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Varios de los poetas que participan en la antología, ayer en el Rectorado. :: félix palacios
Los poetas del campus

Los poetas del campus

Antonio Aguilar agrupa a escritores como Álvaro García, Ángelo Néstore o Jiménez Millán para reivindicar sus obras entre el alumnado Una antología reúne a catorce autores que trabajan como profesores en la UMA

ALBERTO GÓMEZ

Viernes, 22 de febrero 2019, 00:04

Le indignaba que tantos alumnos ignoraran que algunos de sus profesores también son poetas. Y que la Universidad apenas valorase la experiencia creativa, arrinconada en beneficio de los méritos científicos. Por eso Antonio Aguilar, catedrático de Lengua y Literatura y doctor en Filología Hispánica, organizó contra viento y marea una lectura de poemas escritos por varios de sus colegas. Esa iniciativa cristaliza ahora en la antología 'Profesores y poetas', editada por el servicio de publicaciones de la UMA y presentado ayer en el Rectorado. Catorce autores forman parte de la selección, procedentes de departamentos tan dispares como Derecho Civil, Teoría de la Literatura, Psicología Social, Tecnología Electrónica o Traducción. A través de sus poemarios, defiende Aguilar, «podemos seguir la evolución de la poesía española actual desde los setenta». Porque entre el veterano del grupo, Antonio García, y el benjamín, Ángelo Néstore, median casi cuatro décadas.

Desde la poesía social de Francisco Morales Lomas y Antonio José Quesada hasta el estilo neobarroco de Francisco Ruiz Noguera y Rosa Romojaro, pasando por la singularidad de Manuel Montalbán o la hondura de Álvaro García y Antonio Jiménez Millán, la antología repasa las trayectorias de estos poetas del campus, algunos con eco nacional y premios como Hiperión o Loewe. Aguilar reivindica así la contemporaneidad de los autores vivos, sin presencia apenas en los planes de estudio, que rara vez pasan de la Generación del 50: «La poesía no puede quedarse como un relicario antiguo, aunque a menudo la luz del 27 oscurece todo lo demás».

Por las páginas de 'Profesores y poetas' asoman el canto a la cotidianidad de Ruiz Noguera («Contiene, al mediodía, la terraza / todos los ingredientes de la vida: / la claridad radiante / del azul sobre el campo, / el seto de arrayán en los jardines, / los macizos de flores, y este encaje / de sombras que procura la enramada») y la mirada existencialista de García («He visto el mar con alguien, / apenas una voz que ha reído a mi lado / esos submarinismos minuciosos / del pájaro que pesca / y eso es, pienso ahora, la ciudad, un contemplar pagano, / sin pedirme a mí nada ni yo a ella: / mi ciudad, la hoja rosa, el alto seto»), sin apenas referencias a la actividad universitaria. 'Aulas', de Jiménez Millán, se erige como una feliz excepción: «Quién sabe si algún día, lejos ya de las clases, / volverán a los versos que yo les explicaba / entre manchas de tiza y un viejo borrador / que pasa sobre nombres, fechas, títulos, / imágenes nocturnas, / metáforas de nieve y desencanto, / islas perdidas, fértiles, donde aguardan enigmas». Y acaba: «Quise decirles / que el arte no es distinto de la vida / y a veces nos reserva, / en medio de la noche más cerrada, / una pasión antigua, un gesto cálido / igual que el sol de octubre / a principio de curso».

Aguilar, que en su tesis abordó la obra de Luis Antonio de Villena, critica que la UMA «insista poco en la poesía actual». Le ha sorprendido, durante la inmersión en las obras de los catorce poetas de su antología, «los juegos de lenguaje» de Eduardo Casilari: «No te quejes después de tu esquina de arena, / del cascabel de hueso que delata tu paso, / del nombre de chapa que te atan al cuello, / de que te huyan los pájaros, de lamer en un plato». También Montalbán se lanza al barro de las imágenes poéticas: «No tenía otras necesidades que morir / en paz. Y juntos repasamos algunas reglas / básicas del vivir: olisquear, levantar la pata, / hurgar en la basura, defender lo que es propio».

Un género «marginal»

Aguilar achaca el desconocimiento general del alumnado respecto a la obra de sus profesores al propio «carácter marginal» de la poesía: «Aunque las redes sociales han abierto algunas ventanas, los libros apenas lanzan 500 ejemplares como mucho, cuando no son autoediciones. Hay un estudio que revela que en España no hay más de medio millar de lectores puros de poesía». Sobre el auge del género en aplicaciones como Instagram, Aguilar tiene claro que «es una forma de acercar la poesía a la gente, aunque no sea especialmente buena».

Antonio Gómez Yebra, Esther Morillas, Ana María Prieto y Carmen López completan la antología, que pretende poner en valor «el enriquecimiento de la docencia y la investigación universitarias por la fuerza creativa» de los autores seleccionados. Aguilar considera que el resultado sirve como «prueba de la riqueza y complejidad expresiva de este sólido y plural grupo» de poetas y profesores. O profesores y poetas, aunque tal vez no haya tanta diferencia.

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