Laura Chica
Laura Chica
Saluda y responde a las preguntas con la sonrisa puesta, una grande y generosa. Tiene 44 años, una hija adolescente de 15, siete tatuajes y ... nueve libros en el mercado entre los que destacan '365 citas contigo', 'Autoamor' y su último éxito en ventas, 'Confía'. Su décima publicación está en el horno y llegará a las estanterías a finales de año: «Es un libro de acción, de empoderamiento, donde hablo de cómo empezar a hacer lo que queremos hacer en la vida», avanza esta psicóloga y escritora, nativa de Churriana, también 'coach' de personas y equipos. Invita a abrazar la vida incluso en los momentos más oscuros y predica el 'autoamor', ese cariño y cuidado incondicional hacia uno mismo que, según mantiene, debe acompañarnos a lo largo de la vida: «Es muy bonito y necesario ser tu mejor amigo/a en este camino».
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–Vamos a lo importante: ¿qué necesitamos para ser felices?
–Resignificar el concepto de felicidad que tenemos cada uno. Debemos preguntarnos qué nos hace feliz y no seguir la felicidad que el resto busca. Tenemos que escucharnos y conectarnos con nosotros mismos para descubrirlo. Desde un plano de la psicología positiva, nos conecta con la felicidad la gratitud, el aprender a mirar alrededor y valorar lo que tenemos y el conectarnos con personas que sean significativas para nosotros. Nada que ver con la idea generalizada que la gente tiene y relaciona con 'tener'.
–¿Y cuáles son exactamente los enemigos de nuestra felicidad?
–Creo que los contratos que nos hacemos. Aceptamos una relación, damos un sí, un 'me gusta' o firmamos de manera literal un contrato de trabajo y parece que lo hacemos eternamente, sin cuestionarnos. Nuestras decisiones de hace cinco años, a lo mejor hoy hay que cuestionarlas. A nivel social, en lugar de apoyar una apertura al cambio, tendemos a censurar que una persona deje un puesto fijo o una relación sentimental de 20 años. Genera mucha infelicidad mantenerse en lugares o relaciones que ya no tienen nada que ver con nosotros.
–Dice que mirar la vida más bonita lo cambia todo. ¿Cómo es eso?
–Es que ese gesto nos cambia la vida. La herramienta clave es el foco, el lugar en donde nos enfocamos nosotros está determinando lo que vemos. Si nos centramos en la carencia, el vacío o lo malo, nos vamos a sentir mal, vacíos, insatisfechos, tristes. Si somos capaces de centrarnos en lo positivo, eso nos llenará de energía, de posibilidad de felicidad, generará bienestar. La clave de mirar la vida de forma bonita no está en la vida en sí sino en nuestra capacidad de enfocar en la parte que sea más beneficiosa o útil para poder actuar.
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–Priorizar la solución antes que el problema...
–Exacto.
–¿Algún consejo para desconectar e irnos de vacaciones en paz?
–Uno muy bonito: regalarnos presencia. Me refiero a estar donde estas: a veces tenemos la mente en lo que no hemos hecho o terminado o en lo que tenemos que hacer cuando volvamos al trabajo. Cada vez que la mente se vaya al pasado o al futuro, hay que recuperarla y traerla al momento presente. Solo así tendremos sensación de disfrute, de bienestar.
–En verano, ¿arena o cloro?
–¡Playa, siempre! Mi abuelo tenía un chiringuito en Los Álamos y yo nací y me crié e incluso hice la comunión en la playa. Para mí la playa es hogar.
–¿Sus vacaciones ideales?
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–Soy una persona muy tranquila que encuentra mucha felicidad en los paseos por la playa o en la lectura. Viajo mucho durante todo el año por motivos profesionales y en estas fechas me gusta estar en Málaga, sentir el verano que tenemos aquí. Vivo en Benalmádena, tengo piscina, playa y la familia cerca... La verdad es que me siento muy afortunada de vivir aquí.
–¿Alguna afición inconfesable?
–No tengo aficiones raras. Me gusta el rap, aunque no me pega...
–Su libro 'Confía' busca ser un refugio cuando falte luz o fuerza... ¿en qué confía Laura Chica?
–(Sonríe) En la vida en general, en grande. En que hay que esperar a ver qué tiene la vida para nosotros.En que cada desviación te trae un regalo. Confío también en el amor.En el poder que tiene el amor, de pareja o de familia, para producir cambios brutales. Y, en tercer lugar, también creo en mí. Me ha costado muchos años hacerlo pero me he dado cuenta de que estoy aquí para hacer cosas y aportar a los demás. Creer en nosotros mismos nos ayudará a afrontar todo.
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-También defiende el poder infinito de una frase de ánimo o desánimo...
–Es que una frase de ánimo te puede salvar el día, la semana, o incluso la vida en un mal momento. Me pasa con mis libros: recibo mensajes que te dejan con el cuerpo cortado diciendo que les ha ayudado a salvarse de un suicidio, de una crisis, de una depresión… Hay que tomar conciencia del poder que tiene una frase de esa persona que tenemos al lado. Podemos ser esa persona que dé luz, magia, fortaleza, que haga creer a la otra persona que puede. Sin embargo, usamos ese poder para lo contrario: para decir cosas que dañan.
-¿Algún acontecimiento en su vida que haya supuesto un antes y un después?
–Mi divorcio, a los 30 años. Hubo una ruptura, una muerte de un ciclo, un duelo. En mi libro 'Confía' cuento ese capítulo y cómo reconstruí todo, desde los pedazos, hasta lograr una mejor versión de mí. Fue un proceso muy largo. Siempre animo a las personas a respetarse ese proceso. Nadie debe imponer cuánto debe durar. Ahí empecé a escribir, salió mi primer libro, de mi proceso de perderme y encontrarme.
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-Para terminar, ¿es más difícil ser psicóloga, escritora o madre de una adolescente?
–Ser psicóloga es una labor de servicio muy bonita. Ser escritora es un regalo. Y, como madre de una adolescente, es un reto diario. Es la labor es la más complicada, creo yo.
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