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De Fuente Olletas al Santiago Bernabéu. Del Manuel Carra pal' mundo. Igual suena a letra de reguetón, pero esta es la historia de Marina Kalleja, ... una malagueña de 19 años que desde hace una década toca el trombón. Hace un mes acabó su primer año de trombón moderno en la prestigiosa Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC) y días después aterrizó en la banda del directo del último concierto de Karol G en España. «No sabría explicar lo que sentí. Se encendió la luz y se me removió todo al ver ese estadio plagado de estrellitas, las luces de los móviles, que era lo único que yo veía». 60.000 asistentes en el coliseo madridista y 4,5 millones de espectadores en el directo de Youtube.
Cierre de gira española. 23 de julio. Penúltima canción en el Santiago Bernabéu. «Si te dicen que yo me estoy curando, es la verdad…». Sonaban los primeros compases de 'Amargura', una sorpresa especial para la despedida española: una versión salsa de este reguetón. La 'core band' de Karol G, traída casi en su totalidad de Miami, necesitaba un trombón. Y encajó la pieza Marina Kalleja. ¿Cómo? Rob Trujillo, director musical de artistas como Pitbull o Luis Fonsi, lleva esta gira de 'Mañana será bonito' y tiró de contactos en España para completar la banda. El primero de su agenda estaba Carlos Martín, trombonista en giras de Alejandro Sanz y profesor de Kalleja en ESMUC. «Pero le dijeron que necesitaban una banda de mujeres, que Karol quería darnos visibilidad», le contó su profesor. Y es que Karol G es mucho más que Ovy On The Drums.
«Tenemos que agradecerle a ella esta oportunidad». Marina Kalleja esperaba en el backstage a salir al escenario: «Estábamos todas cogidas de la mano y yo soñaba con que alguna chica me viera, a mi o mis compañeras, y quisiera seguir nuestros pasos». Junto a Marina, artistas de la talla de Emily Stefan, virtuosa hija de Gloria y Emilio Stefan; Ella Bric, ganadora de 2 Latin Grammy, o Gabrielle Garo, saxofonista de estudio de Beyonce. «Era un grupo de mujeres top y Karol una jefaza con la que es facilísimo trabajar», dice la malagueña después de haber ensayado con ella la friolera de diez días, en el Wizink Center, para un tema que iba a durar poco más de 3 minutos. «Mientras estás dentro no ves lo grande que es, pero cuando lo ves desde fuera, marea».
Marina Kalleja tiene claro su futuro, sobre todo ahora: «Quiero ser músico de giras, ahora soy adicta». Aunque cuando con 4 años cantaba sin vergüenza alguna para su familia y amigos, algo se podía intuir. «Y eso que me tocó el instrumento que nadie quería», recuerda ahora con cariño abrazada a su trombón. Se apuntó al Conservatorio Manuel Carra con niños y niñas un año mayores que ella, y pese a entrar con la máxima nota, le dieron a elegir entre la tuba y el trombón. Y estudió en Málaga con José Luis Arias Bermúdez, su profesor de trombón durante una década. Aunque tampoco olvida el importante papel del músico Enrique Oliver, que facilitó su transición del clásico al jazz en la Escuela Municipal de Música de Alhaurín de la Torre.
Entretanto, pinitos en los escenarios con su propio proyecto musical, '404' una formación que va del jazz al pop, desde Robert Glasper a Michael Jackson. En Málaga había llenado la sala The Hole y subido a las tablas de La Cochera Cabaret, pero nada comparable al sueño de 'Amargura' con Karol G. «Ha sido fruto de años de perseverancia -explica-, porque yo he nacido para vivir de esto». Aunque tiene claro que lo primero es acabar su formación, que pasa ahora por vivir a caballo entre Málaga y Barcelona.
Este curso, Marina Kalleja hacía las pruebas de acceso a la Escuela Superior de Música de Cataluña para trombón moderno y lograba la única plaza ofertada. «Mi plan es estudiar mucho». Todavía le quedan tres años en Barcelona. «Estar allí es fundamental, lo considero mi puente hacia lo que quiero ser, porque allí es donde se mueve todo». Se forma en el jazz, pop, funk e incluso el gospel. Luego el futuro dirá si acaba en la salsa o hasta el reguetón. De ESMUC, además de Carlos Martín, el profesor que la ha subido a los escenarios, reconoce a la referencia de la también trombonista Alba Pujals, que también salió de la escuela catalana.
No vive esta resaca con amargura. «Me dicen: ¡la que has liado!». Le luce la sonrisa. Hasta septiembre, a Marina Kalleja le espera un verano de reencuentro con sus padres, Marina y Siro, pero también de bolos entre España y Portugal con Lasmús, un trío en el que también está Guillermo, su hermano. «Al final te haces adicto a esto», cuenta ella. Es tiempo de disfrutar. Con sólo 19 años y media vida acarreando su trombón de clase en clase, de escuela en escuela, le queda mucho por vivir, pero ya sabe que aquella noche con Karol G no fue un sueño y mañana, seguro, será bonito.
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