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Dice que nunca ha construido un espectáculo tan duro: 65 minutos para solo dos bailarines y tres coreografías. Cada número dura 20 minutos sin pausa ... y con mucha técnica. Agotador para David Segura y Pepa Martín, los pilares de la compañía y de la obra. Pero así es la danza, la auténtica, la que duele, la que se consigue tras años de formación y muchas horas de entrenamiento. La que no se ve en un vídeo de tres minutos de TikTok.
La Compañía de David Segura estrena 'El curso de la vida' en el Teatro Echegaray dentro del ciclo Danza Málaga (miércoles 25 octubre. 20.00 horas), una obra que reivindica una vuelta al origen, a la alianza entre la danza y la música, a lo físico frente a lo virtual. «La tecnología está engullendo el arte. Hoy un baile de TikTok tiene más seguidores que el que vaya a hacer yo en el teatro», reflexiona el bailarín malagueño.
'El curso de la vida', con el patrocinio de Fundación Unicaja, se sostiene sobre dos nacimientos. El primero, el de la propia vida que parte de la tierra, el agua y el aire. Un recorrido que se traduce coreográficamente en un baile rígido, de suelo y mucho contacto entre los bailarines (tierra) que evoluciona hacia movimientos más fluidos (agua) y casi etéreos (aire). Del 'break dance' al ballet, los dos extremos por los que se mueve con absoluta naturalidad el baile de David Segura. Los bailarines visten un ceñido 'maillot' que resalta unos cuerpos curtidos por la danza y zapatillas de ballet que ponen en valor la técnica de los pies.
Al mismo tiempo, el espectáculo cuenta el nacimiento de la música: de los ruidos corporales y la percusión a los vientos y la cuerda. El batería Javier Arroyo, el saxofonista Daniel Hidalgo y la violinista Auxiliadora Moreno ponen melodías en directo a este relato como unos intérpretes más.
Es la forma de defender la conexión entre ambas disciplinas, algo que, según Segura, «se está muriendo». «¿Quién ha decidido separarlas? Hay conservatorios de danza por un lado y de música por otro, cuando deberían ir unidas», argumenta. Aquí las artes se fusionan en largas coreografías que se rebelan contra la necesidad de cambiar de estímulo cada cinco minutos para mantener la atención. Segura quiere dar tiempo al espectador par que se «integre» en su propuesta y les acompañe en ese camino que construyen paso a paso.
Y en estas, llega la tecnología con la música enlatada y compuesta por un ordenador. Y absorbe incluso a lo más corporal, al baile. «La máquina no puede sustituir esa relación que hay cuando creas arte», defiende. David Segura se resiste a dar clases para bailar en TikTok en su escuela Happy Style Dance, como más de una madre le ha sugerido. «Va contra natura, no tiene sentido», apunta. Pero la pantalla se impone, una realidad de la que nadie escapa. Tampoco su espectáculo, como se verá en un número final. «... sin instinto, sin expresión... El humano pierde el contacto con el ser. Es urgente volver al arte», se lee en la carta de presentación de la propuesta.
'El curso de la vida' sale adelante con una inyección económica privada, de la Fundación Unicaja. «Eso nos ha permitido comprar la música, pagar los ensayos, que todo el mundo cobre lo que le corresponde. Sin tirar de favores ni trueque». Lo que debería ser normal, pero que en las artes resulta una excepción.
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