

Secciones
Servicios
Destacamos
Dice que es distancias cortas y de novelas ídem. Y que si tiene una conferencia es breve, porque no le gusta aburrir. Desde luego, Esther ... García Llovet es cualquier cosa menos aburrida, pero no hay que creerla del todo porque habla por los codos. Si acuden el próximo viernes al Festival Escribidores la podrán escuchar disertar sobre la novela actual junto a Rodrigo Fresán (Auditorio Christine Ruiz-Picasso, 18 h). Ágil, aguda, espontánea, cinéfila y divertida, la autora de la 'Trilogía instantánea de Madrid' saca a pasear sus reconocibles rasgos literarios en su nueva novela, 'Los guapos' (Anagrama), que se publica este miércoles 7 de febrero y en la que se deja llevar por la ciencia ficción, los extraterrestres y los fantasmas en una Valencia mágica, bajo dos de sus marcas de la casa: los perdedores y el humor.
–La verdad es que es una novela difícil de clasificar.
–Quería escribir algo que hablara de lo sobrenatural. Es una novela sobre la creencia en lo que se escapa de la realidad. De 'Los guapos' lo que más me gustaba era meter un fantasma y ver qué pasaba. Y este fantasma me poseyó y habla por mi boca. No al revés. Y le dejé que soltara lo que quisiera.
–¿Por ese ambiente valenciano y a veces disparatado podríamos decir que es una novela paranormal berlanguiana?
–Berlanga me gusta mucho. Como el exceso, el petardo y el paisaje de El Saler. He intentado tratar lo fantástico desde el humor, que era una forma de acercamiento a lo extraordinario y a la ciencia ficción que me apetecía mucho. Acercarte desde un sitio que me apetecía, que es el humor.
–Esa mirada divertida es marca ya de la casa.
–No me gusta la gente sin sentido del humor, porque tiene mucho que ver con quienes somos. El humor finlandés me pilla un poco lejos y en eso soy muy española a la hora de escribir. No todos los autores españoles lo tienen, pero por ejemplo estaba pensando en Valle-Inclán que se va por peteneras, como Berlanga. Ojalá tuviera algo del esperpento de Valle-Inclán que me vuelve loca. Eso me inspira. Lo he llevado a Madrid, lo llevo ahora a Valencia y no sé a dónde más me lo voy a llevar.
–¿Qué tal a Málaga?
–Bueno, la siguiente completa la trilogía del Este y se ambienta en Alicante. Pero a Málaga me la voy a llevar en algún momento.
–En 'Los guapos' hay muchos referentes de la cultura literaria y audiovisual que no oculta, 'Twin Peaks', 'Encuentros en la Tercera fase', Stephen King… La novela podría ser hasta un episodio de 'Black Mirror'.
–Ojalá. Me encantaría que saliera de la novela una serie o una peli. El paisaje es muy cinematográfico, muy salvaje, muy bestia. Además de la historia, visualmente también funcionaría muy bien en la pantalla. Voy a tocar madera.
–Ya que habla del escenario, la novela tiene un tono crepuscular y una ambientación de arrabal del turismo que aquí en Málaga también es familiar.
–La historia sale de cuando estuve en un camping de El Saler y, como era temporada baja, me quedé allí sola y me di cuenta que daba mucho juego porque oyes cosas que no sabes de dónde vienen. Yo veraneaba en Fuengirola, te estoy hablando de hace un millón de años, y había más suecos que malagueños. Para una niña de 12 años de los 70 ese mundo era muy divertido. Aquellos sí que eran extraterrestres. Los sitios turísticos no están en ninguna parte, rulan por ahí y los puedes intercambiar, como Fuengirola con Cadaqués, porque tienen ese mismo rollo estrafalario.
–¿Le gusta el género de lo sobrenatural?
–Pues fíjate que no suelo leer literatura de ciencia ficción, pero me gusta mucho en el cine. Ahora me empiezo a cansar de las series porque todo es muy distópico. Yo soy más de 'Rick y Morty' o de Jane Fonda vestida de plata. Ahora toda la ciencia ficción va de que el mundo está acabado, cuando la ciencia ficción está para pensar cosas que no te están pasando ahora y que quieres que ocurra. Mi película mágica es 'Encuentro en la tercera fase', yo también quería que me llevaran lejos de aquí. El cine de los años 70 era más desenfadado que el actual.
–En sus novelas hay personajes perdidos y los de 'Los guapos' vienen a completar su orla literaria.
–Son de ese tipo de gente que está a la que cae. Si pasas por la Puerta del Sol de Madrid ves cantidad de gente parada y esperando a ver qué va a pasar, a ver si a alguien se le cae la cartera… No saber lo que te va a pasar mañana es una putada para el personaje, pero muy estimulante y rico literariamente.
–Sus novelas más largas tienen 160 páginas. ¿Lo breve si bueno?
–Cuando estoy escribiendo una novela, ya tengo las notas para la siguiente y para la siguiente. Me puede la prisa y, cuando veo que ya estoy en 100.000 caracteres, pienso que ya puedo pasar a la siguiente. No soy paciente. Hasta me han dicho que mis novelas acaban muy bruscas y me he dado cuenta de que tengo que darles un poquito de aire a los personajes al final. Lo que me pasa es que no me sé enrollar. Cuando alguna vez hablo en público, digo lo que tengo que decir y no mareo a la gente. Si tuviera que contar mi vida sería un anuncio de 20 segundos. Digo lo que tengo que decir y punto.
–¿Y es de la que pule o le salen así?
-Al revés, yo lo que tengo que hacer es añadir. Ya estoy acabando otra que se llama 'Las jefas' y lo que hago es que escribo a grandes pinceladas cada episodio. Y pongo en mayúsculas lo que tengo que ampliar, porque si no las novelas serían 70 páginas. Y no puede ser.
–¿Tiene algo que ver con esa brevedad que llegó tarde a escribir?
–Claro. Y también que me gusta la idea de que en algún momento se puedan llevar al cine. Pero claro, ahora las productoras lo que quieren es hacer series, no películas. Ahora veo menos series porque me he saturado. Pero las películas te las llevas puestas y mi idea con un libro es que los lectores también se lo lleven puesto y se lo coman de una sola vez. Como lectora también leo libros largos que me acompañan, pero me gusta que la gente lea rápido mis libros.
–¿Cómo va la adaptación de su libro anterior, 'Spanish Beauty'?
–Está terminado el guion, pero no está anunciada la película. Imagino que firmaremos pronto.
–La escritora Sara Mesa la considera una autora de culto…
–Si soy autora de culto es porque vendo poco. Pero te confieso que no sabría escribir de otra manera. Y de hecho me parece que escribo de una forma poco literaria. Mis historias son muy 'mainstream', son como Netflix. Por eso cuando me dicen que soy de culto me quedo un poco turulata.
–Es que sus novelas conjuran un inusual equilibrio entre lo literario y el entretenimiento visual.
–Los sitios en los que se ambientan mis novelas son un personaje más. Cuando estaba en El Saler, el mar se colaba. Y esas son las cosas que te invitan a ver una película. Y quiero que mi libro sea una película que el lector está viendo.
–No sé si tiene algo que ver con eso su mirada de fotógrafa. ¿Las novelas también las mira por el objetivo y dispara?
–La foto de portada del libro es mía, lo que me hace muy feliz. Y me han invitado a hacer portadas para otros libros. Hacer fotos me da felicidad y me encanta ya que la cabeza trabaja de forma completamente distinta. Y visualmente, mis fotografías no tienen mucho que ver con lo que escribo.
–¿Y lo de dirigir sigue siendo un objetivo confeso?
–Claro que sí. Estudié cine, pero hace un millón de años, en los 80, cuando no había industria. Hice un par de cortos, pero luego hubo problemas con el montaje y no hubo forma de rescatarlos. Cuando acabe mi próxima novela, 'Las jefas', me voy a poner a hacer cortos que ya se pueden rodar hasta con un móvil. No aspiro a que se vean en una plataforma o en una sala, sino en web o Youtube. Mira, el otro día cumplí 60 y me dije: «Yo lo que quiero hacer es cine». Le he pegado un mordisco con una peliculita corta que he hecho para el Centro Cultural Conde Duque de Madrid y ahora me voy a comer todo.
–Pues felicidades atrasadas. Se ve que le han sentado bien los 60.
-Sí. Cuando llegué a los 58, me dije: «Ay, Dios mío, voy a cumplir 60». Y te tiras dos años pensando en eso, pero no compensa porque llegas y te quedas igual. Tengo más ganas de hacer cosas ahora que hace ocho. Es verdad que me miro al espejo y dices 'Ay, Dios mío!', pero no cambia nada.
–Vuelve a Málaga con el festival Escribidores. Durante 40 años se resistió a regresar. ¿Por qué?
–Me daba pena. Me quedé sin familia y luego se vendió la casa de Fuengirola y la de Málaga. Mi madre tiene Alzheimer y me daba mucha pena volver a la ciudad que ella ya no recordaba. Tardé mucho en regresar. La primera vez fue hace unos cinco o seis años y me costó, pero ya que maté el bicho, ahora me da alegría porque todos los recuerdos son bonitos.
–¿Y se sigue reconociendo?
–Cuando hablo del mar, sea el de Valencia u otro, estoy hablando de un Mediterráneo que para mí es Fuengirola. Esa sensación cuando tienes 12 años de que el verano no se acaba nunca y esa cosa crepuscular también del final del verano, para mí es Fuengirola. Y ese recuerdo, esa sensación, ese colorido y esa luz lo he incorporado en muchas novelas.
–¿De dónde es Esther García Llovet?
–No tengo ni idea ya de dónde soy. Madrid me gusta mucho, pero no puedo más con las obras. Me vuelven loca. Siempre me han gustado las ciudades grandes cerca del mar. ¿De dónde soy? La primera vez que fui a Argentina, me reconocí. Desde luego, soy marítima, lo tengo claro. Tengo casa en Madrid y aquí tengo mis amigos. Uno es de donde son sus amigos y mi familia son mis amigos. De ahí soy.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.