Microrrelatos SUR II Premio Pablo Aranda: primera entrega

Envía tus microrrelatos a microrrelatos@diariosur.es. No existe límite de edad ni ninguna temática obligatoria, sólo hay que cumplir un requisito: no superar las 150 palabras.

Domingo, 17 de julio 2022, 00:17

SUR renueva su apuesta por el microrrelato, y le reserva un espacio este verano tanto en las páginas del periódico cada fin de semana como en la web, el sábado como el domingo. El certamen recibe el nombre de II Premio Pablo Aranda en memoria del genial escritor malagueño y columnista de este periódico, fallecido en 2020. El ganador recibirá un premio de 1.500 euros y además habrá dos menciones especiales dotadas con 500 euros cada una. Los originales se pueden mandar a microrrelatos@diariosur.es.

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Puede consultar aquí las bases

  1. Sheila Acacio

    Cuestión de altura

Unos segundos fueron suficientes para revolverme el estómago y quitarme de un plumazo el apetito, perdurando la sensación hasta bien entrada la tarde. La 'conversación de ascensor' aderezada con su halitosis, despertaba mis neuronas, superando incluso al primer café de la mañana. Se adivinaba una ingesta de ajo en grandes proporciones, lo cual me provocaba náuseas continuas, desembocando en una pérdida de peso considerable. En el ineludible encuentro mañanero, se aventuró a alabar mi asombrosa delgadez repentina, profiriendo impertinentes adulaciones. En ese preciso instante corroboré cuánto me desagradaba el perfume de su aliento. Con la máxima discreción me acerqué suavemente, simulando que sus halagos surtían el efecto que él esperaba. Entonces descubrí que si incrustas un tacón en la yugular, te desangras como un cerdo en una matanza. Cojeando a dos alturas, salí de allí con la certeza de haber perdido un vecino y un tacón. Y además, mi libertad.

  1. Juan Antonio Guerra Ruiz

    Reencuentro

Tengo un permiso de esos que dan allí de vez en cuando y he regresado para dar una vuelta y ver cómo van las cosas por aquí.

He preferido venir en verano porque me gustaba mucho pasear por la playa. La ciudad sigue rebosante de salud como cuando me fui.

Esta mañana he pisado la arena, puede decirse así, y he contemplado el mar durante un rato.

Esta tarde he paseado por calle Larios y he sentido envidia de los que tomaban esos helados tan buenos. Después he recorrido todo el centro con su algarabía desbordante y he acabado sentado en una terraza donde corría la cerveza y disfrutaban con los manjares de la bahía. Sobre la mesa había un periódico muy conocido entre mis paisanos. Lo he abierto y he visto mi cara de entonces, sonriente y feliz.

¡Ese era yo¡ -grité-. Y me esfumé al instante..

  1. Miguel Ibáñez

    La inmortalidad o algo de eso

—¿Qué tiene de malo hablar con ella? —le digo—. Me cuenta sus cosas y le cuento las mías. ¿Qué hay de malo en eso?

—¡Es un jodido programa informático! —me grita—. ¡Han juntado todos tus recuerdos de ella y los han volcado en una puta aplicación!

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—Es mamá —le contesto, calmada, o haciendo un esfuerzo por parecer calmada—. Y no digas tacos, a mamá no le gustaba.

Mi hermano me mira con un brillo en los ojos, el de cuando cree haberte pillado.

—A mamá no le gusta— me corrijo. Él se va dando un portazo.

Yo suspiro.

—Le gustaría poder abrazarte— le digo a mamá. Ella sonríe. «Y a mí también me gustaría», pienso. Pero no se lo digo. Ella sigue sonriendo. Sigue sonriendo. Sigue sonriendo.

  1. Enrique Llorente Vázquez

    Fée verte

Una pequeña parada en el Toulouse, y seguiré mi traslación nocturna por la ciudad fantasma. Me agrada este cafetín con luces de opalina y aire Art- Decó.

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Casi siempre, antes de empezar mi ronda por las tinieblas, suelo cumplir con mi caprichoso ritual de venir por aquí un rato.

La suntuosa decoración me recuerda al glorioso Hollywood de los años 20. Me gusta todo tipo de decorados: columnas dóricas de poliexpán, templos antiguos de cartón piedra...en fin, supongo que me gustan porque yo soy así –como un decorado– solo aparento ser real.

Un biombo bordado en oro y negro, con una ominosa selva oriental, me separa de otro reservado de estilo Árabe, del que surge serpenteante el humo de una cachimba.

– Camarero, por favor ¿me pone una copita de Fée Verte?... es lo único que tolera mi organismo, aparte, – claro está–, ...de la sangre.

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  1. Federico Guerrero Ruiz

    Los secos

Oí hablar de una tierra que llamaban 'la de los secos'. Decían de aquella tierra que su aire y su suelo lo secaban todo, por más que lloviera y por más que lloraran sus gentes, bien por añorar besos de otros labios agrietados o bien por muertos condenados a la momificación. También que los que allí vivían eran reconocidos por el deje que les daban sus bocas secas y por sus ojos sin brillo.

Ni el mejor de los cántaros se libraba de perder su líquido contenido en la tierra de los secos.

  1. Ana Belén Álvarez

    El valor de las palabras

Somos un grupo de palabras que busca escritor. Nuestras posibilidades son infinitas: podemos convertirnos en poesía, novela, ensayo Nos graduamos en la RAE y nuestras antepasadas son las glosas silenses y emilianenses, por lo que contamos con una larga trayectoria. Nos avalan Cervantes, Lope de Vega e incluso premios nobeles de literatura como Gabriela Mistral o Juan Ramón Jiménez. Solo es necesario escoger las más adecuadas de entre todas nosotras y colocarnos correctamente. Si nos tratan bien, ofrecemos grandes resultados.

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  1. Cristina Castillo Cordero

    Pájaros

En los amaneceres de verano, suelo sentarme en el sillón de mi terraza para observar el cielo y esperar que algún pájaro de los que anidan cerca capte mi presencia y venga a saludarme. Pero ellos son tan libres que no necesitan cumplir mis expectativas, y a veces, cuando no los miro, aceptan las migajas de pan que les ofrezco. Cuesta distinguirlos, pues las bandadas son como madejas de hilo deshilachándose hacia el horizonte con un propósito desconocido. ¿Vuelan porque son pájaros o son pájaros que han aprendido a volar? Hoy, uno de ellos se ha posado en mi barandilla mientras el sol asomaba por las colinas de caliza moteadas de arbustos secos y árboles que aún sobreviven colgados de sus raíces como flores mustias en un jarrón. Era negro, de pico afilado y patas finas. Los pájaros que sobrevuelan mi cabeza no tienen nombre porque no tienen dueño.

  1. Manuel Hornos

    Jubilación

Voy a cumplir 61 años y he de pensar seriamente que quiero hacer con mi vida.

Quizás me conforme con ver amanecer todas las mañanas, oír el sonido de las olas acariciar la arena, el molesto ruido del camión de la basura, el canto esperpéntico de las gaviotas, tus ronquidos cuando me levanto, el silbido del aire cuando respiro, mis pasos al andar, el tic tac de cualquier reloj analógico, sentir mi corazón, escucharme a mí mismo, en fin, un reto hasta ahora inalcanzable.

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No puedo dejar escapar todo ese mundo maravilloso que en 60 años ha pasado por mi lado sin apenas haberme dado cuenta..

  1. Vicente Pérez Masedo

    Juego ganado

Un grupo de niños corretea por el parque. Juegan al escondite. El que está escondido no teme que lo encuentren y perder. Teme lo que sabe: que no lo encontrarán jamás.

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