa y afligida, dijo que no estaba de acuerdo con su nominación, comenzó en internet un aluvión de críticas negativas que la tachaban de soberbia y de creída. Se volvió a repetir el esquema que hizo que el año pasado Raoul fuese, también injustamente, expulsado. En este programa parece que las verdades hay que callárselas o decirlas a puerta cerrada, en un dormitorio sin cámaras ni micrófonos. En este programa a menudo se premia más la falsa modestia que la honestidad.

Clama al cielo que ese momento bajo de Noelia se volviese a mostrar en el vídeo que precedía a su nominación, haciéndola sentir insegura y algo avergonzada. Pero clama aún más al cielo el hecho de que obviasen las humildes palabras que Noelia pronunció durante el repaso de la gala del jueves pasado. En ese momento, ya serena, lejos de un plató con mil personas lleno de focos, horas después de ese impacto emocional y en la seguridad de un aula acompañada sólo de sus compañeros y los directores de la academia, Noelia reconocía que estaba deseosa de aprender y de mejorar, que había cometido algunos fallos de los que no había sido consciente en el momento y que quería tener la oportunidad de seguir formándose en la academia para domar la potencia vocal que le viene de serie. Todo esto no se vio en la gala, sólo se vio a un presentador metiendo el dedo en la llaga y refiriéndose a Noelia en varias ocasiones como «transparente», usando esta palabra como si fuera un insulto. Parece que, como en otros muchos espacios, si eres mujer no tienes permitido mostrar rabia o indignación. Y si lo haces, como ha sido el caso, pagarás por ello.

Porque la voz más imponente de esta edición no se marcha por su forma de cantar ni por sus habilidades en el escenario. Noelia se va porque la audiencia ha decidido castigar rasgos de su personalidad que no le han gustado.

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Eso sí, la cantante puede sentirse orgullosa de su paso por la academia y de su gala de anoche: difícil será olvidar su versión de 'Stone cold' de Demi Lovato, así como la buena actitud que mostró fuera del escenario. Noelia se despidió entre lágrimas. La última compañera a la que abrazó fue, precisamente, a Marta, la otra malagueña. Durante ese abrazo se escucha claramente como la ya expulsada exclama: «¡Para Málaga, pero por la puerta grande!». Y así es justo como se ha ido, por la puerta grande: ante la indignación de una parte importantísima de la audiencia y ante el cariño de otros grandes artistas. Emociona ver el apoyo de la malagueña Diana Navarro a la triunfita, llegando incluso a pedirle a otro malagueño, Pablo Alborán, que cumpla el sueño de la joven y haga un dúo con ella.

La expulsión de Noelia me resulta doblemente dolorosa: como seguidor histórico de Operación Triunfo, por ver como perdemos una voz que podría haber seguido dando grandes momentos al programa, una voz que podría haber clavado temas de Whitney Houston o Beyoncé; y como malagueño, por no haber sido capaz de conseguir, con mis votos, que otra joven malagueña siguiese luchando por su sueño. Esta concursante se ha ido injustamente, igual que se fueron injustamente concursantes del año pasado como Marina, Raoul o Nerea, dejando sitio a otros cantantes que, por sus menores habilidades musicales, no aportaron al concurso todo lo que los expulsados podrían haber dado.

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Nadie entiende que Noelia venga de camino a Málaga mientras que varios de sus compañeros están no sólo muy por detrás de ella, sino también del resto de la academia. Marilia, que consiguió quedarse por apenas unas décimas, vuelve a estar nominada esta semana, por lo que parece que su victoria ha sido bastante pírrica. Carlos, que sigue haciendo la misma actuación semana tras semana desde la gala 0, será quién se enfrente a la canaria en la segunda nominación de ambos. Sabela, incomprensiblemente para mí, volvió anoche a salir entre los tres favoritos por tercera semana consecutiva (nota: creo que ya le hemos compensado bastante por los terribles temas que la academia le había endilgado, ya podemos parar esta broma). E incluso María, con su estilo único y característico, parece que, a priori, podría hacer poco enfrentándose a alguien con el poderío de Noelia. Pero esto es televisión y parece que, aún siendo un concurso musical, al final la música es sólo un factor más.

Lo que podía haber sido una gala bonita (aunque nada memorable, ya que hubo una ausencia total de hits) se enfangó desde unos minutos antes del comienzo. El programa subió a su web unas fotos promocionales en las que se desveló quién era el cuarto miembro del jurado, la cantante gaditana Brisa Fenoy: una vieja conocida del programa que, en la edición del año pasado, fue la encargada de adaptar 'Lo malo' para Aitana y Ana Guerra, canción que a posteriori sería una de los temas más importantes del año, y que otorgó una gigantesca popularidad y varios premios a dos artistas que, desde el principio, ridiculizaron la canción llegando, incluso, a rozar la falta de respeto hacia la artista.

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En ese papel también figuraba el dato de que, si se hubiese salvado, Noelia hubiese cruzado la pasarela. Qué triste es pensar que ese pequeño porcentaje nos privó de tener a las dos malagueñas en el Top 10 de esta edición. Y es que Marta recibió grandes elogios del jurado a pesar de lo difícil que es cantar (y bailar) una canción de Beyoncé cuando, además, se hace acompañada de una de las claras favoritas, Julia, que sí que fue nominada pero que fue salvada por los profesores.

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Me apena reconocer que puede que tengan parte de razón los agoreros que comentan que, ya que en esta edición no ha habido apenas actuaciones icónicas, el gran interés de OT2018 reside en las polémicas generadas por la maquinaria del concurso. Pasamos de la controversia sobre el uso de la palabra mariconez al feísimo despido de Itziar Castro y, cuando aún no nos había dado tiempo a reponernos, tenemos aquí una nueva polémica que, como mínimo, pone en duda los valores que se supone que el programa se enorgullece de defender: la honestidad y la justicia.

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