Oído al cante

La saeta

Gonzalo Rojo

Viernes, 31 de marzo 2023, 02:00

Aunque parece ser que el primer testimonio sonoro de saeta que existe en placas de pizarra data de 1900 en la voz del Canario Chico, ... apreciándose en él ecos lejanos de siguiriyas, no fue hasta los grabados por El Mochuelo, La Rubia, Paca Aguilera y más tarde Escacena, Manuel Torre, Niña de los Peines y sobre todo por el Cojo de Málaga, donde vemos configurada definitivamente la saeta. Ahora bien, sin desechar ninguna hipótesis, la saeta se aflamencó definitivamente sobre los años veinte del siglo pasado, comenzando a divulgarse como cante flamenco y perdiendo un poco el carácter de plegaria y jaculatoria que tenía, quedando muy atrás las conocidas como penetrantes y del pecado mortal, que se cantaban o echaban en siglos anteriores. O aquellas otras que interpretaban los Hermanos de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, que comentaba el gaditano José María Sbarbi en carta a su amigo Antonio Machado, y que este pubicó en el diario sevillano 'La Enciclopedia', el 5 de marzo de 1880.

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Una vez conformada la saeta como cante, esta se fue aclimatando en determinados lugares de la geografía andaluza, donde se cultivó como saeta llana, teniendo entonces una gran aceptación, y dando lugar a comarcas saeteras, como Puente Genil, Marchena, Álora, Castro del Río, Sierra de Yeguas, Arcos de la Frontera, Coín, Lucena, Cuevas de San Marcos, Utrera, etc. La saeta que podemos llamar moderna comenzó cuando ésta se forja en el misterio patético de la emotividad flamenca, y el cantaor la interpreta por siguiriya, martinete, carcelera o toná.

En Málaga ha tenido siempre un fuerte arraigo la saeta. Aparte de su 'Romancero de la Pasión', impreso en 1785, en el que se recogen romances sobre la pasión y muerte de Nuestro Señor, la saeta llana, entroncada con los romances, ha tenido un papel preponderante en casi toda la provincia, y hoy aún se cantan en muchos de nuestros pueblos. Como ejemplo, Álora, Cuevas de San Marcos, Coín y Sierra de Yeguas, este último con sus «tonadas litúrgicas». Como intérpretes de saetas han habido y hay muchos y muy buenos, recordemos al Cojo de Málaga, Niña Parra, Pedro del Puerto, La Trinitaria, Niño de Aguadulce, Antonio Moreno, Antonio de Canillas, Pepe de la Isla, La Faraona, Juan Casillas, Carlos Alba, Juan Bonela, Pepe de Campillos, Francis Bonela, Paqui Corpas, Pepe Lara, Gloria de Málaga, Pepe de la Pastora, Isabel Guerrero... saeteros que esperan ansiosos demostrar su «fe a gritos», como dijera Díaz Plaja, desde un balcón, una acera, una esquina cualquiera, al aparecer Cristo sobre un monte de claveles o su Santísima Madre con el corazón atravesado de dolor.

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