Lola Cabrillana (@de_infantil en redes), con su nueva novela, 'Las cuatro esquinas del mar'. Isidro González

Maestra y novelista

Lola Cabrillana: «Escribir me ha ayudado a convertirme en referente de la comunidad gitana»

Maestra de infantil en un colegio de La Palmilla, la autora publica su tercera novela convertida en el altavoz de las «injusticias» que pesan sobre los suyos

Lunes, 22 de abril 2024, 00:10

Si alguien le hubiera dicho en plena pandemia, cuando editó a pulmón su primera novela, 'Voces color canela', que cuatro años después iba a publicar ... la segunda y la tercera con editorial de referencia y legión de seguidores, a Lola Cabrillana le habría sonado a locura. Pero ahí está, con 'Las cuatro esquinas del mar' (Grijalbo) recién llegada a las librerías y la agenda repleta de citas con sus lectores. Las próximas, en la feria del libro de Málaga: 1 de mayo a las 19.30 en la caseta de la librería Luces y el 4 de mayo de a las 11.00, en la de Proteo. A libro por año, esta «maestra, gitana y novelista», como le gusta presentarse, sigue sumando historia(s).

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¿Cada vez pesa más la responsabilidad?

–Para mí ha sido un reto esta novela, porque había muchísima gente esperándola. Sí sentía la responsabilidad, he pasado muchos nervios pensando en si iba a gustar o no; hasta que han llegado las primeras críticas, que han sido muy buenas.

¿Por qué ha sido un reto?

–Porque tenía un objetivo muy claro: quería mostrar al mundo cómo se siente el pueblo gitano cuando es acusado y no se tiene en cuenta la presunción de inocencia. Cuando son directamente culpables, y cómo eso se contagia a toda la comunidad. Ese era mi objetivo y sabía que no iba a ser fácil crear unos personajes y una trama que fueran interesantes. Y luego se tocan otros dos temas que para mí son muy importantes, como son el maltrato a la mujer y la homosexualidad.

Se ha ido a lo difícil. Esos temas siguen siendo un tabú en la comunidad gitana…

–Sí, pero creo que se resuelven y se tratan con una mirada amable. Creo que es muy motivador para el lector y le anima a seguir leyendo.

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Dice que la mirada es amable, pero usted no suele ser nada complaciente cuando aborda estos temas en otros ámbitos.

–Así es, pero he querido que se viera desde el otro lado, y desde ese lado sí es una mirada amable. Todo se suele ver y se analizar desde el punto de vista de las personas que no son gitanas, pero cuando se cambia esa mirada y se hace desde dentro no puede haber otra manera de hacerlo que no sea amable.

¿No le da vértigo haberse convertido en la portavoz de esos asuntos con tantas aristas?

–Me siento un referente, creo que esa es la palabra de cómo me veo cuando hablo de estos temas. Y escribir me ha ayudado a conseguirlo. Durante toda la promoción de la primera novela, 'La maestra gitana', me han llamado de muchos foros y encuentros en calidad de referente del pueblo gitano, para mostrar otra parte que no se visualiza y que no está en la foto típica del gitano o la gitana que vive en el margen de la pobreza. Creo que eso ha ayudado a abrir la perspectiva de la sociedad. Y cuando ocurre es muy agradable.

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Trama

«Los lectores han notado un gran salto con respecto a mi anterior novela; ahora he sido libre»

¿Y qué retorno le llega de los suyos?

–Muy bueno. En un principio eso también me intimidaba, pero incluso por la parte más conservadora he tenido un trato muy bueno y muy afectivo.

¿Incluso con esos temas tabú?

–Sí, porque siempre los he tratado desde el máximo respeto, incluso cuando abordo temas con los que no estoy del todo de acuerdo. Creo que hay otra manera de hacer las cosas. Se puede hablar de todo, pero siento que siempre se habla de lo mismo.

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Ya que hablamos de lo mismo, su novela retrata la oleada de racismo contra una familia gitana cuando uno de sus miembros es acusado de un grave delito. Podría ser el titular de cualquier informativo.

–Exactamente, y lo que trata la novela es lo que pasa cualquier día en uno de esos informativos.

Impacto

«Cuando una niña gitana me escribe para decirme que seguirá estudiando todo tiene sentido»»

Con trama policial, periodismo y hasta política. No se ha dejado ningún terreno pantanoso por pisar…

–Yo creo que es lo que más ha sorprendido, cuando los lectores me han dado el 'feedback' la mayoría ha coincidido en que no se esperaba la trama policial. Pero es que eso es lo que me gusta escribir. La primera novela fue un proyecto que me plantearon, entonces no tuve mucha acción ni poder de decisión. Ahora he sido más libre y he sido yo la que ha creado la trama.

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¿Ha sido cien por cien libre?

–Cien por cien. Y la gente nota mucha diferencia entre la primera y la segunda novela; creo que ese salto es porque he podido elegir.

¿Se ha liberado ya del síndrome del impostor?

–Es que la etiqueta de novelista es la que más me gusta. Y no te creas, que a veces me sigue costando gestionarla. No me creo cuando voy al Mercadona y la gente me reconoce y me abraza y me besa, o cuando estoy echando gasolina y se quieren hacer fotos conmigo (risas). Pensaba que perder mi intimidad iba a ser más agresivo, pero me muestran tanto cariño y afecto que todo vale la pena.

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Y ver que el mensaje funciona…

–Eso es. Cuando una niña gitana me escribe y me dice que ha leído 'La maestra gitana' y que tiene claro que quiere seguir estudiando ya para mí todo tiene sentido.

¿No cree que también ahí habrán tenido que ver los personajes femeninos? Mara y Zaira, protagonistas de sus dos últimos libros, son mujeres muy respetadas en su comunidad.

–Es que es realmente el papel que tiene la mujer gitana en la vida de la comunidad. Una mujer que está ahí, que lucha, que tiene carácter y que cada día va cogiendo más peso.

Es imposible no ver a Lola en el personaje de Zaira.

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–Pues fíjate que yo no me siento identificada con ella. Sé que ella tiene mucho de mí, pero como estoy aún tan implicada con Mara no me puedo proyectar hacia Zaira. Mara no me suelta. Yo sigo viéndome en ella, aunque Zaira tiene la manera de discutir y argumentar que yo tengo.

¿Qué consejo le daría a la Lola que empezaba con 'Voces color canela' desde el punto en que se encuentra ahora?

–Le diría que escribiera todavía más, que no se rindiera porque el altavoz de la escritura llega muy muy lejos.

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