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En la plaza de la Marina, cinco mujeres sobre zancos homenajean a quienes lucharon por ser ellas mismas. Casi al mismo tiempo, en el Palacio Episcopal, una embarazada luce un traje de chaqueta intervenido como reclamo del fin del patriarcado. Y mientras tanto, un centenar de miradas femeninas de metro y medio invaden el espacio público vigilando desde las alturas el ir y venir de gentes por la calle Larios. Las mujeres fueron las protagonistas de las propuestas más potentes de la Noche en Blanco en su edición más reivindicativa. Les acompañaba un invitado inesperado, el viento, que obligó a reformular algunas instalaciones urbanas.
Hasta 10.000 guías con la programación se habían repartido en el punto de información a la media hora del inicio oficial del evento. Turistas y paisanos –y alguna que otra despedida de soltero, como ya viene siendo habitual– se mezclaban en las calles del centro histórico, donde el goteo era constante pero sin grandes agobios. «Tres autobuses hemos venido llenos desde Algarrobo», contaba Amparo Melgare mientras esperaba su turno a las puertas del museo Thyssen. Una afluencia de público que garantizó el lleno en todas las actividades al aire libre y de la que sacaron partido estatuas humanas y músicos callejeros: también ellos pasaron la Noche en Blanco.
Entre la amalgama de citas que cada año invitan a trasnochar con la excusa de la cultura y el ocio, ayer se colaron llamamientos a la igualdad, reconocimientos del papel de la mujer en las artes y tributos a las 'Musas y creadoras' (el tema de esta edición) de la historia. «Y que se visibilice a la mujer y se le haga protagonista de actos culturales está muy bien», se felicitó la joven Cristina González, de 23 años. Impactante el espectáculo de la compañía Maduixa que abría los actos en la plaza de la Marina con el montaje que le valió el Max 2017. Las cinco bailarinas de 'Mulïer' dieron una lección de fuerza, coordinación y equilibrio sobre zancos llevando el cuerpo al límite. Allí estaba el alcalde, Francisco de la Torre, que cambió la habitual camisa por una camiseta con el lema de la Noche en Blanco bajo la chaqueta. Arreglado pero informal. Poco después sería Emma Luna quien se llevaría los aplausos y los gestos de asombro con su danza aérea y acrobática en la Marina.
Pero para impacto el que provocó la acción de Ernesto Artillo en el Palacio Episcopal 'La mujer que llevo fuera'. En el mismo lugar donde a comienzos de semana se vetaban dos obras de una exposición (una de ellas con un desnudo explícito), hombres y mujeres sobre un pedestal, a modo de maniquíes vivientes, exhibían trajes intervenidos sobre los que el artista había pintado senos y genitales. Había modelos jóvenes, otros mayores, de distintas razas y hasta una embarazada de ocho meses. Una puesta en escena, con una música envolvente de fondo, «potente, poco usual y diferente», según una pareja rumana de turismo en la ciudad. «Es chocante, pero en positivo. Me pongo en la piel de ellos, en qué pensarán de nosotros que les estamos mirando.Es la primera vez que veo algo así», reconocía Reme Ruiz. Al final de la sala, se recreaba un clítoris con flores; la demostración, según fuentes del Episcopal, de que en el Obispado no hay censura. Con esta propuesta Artillo toma uno de los emblemas del patriarcado y lo transforma en un símbolo de la revolución femenina. Los trajes se subastarán el 18 de mayo en catawiki.com para recaudar fondos para asociaciones de mujeres.
La firma de Ernesto Artillo, en colaboración con La Madre de los Beatles, estaba también en la calle Larios. Allí la atención se iba hacia las miradas femeninas capturadas por el artista que colgaban en medio de la vía en enormes cajas de luces. No se trataba esta vez de la decoración del espacio, se buscaba la intervención del mismo con una instalación que demanda la presencia de lo femenino en lo público.
Y la mujer ocupó también el Muelle Uno. Junto a la fachada del Pompidou, la Escuela de Arquitectura levantó 'La Dama de Acero', un pabellón de 40 metros de largo que representaba la dualidad de la mujer: la fortaleza y la robustez de los andamios y la fragilidad y la sensibilidad de las telas de tul. No contaban con el viento y las rachas de aire movían de forma repentina las telas deformando el interior del túnel. Aún así, el colorido, las luces y el sonido envolvente salvaron el conjunto, que congregó mucho público en el entorno. También el viento les complicó el trabajo a los alumnos de Arquitectura en su sede habitual: el Rectorado. Los estudiantes estrenaron el nuevo laboratorio de fabricación digital de la escuela con la construcción de una gruta de las musas con corcho y mantas térmicas (cedidas por Cruz Roja) que se peleaban con el viento. Con la técnica del vídeo mapping crearon un estanque en el que se proyectaban los nombres de las mujeres arquitectas que les inspiran.
Ellas en la música. Una banda de jazz solo de mujeres nacida en el CAMMactuaba en el exterior del Museo Thyssen donde justo antes había bailado Cristina Mesa. Había colas en el Colegio de Graduados Sociales para ver un musical de Teatro Didáctico inspirado en el derecho al sufragio de las mujeres. Y en la Constitución se escuchaba la voz de Susana Alva, líder de Efecto Mariposa.
Ellas también en las letras: en el CAC Málaga se leyeron textos de autoras universales como Virginia Wolf, Gabriela Mistral, Elvira Sastre, Ana María Matute o Gloria Fuertes. Y ellas en la cultura en general: en el instituto Gaona recordaron en su visita por el histórico edificio del XVIII a las primeras alumnas y profesoras del centro, que llegaron en el siglo XIX.
Más allá de la temática femenina, la Noche en Blanco volvió a abrir con nocturnidad espacios normalmente cerrados al público y a ofrecer eventos singulares. Como el de la ermita de Zamarrilla, donde un joven Javier Banderas, sobrino del internacional Antonio Banderas, debutó en la interpretación recreando la leyenda del bandolero con la Virgen ataviada como en el año 1820. A su lado, el actor ganador de un Goya Joaquín Núñez. Espectacular la performance de ElCarromato, con sus marionetas de hasta cuatro metros acompañadas de efectos de luces y música. Y muy apropiada la elección de temas en el piano que la Fundación Musical de Málaga colocó en la plaza del Obispo: al principio de la noche, la canción que representaba a España en Eurovisión se escuchó en diferentes versiones.
La entrada gratuita volvió a ser un reclamo infalible para visitar los principales museos de la ciudad. Hasta una hora esperaban para ver la exposición del Museo Carmen Thyssen, por donde pasaron alrededor de 800 personas en las dos primeras horas. Unas 1.500 habían atravesado el Museo de Málaga en ese tiempo, un centro cultural gratuito todo el año pero que abría por primera vez en una Noche en Blanco (el año pasado solo se podía acceder al patio). El trasiego de gente era constante pero sin colas, como en el Museo Picasso. Sí había que esperar en el Pompidou, con unos 1.300 visitantes en dos horas.
El Soho fue una edición más territorio infantil, con pintacaras y cuentacuentos. Y para aquellos padres que quisieron tomarse la noche en blanco y libre, el colegio de los Maristas ofertaba un servicio de guarderías. Así quien no trasnocha es porque no quiere.
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