Julian Schnabel, con su mono blanco de pintar, este viernes en el CAC Málaga francis silva

Julian Schnabel, con mono y sin obras en el CAC Málaga: «Me hubiera gustado verlas; no me jodas, esto no está bien»

Está considerado uno de los artistas más influyentes del siglo XX pero la huelga de transporte no entiende de estrellas. Aún así, ha visitado el centro, donde este viernes iba a abrir sus puertas su gran exposición en homenaje a la pintura española

Viernes, 25 de marzo 2022, 17:04

Fuera llueve barro y dentro chispea. Julian Schnabel (Nueva York, 1951) tenía tantas ganas de ver su obra colgada en el CAC Málaga que rápidamente hace ver que no será una entrevista al uso. «¿Alguna vez has visto mis cuadros?», pregunta. La respuesta de que sí, pero sólo en Internet, no le convence. «Entonces no los has visto. Vente, veamos las que han llegado», invita acercándose al enorme retrato de Albert Oehlen. «¿Ves? Va vestido de monaguillo», la toca con la yema de los dedos. El milagro se queda ahí y poco más, porque la huelga de transportistas tiene paralizadas en el puerto de Algeciras más de la mitad de las piezas de gran formato con las que el pintor-escultor-cineasta-fotógrafo-músico norteamericano aspiraba a celebrar esa parte de su producción que rinde homenaje a la pintura española.

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El hombre que pasea por las alfombras rojas de los festivales de medio mundo en pijama y que está considerado uno de los autores más influyentes del siglo XX y XXI recibe en mono blanco de pintor, aunque las pocas obras que han llegado ya están colgadas en la sala principal del centro de arte contemporáneo: «No las veía desde hace 25 años. Estas son de un coleccionista de París. ¿Sabes? Estoy orgulloso de ellas, no me dan vergüenza». Sí quizás que por la huelga no haya llegado el resto: «Encontrarme con mis cuadros es como ver a viejos amigos y me hubiera gustado verlos a todos; no me jodas, esto no está bien», se queja brevemente después de hacer un repaso por todos y cada uno de los contratiempos que han puesto el mundo del revés en los últimos años: «Me pregunto qué es toda esta mierda», dice en abierto. La (pen)última, la lluvia de barro.

El puñado de viejos amigos que sí están le invitan a hacer el repaso estimulante, que para fangos ya está lo de afuera. El catálogo explica que la exposición 'Schnabel and Spain: Anyting can be a model for a painting' (Cualquier cosa puede ser un modelo de pintura) «se compone de 23 pinturas realizadas en 1997 hasta la actualidad, que muestran las obras del artista en el contexto de la pintura española y la evolución de su producción artística en este periodo». Él explica que ahí, en las paredes a medio llenar, están sus «recuerdos» y su «historia». Como la de José Ramón Antero, el dueño de un restaurante que había cerca de su casa, en San Sebastián, al que inmortalizó, «en dos horas», con túnica negra y cuello de lechuguilla. O la de Grillo Demo, su amigo en la vida real y fabuloso crucificado en una de las pinturas que cuelgan de las paredes del CAC Málaga: «Su cara está sudando, sangrando, está muriendo y viviendo a la vez», se recrea Schnabel recordando a Goya y Velázquez y acercándose mucho al marco de la pintura: «Esto también es importante -dice tocándolo-, no puedes separar la imagen de los materiales. Estos los hice yo mismo, son como los del siglo XVII».

El artista, con una chaqueta serigrafiada con una de las piezas que luce en las salas del CAC Málaga francis silva

La galería de ilustres se completa -bueno, aún no- con iconos de la historia del arte español fácilmente reconocibles pero reinterpretados por el artista de hoy: monaguillos, personajes a caballo, el crucificado o damas que posan como la duquesa de Alba en los cuadros de Goya. Junto a ese juego más figurativo, otras piezas que hacen un guiño a los más contemporáneos. «¿Ese juego de colores no es parecido al que hacía Tàpies?», pregunto. «Bueno, no, no es el mismo amarillo, ya hubiera querido Tàpies pintar así», bromea pero no tanto el artista total, que salta del inglés al español con la misma soltura con la que pasea por la sala moviendo las manos y dibujando en las paredes desnudas las dimensiones de las obras que tendrían que estar. «A Tàpies lo conocí: quise quedarme con un cuadro suyo pero no fue posible. Yo decía: 'Ok, me gusta ése'. Y él contestaba: 'No, ése es de mi mujer'. Pregunté por varios, pero todos eran de ella... No hubo trato».

Schnabel conserva algunos propios, pero la mayoría, «unos 3.000» -echa cuentas- están repartidos por los museos y colecciones de medio mundo. «Me gusta jugar con el arte, sentir que es un diálogo con el público que ve mi obra porque toda ella tiene múltiples interpretaciones», admite el autor, poco amigo, en cambio, de las etiquetas. «¿Que si me considero un 'bad boy'? Bueno, tienes que ser muy narcisista para considerarte un chico malo. Creo que soy más complejo que eso (…). Las etiquetas son aburridas, no voy a entrar en ese rollo».

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Sí entra, en cambio, en la reflexión sobre el título de su exposición y en el hecho de que cualquier cosa «puede ser modelo para un cuadro». «¿También la guerra?», disparo. «En realidad, ahora mismo estoy pintando la guerra». «Vaya, como Picasso, usted se comparó con él en sus comienzos. Dijo que usted era lo más parecido a Picasso que la gente podría ver en su pinche vida», sigo la artillería. «Sí, algo así dije. Cada uno tiene su estilo, pero sí», remata.

Un hijo comisario y una bebé de cuatro meses

Entra también Schnabel en el proceso de selección de su obra para esta exposición, que han comisariado Fernando Francés y Cy Schnabel, uno de los hijos del artista. En el catálogo, padre e hijo protagonizan una tierna fotografía del álbum familiar en Casa Frollo, Venecia, donde él le sube cuidadosamente los pantalones después de cambiarlo. Un puñado de décadas después, Cy se ha convertido en uno de los pilares de la casa del padre. «Es un placer trabajar con él, ha visto el arte desde pequeño y estoy muy orgulloso de él. Tendrías que entrevistarlo también», dice buscándolo con la mirada en la sala pero sin encontrarlo. Ambos han viajado juntos a Málaga pero no solos: Schnabel lo hace directo desde Suecia, donde los padres de su mujer han conocido a la bebé de cuatro meses que acaban de tener. Es el séptimo hijo para el artista y, a los 71 años, sigue acusando la falta de sueño de cualquier padre. «Come y duerme, pero yo esta noche he dormido poco (…). ¿Quedan muchas preguntas?», dice cortés pero directo.

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El cine. Y los reconocimientos en la gran pantalla, que también los ha habido. 'Antes de que anochezca', sobre la vida del escritor cubano Reinaldo Arenas, llevó a Javier Bardem a los Oscar. «La película que hice sobre Van Gogh es cuando más cerca he estado de contar mi propia historia. Yo hubiera dicho las cosas que él decía, teníamos la misma voz... La verdad es que después de aquello no me han quedado más ganas de hacer cine». Tampoco de charla. Genio y figura.

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