No podrá ir a Miami donde cada año se celebra la ceremonia de entrega de los premios, pero la pandemia no va a impedir que ... esa noche se vista de gala. Tina se colocará un impresionante vestido de fantasía, en tonos celeste y fucsia, los colores del personaje que le ha llevado hasta allí. Se lo pondrá aunque el 19 de noviembre esté en su casa y a sabiendas de que en la videoconferencia solo se le verá de cintura para arriba. Pero no siempre una chica de la Patagonia afincada en la Costa del Sol llega a los Grammy Latinos. Cecilia Valentina Keil compite por el mejor álbum de música infantil con 'Canta y juega', el primer disco que lanza tras años dedicada al entretenimiento y la educación musical de los niños en el rol de Tina Kids.
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«Ha sido una sorpresa y una alegría por la visibilidad que da. Esa nominación ya queda para siempre», asegura Tina, en liza por el codiciado gramófono dorado con otros cuatro proyectos. Le cuesta creer que esa canción que surgió mientras bañaba a su pequeño ahora pueda llegar a alguien en la otra punta del mundo. Y más allá de que el galardón viaje en unos días a Estepona, donde reside, entrar en esa exclusiva lista supone un reconocimiento a una carrera que ha ido creciendo por pura intuición, sin grandes expectativas ni potentes marcas detrás. «Las palmitas se agradecen», admite.
Lleva 20 años en la Costa del Sol, desde el mismo momento en el que decidió dejar su Argentina natal para conocer la tierra de sus abuelos, de origen europeo. Uno de ellos, austriaco de nacimiento, vivió durante siete años en Marbella, donde trabajó como profesor de tenis en Marbella Club y Puente Romano, codeándose con el mismísimo príncipe Alfonso de Hohenlohe en esos principios de la inmigración europea al sur de España. «Y ese fue el gancho que me atrajo hasta este lugar», cuenta.
Se recuerda haciendo música desde niña, desde sus primeros años en el pueblo San Martín de los Andes, de la Patagonia. Después se marcharía a Buenos Aires a continuar sus estudios, formándose como maestra de música y profesora de dirección coral. «Cuando terminé tenía que decidir si me quedaba en Buenos Aires o emprendía una aventura. Y era el momento de desplegar las alas», narra.
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Cuando llegó a la provincia de Málaga entró de inmediato en contacto con el ambiente coral. Con otros compañeros puso en marcha la Asociación Cultural Iberoamericana Tantanakuy, ha sido directora de coro en el Colegio Alemán de Marbella, ha impartido cursos de música para profesores y ha creado un programa de radio infantil ('La isla azul', RRNetwork). Y, al mismo tiempo, ha trabajado en entretenimiento y animación infantil en hoteles de la Costa y en fiestas privadas. «Siempre estuve con niños», dice Tina, madre también de dos pequeños. Porque en realidad ella nunca ha dejado de ser una niña: «Ellos me hacen conectar automáticamente con mi niña interior, despiertan en mí lo risueño y transforman la vida en juego».
Cuenta que hace cuatro años le encargaron a ella y a su marido, el pianista Mario Sanmarti, la musicalización de una metodología de enseñanza de inglés. «En pocos meses hicimos 60 composiciones de músicas infantiles con gestos y coreografías. Me encantó, me sentía feliz de hacerlo. Me di cuenta de que era por ahí por donde iba la cosa. Y ya no paré de hacer letritas y rimas«, asegura.
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En 2019 se decidió a unir todo lo que tenía, «darle coherencia», y editar su propio disco. Lo haría desde un estudio en su propia casa y con su marido como uno de los productores. Su proyecto fue seleccionado en el Programa de Mentoring 'Creación y mercado' de la SGAE, que le proporcionó asesoramiento para entrar en el complejo mercado de la música. Pero la última reunión, fijada para mediados de marzo, ya no se pudo celebrar y todo quedó en suspenso hasta que en mayo, por fin, vio la luz 'Canta y Juega'. Once canciones que invitan al baile, con sus propias coreografías, que sirven para animaciones y para acompañar a un juego. «Aunque también las hay más melancólicas. Como 'Lagrimitas', porque si sacas la pena se va a ir más rápido», apostilla Tina.
Tina vive ahora volcada en la composición de nuevos temas y en reforzar su perfil en las redes sociales. «De la introspección de escribir en casa he salido a mostrar lo que hago», explica. Ya ha subido algunos videoclips a su canal de Youtube y espera tenerlos de cada una de sus canciones. Y cuando la pandemia lo permita, llevará también su show a los escenarios. «Buscamos la diversión, que atrapen, que sean entretenidas y que, además, transmitan valores, con mensajes muy cuidados para la infancia«, detalla.
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Tiene una fórmula infalible para saber si va por buen camino: sus pequeños Sebastián y Julián, de 12 y 6 años. Su fuente de inspiración y su «primer filtro». «Si ellos lo aprueban, es que funciona», concluye.
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