Una pareja de japoneses fotografía al grupo que posa en la calle Larios bajo 33.000 lazos de verdiales. Entre esos a los que enfocan ... está el alcalde de Málaga que, al grito de «¡Viva la Escuela de Arquitectura!», inaugura la instalación central de la Noche en Blanco. Con toda seguridad, esos japoneses no saben ni quién es ni por qué está ahí, pero también eso forma parte del show de una velada en la que cualquier esquina de la ciudad es susceptible de 'selfie'. La actividad en muchos casos es lo de menos. Lo de más es echarse a la calle con el gancho del 'todo gratis' y el aliciente de la nocturnidad. Sobre todo, tras dos años y medio sin poder hacerlo.
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Málaga se mantuvo fiel a la Noche en Blanco y, pese al largo parón por la pandemia, volvieron las filas de gente a las puertas de los museos (la gran mayoría, gratis los domingos por la tarde), las sillas ocupadas frente a los conciertos, las aglomeraciones en los espectáculos y las colas hasta en la parada del bus turístico en la plaza de la Marina. Ni el cambio de fecha del tradicional mes de mayo a octubre mermó las ganas. El otoño le sienta bien a esta propuesta: la temperatura sigue siendo agradable para estar al aire libre y la fiesta en la calle produce un espejismo de noche de verano.
Larios, el punto de partida, era desde las siete de la tarde una marea de gente con libritos de programación (22.000 se repartieron) y móviles en las manos. Familias, parejas, grupos de amigos de todas las edades y de todas (o al menos muchas) nacionalidades recorrían la arteria principal con la mirada hacia arriba. A lo largo de 150 metros los alumnos de la Escuela de Arquitectura han colocado miles de tiras de colores –agrupadas por tonalidades– como las que se usan en los verdiales sobre mallas que recuerdan a las de los pescadores. Tratan de contar así la historia de la ciudad y de sus tradiciones con el hilo conductor de 'Los cuatro elementos', el tema central de esta edición: la tierra, el fuego, el agua y el aire. «Málaga es fuego, es calor, es luz», decía una voz en off a unos metros de allí, en la plaza de la Marina, mientras se iluminaba un dragón. Era una de las cuatro representaciones de 'Elements', una puesta en escena de los elementos a través de la danza, la instalación, la música épica y los efectos especiales. Había tanto público que la gran mayoría seguía la actuación a través de las pantallas de los móviles. Un escenario en altura se hubiera agradecido.
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Hasta 1.300 personas cruzaron las puertas del Museo Carmen Thyssen entre las 19.00 y las 21.30 horas. Muchos de ellos turistas nacionales que se habían topado de pura casualidad con el evento. «Me enteré en el tren», «me lo dijeron en el hotel», «¡acabo de saber que es gratis!», comentaban en la cola. «Esto es chulísimo. Un añadido a todo lo que traía en mi lista», afirmaba Laura Hellín, de Orense. «¡Qué barbaridad!», exclamaba alguien que veía cómo la hilera de personas daba la vuelta al Palacio de Villalón. «Ha sido una buenísima casualidad», se felicitaba Jesús Atienza con sus amigos de Jerez y Sevilla en la entrada del Museo Picasso. Costaba encontrar a un malagueño esperando turno frente a las pinacotecas. «Yo creo que el de aquí ya ha entendido que esto está todo el año y busca otras propuestas», comentaba la trabajadora de un museo. Una hora antes del cierre, el CAC contabilizaba 8.534 entradas.
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Eso sí, se echaban en falta más citas singulares, visitas especiales solo para esta noche. «Pasear y a ver qué encuentro» era el plan más repetido. El balance final dirá si la reducción de actividades –la mitad que la última edición– repercute en el cómputo global de visitantes.
Pese a todo, como apuntaba Elisabeth Estrada, «hay gente en todas partes». En Larios se aligeró la afluencia a la hora de la cena, pero el paso por calle Granada era a ritmo de procesión. A las 21.30 horas se hacía difícil cruzar la plaza de la Constitución con la banda sonora de 'Indiana Jones' interpretada de fondo por la Orquesta Sinfónica Provincial. Hora y media antes del concierto ya había espectadores guardando sitio. Lo mismo sucedía en el patio de las Cadenas de la Catedral: imponente la imagen del templo iluminado con un piano de cola en la puerta. Y otra foto para el recuerdo: un coro góspel, la Alcazaba y la luna (casi) llena en Alcazabilla.
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Y mientras fuera todo era movimiento, algarabía y prisas de un lado a otro, había un lugar para la pausa, el silencio y la calma: hermoso el recital de órgano en la Iglesia del Sagrado Corazón. Hay muchas Noches en Blanco posibles y todas están en Málaga.
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