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El doctor Carlos Bueno Guezala es el jefe de los servicios médicos de la Diputación de Málaga, atiende a sus pacientes en su consulta privada, ... es miembro de la junta directiva del Colegio de Médicos de Málaga y es uno de los dos presidentes de la plaza de toros de La Malagueta. A la hora de tomarse esta Granizada con SUR habla de sus pasiones: su familia, la medicina y el toreo.
–¿Dónde nace Carlos Bueno?
–En Málaga, el 18 de septiembre de 1960. Mi infancia y juventud gira en torno a dos ejes. El primero es el barrio de la Victoria, donde me crié, y el colegio de Los Maristas, del que tengo un fantástico recuerdo tanto por su forma de enfocar la educación, como creyente que soy, como por la importancia que daban al deporte, y, por las amistades que hice. El segundo eje es la casa de veraneo de mis padres en la urbanización Locea en Torre de Benagalbón, donde conocí a mi mujer, Lourdes Fernández-Burgos, lo más importante que me ha ocurrido en la vida, junto a mis tres hijos.
–¿Por qué estudia Medicina? ¿Había antecedentes en su familia?
–No. El único antecedente fue que mi hermano mayor estudió también Medicina y dos años antes de terminar el colegio me quedé prendado de sus libros y los famosos belorcios.
–¿Dónde estudió Medicina?
–En Málaga. Soy de la octava promoción. La especialidad la hice en Granada.
–¿Cuál es su especialidad?
–Hago Medicina del Trabajo en la Diputación, donde soy jefe de los servicios médicos. Pero lo que más me gusta es la medicina tradicional de cabecera, que es lo que hago en mi consulta privada. Tuve un guía, don Miguel Díaz Recio, internista en Carlos Haya, que conocí cuando hacía las prácticas en su servicio. Fue el que me enseñó lo que significa la relación entre el médico y el paciente y el prisma humanista de la medicina.
–Me han dicho que era usted un alumno muy aventajado.
–En el colegio era normalito. Empecé a sobresalir durante la carrera. Los tres primeros años lo hice con becas. En cuarto de Medicina tuve una experiencia única: empezar a trabajar y estudiar. El equipo de ginecólogos de Santiago Muñoz Ortega me planteó que fuera instrumentista de quirófano y con ello ganaba mi dinerillo.
–¿Cuál es su diagnóstico de la sanidad actualmente?
–La sanidad actual pasa por una encrucijada. Nuestro sistema público de salud, al que hay que defender a toda costa, no es sostenible, ya que dada la rapidez con que avanzan los medios tecnológicos diagnósticos y terapéuticos, no se puede mantener económicamente. De hecho con la pandemia del Covid-19 el sistema sanitario se hubiera colapsado si no llega a ser por la sanidad privada. Una sanidad privada que está creciendo notablemente en calidad y en recursos, pero que empieza a mostrar debilidades similares a la sanidad pública, debido, entre otras cosas, a que gran parte de los médicos jóvenes no se ven atraídos por nuestro sistema sanitario y miles de ellos se van anualmente a otros países. No estoy de acuerdo con el mantra de que la falta de médicos es la única causa de este problema, que no niego que sea cierta en parte, pero daríamos un paso fundamental, para aliviar la situación, si se mejorasen de una vez sus condiciones laborales para que no se marchen. Para ello lo primero sería que se realizara un pacto por la sanidad entre PSOE y PP.
–¿Los médicos se hacen ricos en la sanidad privada?
–En la sanidad privada, que es la sanidad concertada con las compañía aseguradora, no se suben los honorarios desde hace 30 años. Por consulta se está pagando 10 euros o 20 euros la primera consulta, la mitad en la segunda y la tercera es gratuita. Y esto es lo que está provocando que un médico joven que quiera abrir una consulta privada le sea imposible. Ahora mismo en Málaga, el 75% de los médicos que estamos en la privada somos mayores de 50 años. O esto se soluciona a corto plazo o dentro de quince o veinte años la situación pude hacer crac.
–¿Ha tratado usted a gente conocida a nivel local y nacional?
–Sí, pero como entenderá no puedo darle detalles de ellos.
–¿Quién le aficionó a los toros?
–Mi padre, Pepe Bueno, que llegó a hacer sus pinitos en los toros y toreó alguna novillada, aunque lo dejó pronto. Sus cinco hijos somos aficionados pero él me eligió a mí como su compañero de tendido en La Malagueta, donde llevo viendo toros más de cincuenta años.
–¿Alguna vez pensó que iba a ser presidente de La Malagueta?
–En la vida. Aceptarla me costó un tiempo. Me tuvieron que convencer porque no entendía que tuviera mérito alguno para ello. Al final la asumí porque entiendo que los aficionados nos tenemos que convertir en defensores a ultranza de la fiesta.
–¿Ser presidente de La Malagueta es un premio o un dolor de cabeza?
–Una satisfacción. Cuando fui nombrado mucha gente me daba el pésame y yo que todas las tardes veo un montón de pacientes con situaciones verdaderamente penosas... Dentro de lo posible intento disfrutarlo a tope y defender la integridad de la fiesta y la emoción.
–¿Dónde lo pasa peor, en los corrales o en el palco?
–Peor no, donde es más complicado es en los corrales.
–¿Su torero?
–Los toreos que han revolucionado los cánones de la tauromaquia son Joselito, Juan Belmonte, Manolete, El Cordobés, Paco Ojeda y José Tomás. Cinco toreros de época, de los cuáles he tenido la fortuna de ver en directo a los dos últimos, que han sido mis toreros.
–Cómo médico, ¿qué le recetaría a la fiesta de los toros?
–Tenemos el problema de los antitaurinos. Antitaurinos ha habido siempre, pero la agresividad y la falta de respeto de los antitaurinos actuales es una cosa nueva quizá por esa idea de plantear un pensamiento único de lo políticamente correcto según le interese sólo a algunos. Aparte de ese problema, el más importante es la falta de emoción. Sin emoción en el ruedo, la gente joven no se incorpora a este barco. Y luego un papel que tenemos que hacer también los aficionados que es el de defensores a ultranza de la fiesta. Ahí uno de los problemas principales: la desunión que hay en todos los ámbitos. Mi receta pasa por más unión y más emoción.
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