El confinamiento y la pandemia han roto algún estigma social. Como hablar en voz alta de las enfermedades mentales. En el caso del presentador, humorista ... y músico Ángel Martín, esa ruptura se produjo antes. En 2017 ingresó en una unidad de salud psiquiátrica durante 15 días por un brote psicótico. Cuando salió buscó ayuda en los libros, pero se dio cuenta de que la guía que buscaba no existía. Así que escribió su propia historia, 'Por si las voces vuelven' (Planeta), que ha llegado a las librerías coincidiendo con esta mirada colectiva como sociedad a los problemas mentales y la necesidad de visibilizarlos. Este miércoles (19 horas) visita la nueva tienda Fnac Málaga para firmar ejemplares del volumen y charlar con los lectores. El objetivo de Martín, que cada mañana se asoma a las redes con su ya popular informativo en dos minutos para ahorrar tiempo, es explicar lo que le pasó y ayudar a otros que, como él, pasen por el mismo trance y se encuentren igual de perdidos. No es el libro desenfadado que se espera de un cómico, aunque hay humor e ironía. Es un libro en el que habla con libertad de sí mismo y en el que la palabra clave es 'reconstruir'. Reconstruir su propio yo.
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-Con la pandemia hemos empezado a abrir los ojos como sociedad a los problemas mentales. Su caso no obstante es previo al confinamiento.
-Lo sufrí en 2017 y la idea del libro surgió antes de que la salud mental se pusiera sobre la mesa en 2021.
-¿Cómo le afectó el confinamiento?
-En mi caso no soy alguien al que la pandemia le haya perjudicado a nivel mental. De hecho, haber tenido que frenar en seco, me permitió apagar ruido y realizar procesos con más tranquilidad.
-¿Hay un Ángel antes y después de esa hora cero de la locura?
-Hay un Ángel antes del brote psicótico, hay otro durante el brote y también uno después. Tras la salida del hospital había perdido por completo la identidad y no tenía ni idea de si sabría remontar. Al tener que volver a reconstruirte tienes la opción de rescatar las piezas de lo que eras antes, pero no es lo que yo hice. No tengo nada que ver con el tipo que era antes.
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-Usted cuenta en el libro que desconoce el origen de su crisis. ¿Haberlo sabido habría ayudado?
-No lo sé. Muchas veces perdemos tiempo tratando de localizar cuando algo se fue al carajo y en el fondo da igual porque ya ha sucedido y no se puede volver atrás para cambiarlo. Solo tenemos la herramienta para irnos modificando en tiempo real.
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-¿Haber pasado por el trance, le sitúa ante una mejor posición para afrontarlo en el futuro?
-Te hace entender lo imprevisible de tu vida. Tenemos tendencia a pensar que lo tenemos todo controlado, pero en realidad solo está previsto a nivel superficial. Es muy difícil prepararse para algo así. En cuanto te sucede, aprendes.
-¿Esto se supera solo o mejor en compañía?
-Hay momentos en los que necesitas estar a solas contigo para descifrar lo que te pasa. Lo que se necesita es tener a alguien que sepa acompañar, que es muy difícil porque se aprende sobre la marcha. Es más sencillo si tienes a alguien que entiende ese proceso. Pero para tener a alguien que te presiona, mejor estar solo.
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-¿Por qué escribir sobre ello?
-Pues me di cuenta de que podía escribir el libro que no encontré cuando lo necesitaba. Cuando salí del hospital traté de localizar algo o alguien que me diera pistas y claves para salir de ahí. Solo encontré libros sobre medicina o química, pero nada de eso me ayudaba porque yo necesitaba a alguien que hubiera estado ahí y ya estuviera en la luz para contarme su viaje. Así que aquí va mi historia porque tal vez algo de lo que he hecho puede ayudar a otro.
-¿Le costó salir del armario por el estigma que arrastra la locura?
-Nunca me he preocupado por lo que puedan pensar los demás, sino que he actuado más preocupándome de cómo me sintiera yo. Escribí el libro para mí.
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-Habla de que el libro puede ayudar a los que sufren voces. ¿Y el resto qué encontramos?
-Mucha gente me ha escrito diciendo que no ha pasado por lo que yo viví ni de lejos, pero me cuenta que leer la historia le está ayudando a entender muchas de las cosas que le pasaba a gente cercana.
-¿Usamos la palabra loco con demasiada ligereza?
-Cada uno sabrá si cuando dice el término loco lo hace de forma despectiva, o para que la gente entienda la situación sin necesidad de faltar. Yo escribo mi historia y me da igual usar el término loco, 'chalao' o que he perdido cuatro tornillos. Necesitaba que el libro expresara el lenguaje que tendría si me sentara con un lector en una cafetería sin la preocupación de que me estuviera mirando el inspector de las palabras correctas. Cada uno sabrá el uso que hace del lenguaje.
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-¿Y las voces desaparecen o las controla en la burbuja de la que habla en el libro?
-Las voces van a estar siempre, pero también en tu cabeza pensando si me haces la siguiente pregunta o la cambias. El truco está en aprender a controlarlas, distinguirlas, tenerlas separadas por categorías y ser tú el que quiere subir el volumen de la mesa de mezclas para ver si quieres escuchar a ésta o a otra. Uno aprende a controlar esas voces.
-Tenía otra pregunta, pero la cabeza me dice que le cuestione si hay fórmulas para ese control.
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-Cuando uno está en la mierda no hay fórmula. Solo sacar la fuerza que tengas de debajo de las piedras, aunque no sepas dónde buscarlas o te parezca que no es suficiente. Te vas a caer y te vas a hundir, pero es el trabajo que tienes que hacer. Mi libro puede echar un cable, pero la fuerza la tienes que sacar tú y no es fácil porque en mi caso me caí muchísimas veces.
-Una de las cosas que afronta en el libro es la muerte y asegura que ya no le tiene miedo.
-Nunca le he tenido miedo a la muerte. Lo que sucede es que mi cerebro ya ha pasado por ese proceso y ya no le tienes miedo.
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-¿Y a qué tiene miedo Ángel?
-Ya no tengo los agobios habituales. Vivimos la mayor parte del tiempo preocupado por cosas que no pasan. Me parece una estupidez. Tengo la sensación de que todos los problemas llevan en la parte de atrás una pequeña solución, pero no la vemos porque estamos en el tornado del problema. Pero en el 99% de las cosas que me preocupaban no han pasado y la que ha pasado es la que no estaba controlada. Y es que me volví loco.
-¿En su proceso de reinvención qué ha sido lo más complicado?
-Primero descubrir que tenía que reconstruirme y lo segundo asumir que muchas de las cosas de tu carácter no eran buenas. Nunca he sido un mal tipo, pero sí he tenido más ego del necesario y tampoco he sido todo lo generoso que podía ser. Tenemos mucha tendencia a competir entre nosotros en lugar de echarnos una mano. Me he dado cuenta de que, aunque nunca he sido un tipo de callarse, no tengo ningún inconveniente de contar cualquier mierda si a ti te va a ayudar. Deberíamos pensar más en que somos corredores que se pasan el testigo. Y eso es algo que yo antes no tenía.
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