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Marilú Báez

La Málaga disfrutona cumple con la Noche en Blanco

Lleno en el zapateado de los Vivancos, en el concierto de cine de la Sinfónica y en los museos. Malagueños y turistas responden al reclamo de la cultura nocturna y gratis

Sábado, 20 de mayo 2023

Unos argentinos en la cola del Museo Picasso contaban entre risas cómo el taxista que les llevó al centro intentaba explicarles qué pasaba en Málaga: «De repente hoy a todo el mundo le da por la cultura», les dijo. Casi por generación espontánea, una noche al año hay colas eternas en los museos, sillas completas en un concierto sinfónico en la Constitución y público de pie en un recital de piano frente a la Catedral. Cuando se enteraron de que todo era gratis, ya lo entendieron. La Málaga disfrutona cumplió una vez más –y ya van 14– con la Noche en Blanco e hizo honor a su lema 'El gen de la Buena Vida'.

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Una velada que tuvo tintes épicos en los dos puntos de mayor concentración de público: la banda sonora de 'Star Wars' sonaba a toda potencia en los instrumentos de la Orquesta Sinfónica Provincial en una abarrotada plaza de la Constitución minutos después de que el zapateado de los Vivancos hiciera vibrar a más de uno (y de una, sobre todo) en la plaza de la Marina. Con el 'Streetwalker' de Michael Jackson con cuerdas, percusión, cajón y flauta travesera, empezaban los diez minutos del primer pase del espectáculo de los hermanos, un show concentradísimo en el que no obstante desplegaban todas sus habilidades ante un público entregado. Luego lo ampliarían en dos sesiones más.

A la fresquita

Tras el chaparrón de la tarde anterior, el cielo respetó la fiesta de la cultura con temperaturas agradables para estar 'a la fresquita'. Y a eso mismo es a lo que invitaban dos actores del taller de teatro de la UMA en la calle Echegaray. Con sillas de enea colgadas al aire y otras cuatro en el suelo, animaban a los viandantes a sentarse con ellos y filosofar sobre esa costumbre perdida de sacar la silla a la calle para echar el rato. «Me van a salir agujetas de reírme», confesaba el actor Alberto Ballesteros, entre una y otra charla.

Eso es parte de la buena vida, como pasear por la calle sin mirar el reloj, sin importar las multitudes y, muchas veces, sin saber muy bien qué hacer. «A mí la gente no me estorba, me gustan los pisotones», aseguraba Bori Fernández dispuesto a recorrer la ciudad con familia y amigos a «la aventura». Lucía Gil y sus amigos sí tenían un plan. A sus 17 y 18 años esta era la primera Noche en Blanco sin padres y se habían preparado bien la ruta para aprovecharla al máximo: taller de pintar vajillas y abanicos, visita al Museo de la Aduana y música en la calle Alcazabilla. «Es una noche para ver la ciudad con un ambiente diferente y hacer cosas que normalmente no se puede», explicaba la joven. Como visitar la escenografía de la ópera 'Adriana Lecouvreur' que se representa estos días en el Teatro Cervantes, ver un número de natación sincronizada en el Club Mediterráneo o conocer los secretos de la Sala Unicaja de Conciertos María Cristina de la mano de los pintores Martínez de la Vega y Denis Belgrano, y de la mismísima Reina María Cristina, todas ellas propuestas muy aplaudidas y fotografiadas.

Solo hasta las diez de la noche, se estimaba que 28.000 personas habían visitado espacios interiores. La estrella, una vez más, los museos. Por más Noches en Blanco que pasen, las colas frente a las pinacotecas y centros de arte se repiten desde las siete de la tarde. Media hora después, la del Thyssen daba la vuelta al museo: «¡Es gratis y somos estudiantes! Merece la pena la espera», aseguraba Eulalia Camós junto a su pandilla. En tres horas, ya eran mil las personas que habían cruzado las puertas del Palacio de Villalón, ya fuera para ver la colección de la baronesa o para disfrutar de teatro y danza flamenca en el patio.

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Perfomance

La fila del Picasso llegaba a las ocho de la tarde hasta la entrada de la calle Echegaray. Nada hacía sospechar que una hora antes allí se había vivido una 'Noche en Negro'. Vestidos de luto y con caretas picassianas los trabajadores del Museo Picasso también se echaron a la calle para reclamar un «convenio justo» tras once años sin subidas salariales. En plena negociación y con un proceso abierto para elegir al nuevo director, los empleados sostenían una pancarta donde se leía: «Un museo de lujo. Trabajadores de saldo».

Más de uno lo confundió con una performance, porque todo en la Noche en Blanco es susceptible de serlo. «Mira, aquí hay un espectáculo», decía una pareja que avanzaba por la calle San Agustín a eso de las 18.30 horas hacia la protesta. Y esa sensación de expectación, de ver con qué se topaba uno a la vuelta de la esquina, se repetía una y otra vez. «Aquí tiene que haber algo», «vamos por allí que se oye música», «pregunta por qué están esperando», se escuchaba en las calles donde era difícil distinguir al malagueño del turista. Esta noche todos son uno.

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Unas 1.500 personas entraron en el Centro Pompidou Málaga hasta las diez de la noche. Y de camino, se hacían una foto en la instalación 'Luminiscencia' en Muelle Uno: un cubo de tiras de luz con música electrónica de fondo que prometía buenos 'selfies'. Porque si en algo se lleva la palma la Noche en Blanco es en fotos por metro cuadrado: es, con toda seguridad, la velada más fotogénica de Málaga. Los móviles inmortalizaban bellas imágenes como el piano de cola con la Alcazaba iluminada de fondo en Alcazabilla; momentos únicos como el concierto de la malagueña Anni B Sweet en el Muelle Uno y el baile de Carrete en el Colegio de Abogados, y hasta capturaban al alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, en su tradicional 'paseíllo inaugural' por la calle Larios. «¡Míralo, si es Paco!», exclamaban unos mientras otros se acercaban a él directamente para pedirle un posado.

Pero, sin duda, el rey de las cámaras fue Mr. Günter, el gato gigante que recibe al visitante en la exposición de Javier Calleja en el Centro Cultural Fundación Unicaja. Él y su versión de Mickey Mouse y la esfera rosa inmensa que está en el patio y la mesa gigante de la primera planta... Hasta un 'streaming' hacía alguno para contarlo después de guardar una cola que rodeaba el edificio. Unos metros más abajo, en Molina Lario, eran las 'cabezas' de Calleja las protagonistas de todos los focos.

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Había para elegir en una edición agradable, con multitudes pero sin agobios, que devolvía la Noche en Blanco a la primavera cuatro años después. Una jornada que vino a demostrar que sí, que 'el gen de la Buena Vida' está en Málaga.

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