Conocía los cantes de Antonio Mairena y Manolo Caracol desde mucho antes de empezar a rasgar las seis cuerdas. El arte jondo le acompaña desde ... la cuna, aunque nada en su biografía lo haga sospechar. Nacido en Alemania, de padre palestino y madre colombiana, El Amir (Amir John Haddad) es hoy un respetado guitarrista flamenco que lleva la música de raíz desde Málaga hasta Hollywood. Afincado desde hace algo más de un año en una casa de campo en Macharaviaya, El Amir pone el toque español a las dos últimas bandas sonoras del oscarizado Hans Zimmer, el aclamado compositor de 'El rey león', 'Mejor imposible', 'Gladiator' e 'Interestellar', entre muchas otras películas.
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Su guitarra suena en 'The Rhythm Section', protagonizada por Jude Law y estrenada a principios de este año, y estará de fondo en la última película de James Bond 'No Time to Die' (aplazada a noviembre tras la irrupción de la pandemia) con pistas que compuso a tiempo real mientras veía las secuencias del filme. Y todo apunta a que será solo el principio de una alianza más duradera. «Es un paso más, aprendes de los grandes y colaboras con gente que hace una música maravillosa», declara el multiinstrumentista. Porque además de la guitarra flamenca, El Amir aprendió de su padre a tocar el laúd árabe y con el tiempo ha sumado el buzuki griego, el saz turco, el banjo, el bajo y la guitarra eléctrica.
Hasta Hollywood llegó gracias a la magia de Youtube. Buscaban a un guitarrista que aportara un toque diferente a las composiciones de Hans Zimmer para una gira por el mundo con sus bandas sonoras. Y la productora dio con él en Internet. «Me mandaron canciones de Hans para grabar guitarras encima. Sonaba increíble. Quería comunicar desde la emoción y volqué todo mi corazón ahí. Al mes y pico, ya estaba a bordo», relata. Empezó entonces a adornar con arreglos flamencos unas melodías que siempre ha admirado. «He seguido su carrera desde hace años y la magnitud de su obra me ha impactado», añade. Entre ambos ya se ha establecido una relación de confianza esencial a estos niveles. «Porque ya no se trata solo de tocar bien, eso es lo que se espera de los músicos que están en ese circuito. Piden personalidad y una forma especial de comunicar», afirma. Él, por encima de todo, valora la autenticidad: «Si eres tú y no tocas para complacer a los demás y lo transmites con energía y sencillez, va dando sus frutos».
La música de cine es solo la punta del iceberg de una larga carrera donde sus cuerdas han acompañado a grupos como Radio Tarifa, Navajita Plateá, Chambao y Kroke, y a artistas como Stanley Clarke, Marcus Miller, Carles Benavent, Jorge Pardo, Tomasito, Carmen París, Joaquín Sabina, Pasión Vega, María Dolores Pradera, Miguel Poveda, José Mercé y un largo etcétera.
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Pero su guitarra también tiene vida propia. El Amir ha publicado tres discos, el último dedicado a su tierra de adopción, 'Andalucía' ('Pasando por Tabernas' y '9 Guitarras' son los anteriores). Desde niño pasaba los veranos en la localidad almeriense de Aguadulce, de joven dejó Alemania para formarse en Jerez con los maestros Pepe Justicia y Enrique de Melchor y ahora de adulto, tras 22 años residiendo en Madrid, ha encontrado su refugio en Macharaviaya. «Este valle tiene algo mágico, subes la loma desde el Rincón y entras en un mundo apartado de lo que pasa ahí abajo», asegura.
'Andalucía' es un homenaje a la que ya considera su casa. «Llevo varias décadas conectado con esta tierra, he aprendido y disfrutado de su arte y quería devolverle algo a mi manera», cuenta El Amir. En su disco da «un sentimiento a cada provincia» que no tiene por qué coincidir con su palo característico. Málaga, por ejemplo, suena a rumba en vez de a tangos. «Lo importante para mí era encontrar músicas con las que podía expresar la emoción que siento por cada lugar», añade.
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'Andalucía' salió a la luz el 28 de febrero, apenas dos semanas antes de que el mundo se parara. «Un disco es una gran inversión a nivel económico y de esfuerzo. Toda esa energía que pones para el momento en el que sale se nos cortó en seco. No había forma ni de promocionarlo en las redes, era una gota de agua en una piedra caliente», recuerda. Admite que fue «un golpe»: «Pero lo aparqué, como todas las actividades. Si me agarro, me hundo con ello. Si lo dejo ir, lo mismo resucita».
Así hizo y empezó a trabajar desde casa, en remoto, para otros proyectos cinematográficos que aún no puede desvelar. Un confinamiento que ha vivido con el desahogo que da el campo, «con la inmediatez de salir a la puerta y ver otro entorno diferente, de tener una vía de escape». Hace tiempo que El Amir descubrió las ventajas de vivir en las afueras, también estando en Madrid se instaló en El Escorial. «Me di cuenta de que yo podía decidir cuándo usar la ciudad. Que la ciudad no me comiera a mí». El Amir habla con un tono de voz pausado, con una cadencia que transmite calma. Se nota que responde al teléfono desde su retiro en la Axarquía.
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